Justice y Susan Sarandon en el videoclip “Fire”

Viene siendo habitual que a finales de año publiquemos una lista conjunta entre varios colaboradores para señalar a los mejores álbumes del año. Cuatro, cinco de nosotros nos juntamos, elegimos 10 álbumes de todos los que hemos escuchado durante el periodo de un año, les damos una puntuación equilibrada y sumando entre todos acabamos con una lista definitiva que suele reflejar las diferencias de criterio que proliferan en nuestra Caverna. Este año, sin embargo, no ha sido posible: los másteres, el trabajo a jornada completa y las preocupaciones propias de esta edad han acabado con nuestra producción en Caverna, y con ello se ha llevado nuestro tiempo libre para poder estar completamente al día del mercado musical actual.

Sin embargo, aquí un servidor ha sacado tiempo de donde no tenía en estar atento a las últimas novedades, y en mi condición de melómano he terminado el año escuchando un buen número de álbumes. Así que, con el permiso de mis compañeros, y sin representar (ni querer hacerlo) al nombre de Caverna, les ofrezco mi lista de lo mejor del año 2016 en clave musical: seguramente no sea tan homogénea como una lista conjunta, aunque es cierto que este año en lo que he considerado meritorio han entrado álbumes de todo pelaje.

¿Ha cumplido 2016 las expectativas? Si tuviéramos que hacer retrospectiva, en cuanto a lanzamientos ha sido un año muy en la tónica habitual de esta década: no son buenas cosechas, sobre todo si las comparamos con añadas clásicas como 1997, 1991 y ni hablo ya de cualquier año de los setenta, pero tal es la cantidad de álbumes que se publican que es muy difícil encontrar cosas realmente interesantes.

 

Antes de nada, los meritorios:

Quiero respetar una lista que contenga diez nombres, número perfecto para no agotar y como para no dejar a nadie relevante fuera. Sin  embargo, sí que me gustaría resaltar una lista de artistas meritorios que, si bien no han entregado la obra mayúscula del año 2016, sí que nos han entregado trabajos de buena factura:  es el caso del álbum de versiones blues de The Rolling Stones, al que únicamente su condición de no-original le ha dejado fuera de esta lista; el Skeleton Tree de Nick Cave, que nos hizo llorar junto al bueno de Nick por la prematura muerte de su hijo; o la fuerza setentera de Wolf People, otra notable banda que rescata el rock denso de los 70 con la distorsión y travesura de tan buenos grupos revival actuales y el sonido más progresivo y folk de grupos como Jefferson Airplane o Fairport Convention.

Este 2016 ha dejado dos buenos regresos como el de los dinosaurios Cheap Trick y su Bang, Zoom, Crazy…. Hello!, o el de los noventeros Suede y su más que digno Night Thoughts; Justice reaparecieron cinco años después para entregar un álbum discontinuo pero repleto de joyas; también PJ Harvey ha tardado cinco años en ofrecer su nuevo largo, irregular pero con picos de grandeza; y Jagwar Ma siguen expandiendo su sonido en busca del trabajo que finalmente les consolide como los sucesores naturales de Primal Scream o Stone Roses. También hemos vivido interesantes lanzamientos de artistas como Charles Bradley, Thee Oh Sees, Band Of Horses, DAughter o los díscolos The Last Shadow Puppets. Incluso Santana ha reunido a la banda original para entregar un más que interesante álbum que regresa… a todo.

En el terreno más comercial, Bruno Mars prosigue su escalada a los reinos de Michael Jackson: tiene el tono, tiene el estilo, le falta el escritor de canciones (el Quincy Jones de Jacko) que le dé la puntilla final. Beyoncé nos entregaba en Lemonade a los entresijos de una relación complicada que probablemente se expanda en el próximo año en terrenos no musicales. Otro apunte: no hace falta saber mucho inglés para saber que Lady Gaga tal vez necesite una llamada reconfortante y un par de abrazos. 2016 también ha sido el año en el que hemos descubierto que nos podía llegar a gustar algún tema de Justin Bieber, el año que confirmó a The Weeknd como estrella y, por supuesto, por ser el año que puso punto y final a David Bowie o Prince, como también otros ilustres como George Martin, George Michael…

 

 

  1.  Angel Olsen – My Woman: Sorpresa del mundillo indie–rock que brilla en su sencillez: al fin y al cabo, ¿Qué mejor que una voz bonita y atractiva acompañada de una guitarra eléctrica? Angel Olsen ofrece pegadizas canciones en tono eléctrico en su cara A y un viaje más intimista y oscuro en su cara B. Pero principalmente lo que ofrece son canciones: rabia y vivencia juvenil disfrazada de caramelo pop. Una artista sin duda a tener en cuenta.

