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Querida Abierta sigue la noche,

Llegaste a mí de la manera más casual y aleatoria que se pueda imaginar; pero llegaste. Te conseguí  una tarde cualquiera en la que, una amiga -sabia como nadie, por eso la escuché-me insistió vehementemente en asistir a un tal acto, no sabía muy bien cuál; tampoco me preocupaba. No tenía más que hacer esa tarde, por lo que acudí, sin más complicaciones, a aquel coloquio con la escritora ecuatoriana Carla Badillo Coronado.

Irremediablemente, el conversatorio me deleitó, me  conmovió; en resumidas cuentas, me emocionó. Recuerdo sobre todo, cuando hacia el final del acto el acto, tu autora -esa joven afable del 85, nacida en Quito, ganadora del premio Loewe,  mención de honor en el Concurso de novela breve La linares 2015, reportera, escritora y viajera- te recitó:

“No sé cómo lo logro, por eso lo advierto. Llevo cuarenta y cinco noches sin dormir y lo primero que hago esta mañana, tras observar los primeros rayos de sol, es entrar en el baño y constatar mi reflejo.”

No sé si fue la voz aterciopelada de tu creadora, o tú en ti misma; pero, me cautivasteis. Y así decidí, novela Abierta sigue la noche de Carla Badillo, pasar por el trámite banal e incluso antiestético de comprarte; ya eras oficialmente mía.

Literalmente, te devoré. En menos de dos noches, acabé contigo, te consumí de principio a fin.  A cambio, me turbaste. Mediante 120 efímeras páginas, me devolviste y convertiste en Rauda. Rauda, femenina e insomne. Rauda, acróbata. Rauda equilibrista de la noche que nos presenta innumerables referencias al mundo de la literatura  y de la escritura -sin olvidar la música- como elementos salvavidas del mundo frío y lleno de grietas  de aquel que no duerme en más de 45 días, de aquel que procrastina entre la vigilia y el sueño, sin entender del todo, en qué parte de la realidad se encuentra.  Todo este mundo tuyo, condensado en Rauda, me obsesionó.

Me presentaste a la noche, novela, y por eso no puedo dejar de escribirte. Enraizaste en mí el deseo brutal de conocer a todos los personajes extravagantes inmersos en el viaje de la oscuridad, y el ansia por el curiosearlo todo: “a donde pueda ir,  y a veces más lejos”. Tú, novela corta y fragmentada, me has devuelto a la prosa con tintes poéticos, rápida y alocada. A la prosa de lo irreal verosímil. A la prosa del tú en parte de mí: de una mí perfectamente hipnos, que ahora conoce los entresijos de aquel que padece la ausencia del somnus. Y toda tú, un discurso desbocado remendado en palabras, me ha devuelto de un golpe a una realidad -una realidad hasta ahora desconocida para mí-.

Y por eso, he de decirte, que te recomendaré. Te recomendaré a aquel que tenga ganas de comprender un poco más de este mundo psicotrópico.

Un saludo apasionado,

Una lectora impaciente.

Abierta sigue la noche. Carla Badillo Coronado.  Campaña Nacional Eugenio Espejo por el Libro y la Lectura, 2016. Colección Luna de bolsillo. Quito, 2016.