Dicen que quien no vota es porque no le interesa la política, que quien se abstiene es porque cree estar en un pedestal, por encima de las cabezas de la masa social. ¿Y quien vota nulo? Pues no sé cuál ni donde ni por qué lo hace. Desconozco la etiqueta que pensamiento ‘único’ le ha impuesto por la necesidad de retenerles dentro del redil.

Votar es un derecho y un deber, pero los límites de la definición parecen difusos. No sé si estar informado y no votar es una falta grave de incumplimiento de obligaciones, o es un derecho que perdemos frente a quienes si lo ejercen, y por tanto nos prohíbe quejarnos durante cuatro años. No sé si votar aun sin estar informado es cumplir como buen ciudadano o un delito penal. Para mí lo único claro es que todo el mundo es libre de hacer lo que quiera y cuando quiera, mientras no limite la libertad, el honor o la privacidad de otra persona. Ahora bien, podemos hablar de responsabilidad política ciudadana.

Para mí la responsabilidad política es un ente moral que interpreta las leyes del modo más cooperativo posible y que evite perjudicar al colectivo. Es decir, si votar es un derecho y un deber, la responsabilidad política se refiere a que es algo más que acudir el domingo de ‘turno’ al colegio electoral y depositar un papel en una caja. Creo que se refiere a la obligación que debe tener el votante de informarse sobre las propuestas de los distintos partidos políticos durante las dos semanas de campaña electoral. Un derecho y un deber que, según las encuestas, ejerce uno de cada tres españoles (que son los que dicen leerse el programa electoral).

Ahora, en otro impulso humano de simplificar la complejidad de nuestro mundo, hay millones de plataformas que intentan ahorrarnos ese tiempo que deberíamos dedicar a informarnos. Son webs de periodistas, politólogos, sociólogos,… llenas de test de opciones limitadas que buscan por ti a tu pareja perfecta entre las fuerzas políticas que quieren gestionar un Estado. aquienvoto.org es una de las más completas de Internet, pero aun así es una forma de delimitar el pensamiento y dejar en manos ajenas la comprensión de la realidad, para que reinterpreten y comparen las respuestas con las distintas entrañas de los partidos políticos. Según la responsabilidad política, errando, ya que muchas propuestas electorales nos cuentan el qué, pero no el cómo se quiere conseguir y esto altera el procedimiento científico que se ha aplicado en la fórmula de aquienvoto.org. Además, realmente el “Fair Play” en campaña es darle al votante el contenido y no solo el continente.

Por otro lado el asesoramiento, aunque también es objeto de condicionamiento, si que puede convertirse en el gran aliado de la educación política. La web poletika.org recogió antes del 20-D las declaraciones de los diferentes candidatos a la presidencia, sobre cada uno de los temas que más de 300 expertos consideraron divisibles, vitales y competentes para el Estado. No tuvo tanto éxito como las encuestas porque quizá también requería un tiempo de dedicación, aunque quizá nunca lo sabremos.

El-soberano-derecho-del-votante

En el que he formulado como mi propio concepto de responsabilidad política también hay espacio para el abstencionista y el ausente.

Aquel que no se informa, que está apartado de la actualidad política y que no tiene ni la más mínima intención de conocer las propuestas más importantes de los partidos políticos con capacidad para formar un gobierno, no debería acudir a votar. Independientemente de si es amigo o enemigo de un partido u otro. Independientemente de que su intención sea votar en blanco para sacar pecho de que ha dedicado tiempo a hacer lo que debía. Que se quede en casa, porque quizá uno de los mejores castigos que hay en política es la no participación como muestra de que la educación política tiene muchas carencias.

Aquel que esté informado, que conozca a los actores y que tenga interiorizada la repercusión del voto, creo que debería considerar abstenerse como la opción más remota y final. Dos grandes verdades son que Roma no se construyó en un día y ningún crítico de manual estará totalmente de acuerdo con un partido político, por eso creo que siempre hay que optar por apoyar al menos malo. Porque así es como las cosas se mantienen o se transforman y cambian progresivamente. O ya sea simplemente para que el apoyo ciudadano sirva como defensa de la propuesta estrella de un partido, y también como punto de partida y como la única y verdadera línea roja en una negociación y no sean los propios candidatos los que se vayan inventando cada día la repercusión de los acuerdos o los frentes de batalla.