No contentos con humillar continuamente al País del Sol Naciente desde 1945, en Hollywood alguien decidió que era hora de poner de moda los remakes de acción real de animes y mangas. Como si nadie hubiese aprendido la lección de ese desastre mayúsculo que fue Dragon Ball Evolution (2009), la industria cinematográfica norteamericana anunció una ristra de adaptaciones al cine de uno de los focos culturales más potentes del mundo. Como no, todo dirigido y protagonizado por blanquitos. Así, tendremos una larga lista de versiones estadounidenses (Akira, Bleach, Alita) de las cuales Ghost in the Shell (2017) es la primera.

Lo de este remake nunca fue buena idea, seamos sinceros. El manga y el anime son dos soportes audiovisuales que funcionan de cierta manera y aunque su influencia en occidente es notable (véase Matrix), cuando un alto ejecutivo coge la idea y la traslada a los gustos del público medio occidental, el resultado no suele ser bueno. Es normal y entendible, pero lo cierto es que Ghost in the Shell como película (ya no como adaptación, tema que no tocaré) no funciona.

No funciona porque parece que va hacia atrás en todo. En un género donde los principales referentes ahora mismo son las dos entregas de The Raid, John Wick (2014) y Mad Max: Fury Road (2015), hacer una película donde cada escena de pela es más artificial que la anterior acaba haciendo que nos preguntemos que cual es el problema que tienen los grandes estudios con el cine de acción. Y todo eso teniendo a Scarlett Johansson, que ya tiene bastante demostrado que en acción va mejor que bien.

Tampoco ayuda la trama, que parece que va a trompicones. Siempre intentando jugar con que existe una grandísima revelación detrás de todo, uno acaba perdiendo el interés en lo que pasa. Para cuando llega el momento en el que supuestamente todo da un giro, uno está más fuera de la película que dentro. Y cuando uno asume lo que le acaban de meter por los ojos, la reacción está entre la risita floja o la indignación por llevar manteniendo un secreto que, realmente, tiene poca o nula implicación en la película. Resumiendo: Ghost in the Shell es una película de acción sin alma y sin fondo pero que intenta convencerte de tener ambas cosas. Y sin buena acción encima.

En un mundo cambiante en el que películas como las últimas dos entregas de Star Wars o Cazafantasmas (2016) demuestran que los blockbusters y los problemas que sufren con cuestiones de raza o género pueden ser parcialmente solventados, Ghost in the Shell también es un paso atrás. Y sobre todo cuando llega la gran revelación y te hace pensar que, comparado con esto, Dr Strange (2016) era increíblemente respetuosa con la raza asiática. Cosas de Hollywood, supongo.

Lo mejor de la película, sin duda, es cada aparición de Takeshi Kitano. Resulta indignante ver como un tipo que cada vez que sale hace algo molón está metido en una película tan insustancial. En un mundo lleno de remakes spin-offs y demás, se debería exigir mínimo una película de su personaje o, como mínimo, una buena peli de acción protagonizada por el viejo Takeshi.

Si pudiese darle un mensaje a algún ejecutivo de Hollywood, le diría que ya que no les está dando la gana de poner freno a todo este jaleo de remakes, al menos dejen a los pobres japoneses en paz. Si todo va a ser como Ghost in the Shell (la siguiente entrega de esta lista de remakes de mangas es Death Note, que pinta terrible), lo mejor sería una retirada a tiempo. 4