 

  1. Sturgill Simpson – A Sailor’s Guide To Earth: El tema que abría los capítulos de la ya cancelada Vinyl era un buen homenaje al mundo rockero al que hacía reverencia la serie. Detrás de este, otro Simpson a tener en cuenta: este es Sturgill y mezcla con completo acierto el country rock y el soul más americano. Con una producción moderna, deudora del sonido Black Keys, Sturgill ofrece canciones que oscilan por diferentes estilos puramente americanos, que viajan desde un ambiente lúdico-festivo al rock n’ roll más descarnado pasando por el country más desgarrador. Entre medias, una espectacular versión de Nirvana y un par de temas lanzados a los recopilatorios del año.

 

  1. Bowie – Blackstar: El epitafio del duque blanco no podía ser, a la par, tan inesperado y esperable: sabíamos que estaba retirado por razones de salud, pero la alegría que nos había producido su excelente retorno hace un par de años nos hizo olvidar que, pese a ser hombre de las estrellas, el caballero inglés es tan mortal como nosotros. Que lo inmortal era la música que nos ha regalado durante casi cincuenta años. Si bien Blackstar no refleja fielmente el sonido Bowie (como sí que hacía el anterior The Next Day, su disco de regreso que parecía un compendio de su carrera), Blackstar sí que refleja perfectamente las ansias de innovación y exploración que le han acompañado durante toda su carrera.. Y sin que nos diésemos cuenta, ofrecía su propio obituario en la desgarradora Lazarus.

 

  1. Woods – City Sun Eater In The River Of Light: grupo maldito que jamás tendrá la repercusión que merece (estuvieron en el Mad Cool pero justamente antes que Neil Young, por lo que la mitad de su público potencial se los perdió por pillar sitio), pero que sigue ofreciendo buenos lanzamientos, comúnmente en año par. Al estupendo With light and With Love, piedra filosofal para todo aquel que se quiera acercar a descubrir a uno de los grupos menores más encantadores de la actualidad, este City Sun… explora en el mestizaje de su música y tan pronto entrega temas tan alucinógeno como extrañamente bailable (I Can’t See it All o Sun City Creeps) como un hipnótico viaje de cinco minutos (The Take). Y, claro está, preciosas y embaucadoras canciones marca de la casa como ésta.

 

  1. The Avalanches – Wildflower: Podría enrollarme durante dos párrafos explicando a qué suenan The Avalanches, pero realmente prefiero no hacerlo. De mi entorno, he escuchado desde que parecen música de H&M a llegar a emparentarlos a grupos como Gorillaz. Desde la electrónica más dulce, y tras 15 años de silencio, The Avalanches entregan un álbum elegantemente trasnochado, propios del inicio de siglo XXI: y es que parece mentira pero todo ha cambiado mucho desde el 2005 hasta aquí. El single Frankie Sinatra o la espectacular Because I’m Me (uno de los temas del año) los definirán mucho mejor que yo.

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  1. Iggy Pop – Post Pop Depression: El bueno de Iggy llevaba unos años haciendo álbumes en francés, cantando canciones populares y procurando destilar una elegancia que, simplemente, nunca ha tenido. Mucho antes de que su lanzamiento se convirtiera en un homenaje póstumo a Bowie, Iggy miró atrás en su carrera y buceó en aquellos álbumes que se realizaron a la par de la trilogía de Berlin de Bowie (que utilizó a Iggy como conejo de indias a cambio de escribirle varios de sus mejores temas, como el Lust For Life que abre la película Transpoitting), que con el tiempo se han convertido en lo mejor de su ya histórica carrera. Uniendo fuerzas con el líder de Queens Of The Stone Age Josh Homme y conformando un supergrupo que incluye al (impresionante) batería de Arctic Monkeys, Iggy regala su mejor álbum en un par de décadas con dos canciones que sobresalen por encima de todas: Sunday y la Paraguay que da cierre a un notable álbum que mezcla bien tiempos pasados y actuales.

