En algunas carreteras de Galicia, especialmente las de la franja costera, edificios que en su día fueron salas de fiesta se deterioran poco a poco. Esqueletos llenos de grafitis, puertas tapiadas y paredes desconchadas que en los setenta y ochenta recibieron a los Bravos, a Julio Iglesias,a Juan Pardo. La evolución de la vida nocturna las dejó atrás. Las que no se abandonaron fueron transformadas en bloques de viviendas, entidades bancarias o supermercados. Os Pasales, en Noia, o la sala Paraíso, en Muros, sufrieron este destino.

En la mítica Paraíso se conocen los personajes encarnados por Miguel de Lira y Patricia de Lorenzo, dos de los protagonistas de una de las últimas creaciones de la compañía gallega Chévere, “Eroski Paraíso”. Desde el 19 de enero, y hasta el 5 de febrero, se representará en la sala Matadero de Madrid y son múltiples los motivos por los que una persona- amante o no del teatro- no querrá perderse esta obra.

“Eroski Paraíso” no es solo la historia de una pareja cuya hija, Cristina Iglesias, trata de recrear en la realización de su primer documental. Alexandra, el personaje de Iglesias en la ficción, trata de reconocerse en el relato de su familia. En su Muros natal, el de la sala Paraíso donde sus padres se conocieron, el del supermercado Eroski que la sustituyó y donde su madre trabaja treinta años después, busca sus raíces. Durante el rodaje del documental los padres de Alexandra rescatan la música, la vestimenta e incluso los olores y sabores de su juventud. Y ella comprende cada vez mejor los sueños, los anhelos, de dos personas que tuvieron que dejar atrás una Galicia en la que no pudieron construir la vida que deseaban.

Que el público no espere, pese a todo, un guión cargado en enfado y pesimismo. Hay nostalgia, sí, y una fuerte denuncia social también. Pero “Eroski Paraíso” hace uso, como casi todas las piezas creadas por Chévere, del humor como gran arma combativa. La obra deja a las personas asistentes con la sensación reconfortante del brazo sobre los hombros, y el mensaje final no deja de ser esperanzador. Sumemos la extensa documentación que la compañía realizó en Muros para la puesta en escena, la participación de un actor nóbel en cada una de las localidades a las que se traslada la obra- el sorteo de una merluza como el Atlántico manda-, y entenderán por qué “Eroski Paraíso” merece la pena.