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Todo comenzaba. Días luchando porque aquello se hiciese realidad y yo pudiera tener la posibilidad de verlo de cerca, de analizarlo, de volver a aquel mundo tan lejano y tan influyente, al mismo tiempo. Así que allí me hallaba, haciendo cola delante del estante como de meeting, blanco y puntiagudo, donde ponía con letras bien grandes y rosas “Press”. Qué nervios; no sabía si me dejarían entrar. Tampoco pensaba en ello: maloserá; seguro que les caemos bien, tenemos cara de majas, somos bien encaradas y además tengo mi discurso más que preparado:

Ah, ¿qué no estamos en lista?… Somos de Caverna Gráfica. Ella es Ester, la fotógrafa. Yo, Alicia Piñeiro. Mire otra vez, por favor. Ah, pues no sé; se supone que nosotras deberíamos cubrir este evento, hoy y mañana. De hecho, mire, aquí tengo el email que nos envió la organización. Muchas gracias, nos vemos mañana.

Bingo, lo habíamos conseguido. Allí estábamos, en las mesas de la izquierda, rodeadas de cámaras, remilgados pero afables viejos redactores de periódicos franceses y no tan viejos italianos y españoles. Íbamos a ver desde un sitio  privilegiado las charlas de los supuestos héroes, de los expertos, de los mejores consejeros para empezar a llevar a cabo ese gran Plan B: el plan del cambio, el plan internacionalista, feminista, sostenible y plural. Todo empezaba ese viernes tarde, 19 de Febrero en la Nave Terneras de Matadero. Poco rato después de acomodarnos o poco después de que todos encendiesen ordenadores, táblets, radios. Después de que se saludasen y un par de frases cortas. Después de que yo no hiciese más que contemplar a esos periodistas reales delante de mi humilde libreta a rayas empezaron a salir al stage Marina Albiol, aplausos, Lola Sánchez, aplausos, Zoé Konstantopoulou, aplausos, Varoufakis con Susan George, aplausos, silbidos, ovaciones y no creo que dirigidas a la filósofa miembra de ATTACC, Miguel Urbán, aplausos, y demás. El show empezaba. Estábamos expectantes, a ver qué tal; a ver qué era ese tan ansiado Plan B, esa alternativa que el nuevo movimiento concebido por Varoufakis, DiEM 25 (Democracy in Europe Movement 2025) propone contra el Plan A la idea ilusa de cambiar las instituciones DESDE las instituciones que acabó finalmente de erigirse como fallido tras la “traición” de Tsipras al pueblo griego este mismo verano. A ver qué tantas alternativas teníamos para esta UE fascista, retrógrada y de lobbies hasta las cejas.

La Nave Terneras, oscura y caliente, llena de gente que miraba emocionada ese alto palco lleno de sillas e intelectuales. Todos, hacinados, deslumbrados no solo por los flashes constantes de las cámaras, también por la presencia del mediatizado y endiosado ex ministro de hacienda heleno, acogía esa tarde, el hervidero de ideas y propuestas que era el Plan B o eso pensaba yo. En esto que empieza a carraspear la presentadora, los aplausos cesan, aunque aún se escucha como una exhalación de pura emoción algún que otro ¡Varufakiis! desentonado y fuera de lugar. La presentadora hablaba, presentando el evento, dando gracias a todos por estar allí, en Matadero ese antiguo recinto destinado a la matanza, despedazamiento, degollamiento de animales, ahora cuna de distintas actividades culturales y didácticas cuando un periodista despistado nos mira de arriba abajo, sonríe, y nos pregunta de qué medio somos. “Ah, no conozco ese medio. Ya decía yo que era raro que no os conociese.” Y se va. Cuando empezaba a tomar nota para intentar prestar atención a la presentadora -Ester se había ido a sacar un par de fotos-, otro fotógrafo me avasalla y pregunta a ver cómo es que se llama la primera extranjera que va a hablar, esa mujer morena que está con los auriculares en el escenario. Le contesto. La expresidenta del parlamento griego, era de Syriza; ya no, por todo el problema con el presi. Ah sí, ah sí. Gracias, guapa.

