Amy Adams (right) as Louise Banks in ARRIVAL by Paramount Pictures

Amy Adams (right) as Louise Banks in ARRIVAL by Paramount Pictures

Dennis Villeneuve se ha trabajado una imagen de “intocable” en el mundo del cine, de tipo creador de películas apasionantes que te mantienen pegado a la silla y con la boca abierta. Una imagen que tuvieron o tienen (salvando siempre las distancias) Scorsese, Tarantino, Nolan y un buen puñado de directores que han sabido mantenerse siempre entre el siempre inentendible desprecio hacia el blockbuster y el cine independiente (con la excepción del Batman de Nolan).

Sin embargo, a Villeneuve sigo sin acabar de verle la gracia. Sicario (2015) me pareció una cinta de suspense bastante aburrida y no llegué a entender el bombo que se le dio ni las muchísimas peticiones de Oscar que recibió (finalmente no consiguió ni la nominación). Pese a la decepción personal que supuso Sicario, le tenía muchas ganas a La Llegada (2016), la nueva película del director, que parecía que iba a suponer un soplo de aire fresco al cine de ciencia ficción de grandes salas, tras las fallidas The Martian (2015) e Interstellar (2014).

Además, también hay que recordar que Villeneuve es el responsable de Blade Runner 2049, esperada para el año que viene. Con semejante carga a la espalda, me disponía a ver si La Llegada sería a Blade Runner 2049 lo que fue, por ejemplo, Alien (1979) a la original: una obra maestra del género, innovadora, y que preparase al director (en este caso Ridley Scott) para enfrentarse a tamaña obra. Sin embargo, dista mucho de acercarse a la calidad de Alien, quedándose más bien cerca de Prometheus (2012).

La Llegada empieza rápido y sin introducciones innecesarias, lo cual agradezco, y nos presenta el advenimiento de los extraterrestres en los primeros minutos de la película. Así, el primer acto transcurre bajo la pregunta “¿Cómo nos vamos a comunicar con los extraterrestres si algún día llegan a la Tierra?”, lo cual nos hace mantenernos en la butaca con una mirada de curiosidad. Sin embargo, la película empieza a perder fuelle una vez pasada esta primera parte, y nos trae un batiburrillo de sobreexplicaciones innecesarias que hace que la película vaya perdiendo disfrute conforme avanza.

Antes comparé a Villeneuve con Nolan, y no sólo me recuerda por el hype que les rodea, sino también porque ambos han creado obras de ciencia ficción en las que recurren a darlo todo masticado hasta la saciedad, no vaya a ser que al espectador se le mate una neurona por pensar un poco. En el caso de La Llegada, el clímax son sus 10 últimos minutos en el que el director pretende dejarte absolutamente bien claro de que va todo, sin dejar un resquicio para la duda. Y si tenemos en cuenta que Blade Runner (1982) iba de todo menos de darle la película hecha al espectador, mis dudas sobre la necesidad de su secuela y sobre si Villeneuve es el hombre adecuado aumentan incluso más.

No todo es malo en La Llegada, por supuesto. Aparte del genial primer acto, la interpretación de Amy Adams, siempre infalible, es digna de elogio. Si bien se acaba viendo lastrada por la propia historia, la actriz estadounidense brilla en una película que parece estar hecha por y para su exhibición. Lo cual está bien si se piensa que, en la mayoría de los casos, las películas hechas para que los actores o las actrices se salgan son biopics bastante carentes de interés. También cabe mencionar que, por una vez, son el resto de personajes masculinos los que sirven de apoyo y de recurso argumental a la protagonista femenina y no al revés.

La Llegada también se nutre de potentes visuales que, atendiendo al presupuesto (unos 50 millones), nos hace pensar si los estudios están malgastando sus recursos en efectos y fotografía. Los diseños de la película son magníficos, y la cinematografía y banda sonora son excelentes, lo que hace que al menos la película se haga bonita de ver e interesante en ciertos momentos. Pero como ocurrió con The Revenant (2015), a veces no es suficiente.

Por desgracia La Llegada se queda en otro intento fallido de volver a hacer fuerte el cine de ciencia ficción de autor, lo cual es una pena atendiendo a las expectativas puestas en la película. El bajón que pega la historia y recurrir a revelar absolutamente todos los secretos de la trama hacen que la cinta pierda el interés que podría tener. Así, lo último de Villeneuve se acaba convirtiendo en el hermano de Interstellar más que en el de 2001: Una Odisea en el Espacio (1969). Ni siquiera se acerca remotamente a ser una obra maestra de la ciencia ficción que brille por si sola.