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  1. Savages – Adore: El segundo largo de Savages merece varios reconocimientos: el principal, rescatar la música de la Patti Smith más cañera o el tono oscuro y guitarrero de la primera Siouxsie (hay ecos de Bowie o Smashing Pumpkins) en tiempos actuales sin que suene a copia de nada, sino a fresca actualidad. Su segundo largo confirma lo que se proponía en su debut e incluso expande su sonido con obras intimistas y oscuras como la que da nombre al álbum. Pero que nadie se lleve a engaño: siguen siendo las mismas chicas oscuras, enérgicas y guitarreras. Y no falta energía, tanto en estudio como en directo, a un grupo llamado a comerse el mundo.

 

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  1. Michael Kiwanuka – Love & Hate: Hablando de artistas llamados a comerse el mundo, como así también de artistas que han pasado por el Mad Cool de Madrid, este cantante soul negro con apellido japonés ha entregado algunas de las piezas más desgarradoras y emocionantes del año: Kiwanuka emociona, estremece y enamora en un álbum de consolidación para un artista que marcará las pautas en años venideros. La excelsa producción, a cargo de uno de los miembros de Black Keys, le ensalza sus virtudes y le aporta modernidad. Y lo dicho: dos o tres de los temas más bonitos del año están en este  estupendo álbum.

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  1. King Gizzard & The LIzzard Wizard – Nonagon Infinity: King Gizzard es un eterno nombre cuando se repasa a los grupos actuales de distorsión, tan en boga en festivales como el Primavera Sound (donde tocarán el próximo año) o el Paredes de Coura portugués: Pond, Wand, Ty Segall, Thee Oh Sees, Wolf People, Black Angels… King Gizzard son la versión más cañera, gamberra y guitarrera de este subgénero, con influencias más cercanas al hard rock setentero o incluso al heavy metal. Su último disco marca un antes y después: dejan de ser grupo satélite para convertirse en grupo referencial. Marcan distancia en un álbum loop: empieza igual que acaba, se escucha de seguido y no hay interrupciones entre las canciones. Una maravilla que pisa el acelerador en la primera canción y no lo suelta. Para que nos entendamos: King Gizzard son jipis de inicios de los 70 que, en vez de dar vueltas por ensoñaciones puestos de ácido, se encerraban en una habitación a hacer ruido al son de Black Sabbath, T. Rex o Pentagram. El álbum es la pasada de vueltas más divertida y freak del año.

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  1. Black Mountain – IV. Lo que tienen las listas conformadas por una única persona es que, al final, en los primeros puestos se notan únicamente los gustos personales dentro de un espectro de grupos de innegable calidad. Al final acabo destacando dos grupos de puro revival setentero: los alocados King Gizzard y los más hipnóticos Black Mountain, deudores del estilo que mejor me define y que más, en definitiva, más me excita. Black Mountain son una cara más reposada de este revival, una unión perfecta entre las guitarras poderosas de Black Sabbath con el progresivo ensoñado de Pink Floyd. Poderoso, como si llegase del espacio (como esa nave espacial que parece aterrizar en su portada), y con la ventaja de tener tanto voz femenina como masculina, Black Mountain son uno de los secretos mejor guardados de la actualidad. A pesar de que en su apoteósico In the Future (2007) se postulaban como uno de los grupos a tener en cuenta en esta década, no han acabado de despuntar, terminando como grupo de culto. Pero despuntarán si siguen entregando álbumes como esta maravilla llena de atmósfera, que empieza con una epopeya de nueve minutos en in crescendo total y acaba con una canción muy pero que muy pinkfloydiana, que David Gilmour o Waters jamás soñarían hacer a día de hoy.

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