Desde luego, aquel fotógrafo se tomó bien que le ayudase. En seguida, la presentadora le dio la palabra a Zoé. Su mensaje: no somos el Plan A, no somos Tsipras; nos convence de que a pesar de que nos quieren manipular, de que incluso nos amenazan con la deuda y demás, nosotros decimos: ¡NO! Derrotando al sí ahí se marcó una clara referencia al referéndum griego. Zoé nos deja claro que no estamos subordinados: “We are here to prove that what happened last summer in Greece is not the only alternative.” Tras los aplausos apasionados de las aproximadamente 200 personas que allí nos hallábamos se me acerca el fotógrafo que parecía agradecido, y me suelta un: “¿Has visto que Varoufakis no le aplaudió a Zoé? Apunta ahí, apunta ahí.” Por lo que se ve, ayudar a un fotógrafo implica una recompensa compuesta por una serie de chismorreos varios e irrelevantes.

Prosiguieron los demás discursos o, dicho de otra manera, se repitió el mensaje de la ex-presidenta del parlamento griego en distintas voces: no a la deuda ilegal, ilegítima y odiosa; no a la UE que cierra sus puertas y alza altas vallas en sus fronteras; sí a una Europa internacionalista, feminista y ecológica; sí al plan de Varoufakis nombrado y renombrado, citado y aplaudido por los distintos ponentes mientras él, distraído, jugueteaba con su Smartphone.

Así termina, tal y como empezó, el acto de apertura de estas jornadas del Plan B. Varoufakis no había intervenido, y mucho antes de que varios de nosotros nos diésemos cuenta, había desaparecido de esa nave donde nos almacenábamos como antes se almacenaban reses. Según un periodista francés, el griego había llamado un taxi y ya se había ido hacía un rato, so we can go home. Mañana sería otro día.

De nuevo, como dos ilusas colegialas su primer día de clase, en frente de Terneras, Ester y yo estábamos esperando a que nos diesen nuestro pase de prensa para poder entrar y acomodarnos antes de que toda esa cola de gente que esperaba para ver hablar a los ponentes -sobre a todo a Varoufakis-, empezase a abarrotar la sala, más bien pequeña, en la que se celebraba el primer foro del Plan B. Mientras nos sentábamos y observábamos el ambiente y demás, nos preguntábamos si de verdad deberíamos asistir a ese foro llamado La Unión Europea como campo de batalla o cubrir el que se estaba celebrando paralelamente: Igualdad de derechos en un planeta finito. Cedimos ante la presión que los medios habían ejercido sobre nosotras previamente y nos quedamos a ver al seductor y famoso ex miembro del partido de “izquierda” Syriza. De nuevo, se sucedieron las frases políticas prototípicas más que manidas de la izquierda posmoderna: “Somos la alternativa” “Ellos (los otros políticos) os han fallado” “No nos hemos creído sus mentiras” “Tenemos que unirnos, entender nuestros límites”. Varoufakis repetía que debíamos de luchar contra el plan A con el plan B; el plan B somos nosotros (ex políticos y políticos) y vosotros (periodistas y un público acomodado y de mediana edad), que somos gente honesta, de izquierdas, ecologista, feminista, solidaria y luchadora contra la extrema derecha y el neoliberalismo. ¡Madre mía, superhéroes!

Sorprendentemente, permitieron que el público hiciese unas cuantas preguntas de hecho, resolvieron bastante eficientemente el peligro potencial de varios afanes de protagonismo y de gresca latentes en el público. Aun así, pese al esfuerzo de la organización por dar voz a la gente, al vosotros, al pueblo, los ponentes hicieron caso omiso del contenido de las cuestiones formuladas. El discurso estaba listo para repetirse: “Vosotros sois Europa, nosotros somos Europa, y tenemos que amotinarnos ante esta UE antidemocrática y neoliberal”

Pero, ¿cómo? ¿Cómo nosotros, gente de bien y productos del sistema, vamos a destruir a la omnipotente y corrupta UE, al Eurogrupo y a todos esos gigantes? ¿Participando y abogando por el DiEM-25? ¿Y qué carajo es eso? ¿Asistir a charlas?

Las dudas comenzaban a aflorar, pero de momento, solo habíamos asistido a un foro; seguíamos expectantes a ver qué estaba por venir.

El siguiente taller al que asistimos se llamaba “Alternativas al régimen de comercio e inversión” con Susan George, Lola Sánchez y Eleanora Forenza, entre otros. Se desarrolló en la Casa del Reloj, en un ambiente agradable, entre luces tenues, pocos asistentes y aún menos periodistas. En esta mesa de mujeresmayoritariamente, se nos explicaba con palabras simples y términos concretos al fin qué es el TTIP, por qué importa y qué debemos hacer contra él. Era un tema relevante y complicado que se explicó de manera sencilla y solemne, dándole así la importancia que tiene. (No os preocupéis; en breve escribiremos un artículo detallado sobre el mismo).

