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Hace una semana, en un artículo de nuestros compañeros de Jot Down, se discutía si Internet había matado a la música. Si bien tenemos a nuestro acceso a un número mayor de grupos de diversa índole, sí es cierto que un síntoma de apretarse el cinturón debido a la bajada de ventas provocadas por las descargas y el streaming es que las productoras apuestan menos por nuevos sonidos mientras que se potencian aquellos grupos prefabricados de fácil comercio. Riesgo cero y una amortización mínima prácticamente asegurada. Las novedades suelen llegar, como viene siendo usual, desde un mercado independiente aquejado por la falta de recursos y que no cuenta con las facilidades de antaño para apostar por nuevos sonidos sin tener en cuenta, a corto y medio plazo, su rentabilidad.

Este hecho ha mermado la aparición de nuevas bandas con cosas que añadir al mercado musical. Y la mayoría que aparecen explotan al poco tiempo, debido tanto a que están obligados a girar continuamente para ser rentables (lo que ralentiza su exposición al estudio) y que muchos se ven obligados a simplificar su estilo para ser medianamente vendibles y poder sobrevivir. En nuestros tiempos es difícil encontrar bandas nuevas con furia, músculo y sonido propio y diferenciado del resto, y cuando se encuentran no podemos sino agradecer su aparición cual oasis en medio del extenso desierto. Es por eso que hoy vengo a hablar con efusividad de un más que grato descubrimiento que mantiene la furia, la distinción y la calidad por la que un servidor busca continuamente nuevos grupos con algo que decir. Un grupo con voz propia y muchas cosas que decir, que presentan un post-punk lleno de furia y lamento, pero de poderosísimo atractivo y de muy fácil y adictiva escucha, con reminiscencias a Patti Smith, Siouxsie o incluso Bowie: aunque lo mejor es que su calidad trasciende la etiqueta. Eso, en nuestros tiempos, es decir mucho.

No conocía a Savages hasta hace poco más de un mes. y lo lamento. Lamento no haber escuchado su vigoroso álbum de debut, lleno de guitarras afiladas capitaneadas por potentes melodías vocales de alma pop y que en cierto modo podríamos considerar  accesibles (que no simples). Las buenas melodías son aquellas que se pegan al instante y este grupo únicamente compuesto por mujeres tiene muchas de esas. Lo lamento, pues habría estado muy expectante a su segundo largo, que sacaron a finales de enero, y hubiese seguido los avances y la llegada del álbum con una ilusión enorme. Y sobre todo lo lamento porque la expectación no se habría visto truncada. Y confirmar expectativas es algo que se agradece hasta el infinito. En este Adore Life del que hoy les vengo a hablar, Savages se confirman como uno de los grupos más interesantes de la actualidad.

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En su primer álbum demostraron que tenían potencial, un diamante en bruto que necesitaba muy poco para pulirse y brillar. Las guitarras sonaban poderosas, las canciones invitaban al pogo continuo, la melodía vocal estaba terriblemente inspirada y varios de sus temas estaban llamados a convertirse en hits imperecederos. El nivel estaba muy alto, y en este segundo largo, Adore, han logrado incluso sobrepasar ese nivel.

Su inicio, toda una declaración de intenciones, ya nos deja claro que tratamos un asunto mayor. La guitarrera The Answer arrasa sin tomar prisioneros hasta que Evil, con su ritmo tan bailable e hipnótico, nos confirma que estamos ante un verdadero hallazgo. Durante poco menos de 40 minutos Savages sorprende con un compendio de temas cuyo aumento de escuchas hace prevalecer su innata calidad. Bueno, podría seguir enumerando la lista de temas que componen el dico (la cañera Sad Person, la desquiciante I Need Something New o la barbaridad que es el tema homónimo) Es imposible no concebir a Savages como un grato descubrimiento. Este grupo de chicas desgranan una serie de temas de enjundia, de sonoridad más que poderosa y de innegable calidad. Incluso para aquel que pueda hacérsele pesada una primera escucha descubrirá un cariz distinto en posteriores intentivas.

En años huérfanos de sonidos potentes y carismáticas, buena es la llegada de Savages para contentarnos a aquellos seguidores de grandes melodías mezcladas con guitarras ruidosas y poderosas. Todo aquello confirmado en su debut se muestra con luz propia en un segundo álbum que expande su sonido hasta tal punto que lo hace completamente propio, de su propia cosecha. Unido todo esto a su fama en directo (deben ser explosivas, y esperando estoy a poder asegurarlo en persona) confirma al grupo como un estandarte actual, una voz poderosa en tiempos de sequía. Contando además de que tratamos de una banda compuesta únicamente por mujeres, su eco resuena con todavía más fuerza. Y la grata sorpresa de escuchar algo tan poderoso se convierte en alegría del oyente de repercutir en tal movimiento. Solo podemos entonces desear larga vida a Savages, desearles una larga carrera con más sorpresas como este Adore Life que sin duda prevalecerá como uno de los álbumes más relevantes del año.

savages art