Al fin, tras un largo día, eran las 20.00. Había llegado la hora del último foro: “Transformar las instituciones y nuevas formas de democracia” con Alberto Garzón y Mónica Oltra. Esta última charla se caracterizaba, en relación con las otras, por su pluralidad. Eran muchos los ponentes: una griega, una italiana, alcaldes, diputadas, eurodiputadas, vicepresidentas… Podrían dar muchos puntos de vista. Aunque solo dieron dos: el concreto y el abstracto.

El cambio llega con tantas expectativas que si no se produce a corto plazo, la ciudadanía se desilusiona. Necesitamos una ciudadanía libre, movilizada y motivada”. Joseba Asiron.

De la parte concreta, participaban personalidades como: el alcalde de Zaragoza, el alcalde de Iruña, la vicepresidenta de la Generalitat Valenciana etc. En esta ronda de preguntas las respuestas solían centrarse en qué ha hecho el gobierno autonómico o municipal en cuestión para mejorar la vida de su electorado; por ejemplo, el alcalde de Iruña ha destacado que en ocho meses han conseguido ciertas mejoras como no colaborar con entidades desahuciadoras, la construcción viviendas de emergencia para los desahuciados, trabajar con empresas pequeñas etc. Él, junto con Pedro Santisteve y Gerardo Pisarello, destacaron la necesidad de generar redes solidarias y hacer municipalismo de calle. En esta mesa, se destacaba la urgencia de hacer política desde abajo:en ayuntamientos, barrios, plazas, para después poder alcanzar a las grandes instituciones y destruirlas; mejorar el mundo cotidiano y conseguir que las grandes fuerzas antidemocráticas europeas ya no tuviesen lugar. Mónica Oltra también destacaba la necesidad de un límite de poder: enfatizaba que tanto los políticos tenían que ejercer ese autocontrol, como el pueblo, que tenía que vigilar y hacer rendir cuentas a aquellos que se han elegido democráticamente; el consenso es la clave para cambiar esta UE, en palabras de Oltra, más peligrosa por inútil que por corrupta.

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La parte más abstracta de esta charla, estaba dirigida o protagonizada por Alberto Garzón, Zoé Konstantopoulou, Eleonora Forenza y Tania González. Ellos, quizá al pertenecer a la esfera más alta y desvinculada de la realidad de la política, proferían respuestas mucho más abstractas e inaplicables en relación a los anteriores ponentes. Garzón mencionaba, continuamente, la necesidad de derrocar este sistema socioeconómico que impulsa a una desmejora de la calidad de vida de miles de personas; enfatizaba que el capitalismo doblega y maneja gobiernos, convirtiendo a estos mismos en antidemocráticos. Así mismo, como acción “concreta”, resaltaba la importancia de que la población tuviese una visión lo suficientemente holística como para que se entendiese que, contra la presión institucional, la única salida era la movilización social, que consiga cambios  cambios reales, y canalice la rabia del pueblo, que podría llegar desembocar en un auge de la extrema derecha. Este discurso, bien en inglés o en italiano, se repetía una y otra vez en cada respuesta de la mesa.

Después de un largo e intenso día había acabado el ansiado Plan B. Seguíamos sin saber muy bien en qué consistía y qué habíamos aprendido. Tanto Ester como yo, estábamos en el limbo casi de ensueño, provocado al permanecer en un estado entre motivación y frustración. El limbo de la confusión. Está claro que se debía luchar por otra Europa, o no tanto Europa, por otra España; incluso por otro gobierno autonómico, y más aún, por otro tipo de ayuntamientos y política de barrios. Se debía hacer algo para acabar con el TTIP, con la Troika, el FMI y todos estos señores malos que nos estaban destruyendo la vida. Y estaba claro, la revolución será feminista o no será. Motivadas estamos, todas y todos. Entonces, ¿qué? ¿Qué haríamos mañana para cambiar esta UE? ¿Qué harían aquellos que habían gritado por el cambio?

Nada, absolutamente nada. Todo se quedaría igual, hasta alguna otra manifestación o evento de postureo.

Imágenes de Ester Silva Potí