En el área de cielo que se encuentra encima de Lestedo las nubes pasan rápidamente y las personas congregadas en el campo de fiesta salen y entran, según llueva o salga el sol, de la carpa. Se escucha en boca de varias personas y de forma repetida que “ojalá aguante”. En los momentos de lluvia vecinos y visitantes se apretujan bajo el techo provisional, intentando no derramar ni una gota de licor café, vino o cerveza y protegiendo de la lluvia las filloas servidas en platos de plástico. De vez en cuando suenan los instrumentos de metal de una charanga que se va desplazando entre el público y a la que no llegamos a ver.

Hay distintos quioscos dispersos alrededor de la carpa. En uno de ellos las pulpeiras friegan en enormes barreños los platos de madera donde se sirvieron al medio día carne ao caldeiro o pulpo con cachelos. Los puestos instalados en la plaza exhiben distintos tipos de alimentos, ninguno ligero y casi todos dulces. En uno de ellos, bajo un toldo de forma circular, dan vuelta de forma continuada decenas de sartenes  que se pasean sobre una hilera de fogones. Se llaman filloeiras y en ellas se cocina el motivo al que se le dedica la fiesta de aquel domingo. De forma similar a las crêpes francesas, dulces o saladas,las filloas  requieren maestría para hacerlas como el Altísimo manda y toda una vida para cocinarlas como la abuela de cada uno.

El día coincidía además con el domingo de piñata, aunque ya no se celebrase como tal y ningún grupo de personas intentase romper una olla de barro atada a un árbol. En el calendario el domingo que recibe este nombre despide las fiestas carnavaleras. Y no sólo eso. El espectáculo de la piñata no llegaría a celebrarse, pero sí otro que engloba gran parte del espíritu del carnaval. Sobre las cinco de la tarde los que andaban vagando por los puestos se dirigieron a la carpa. Hacían su entrada en Lestedo los xenerais do Ulla.

La comarca del Ulla abarca varios municipios de la geografía gallega, entre ellos el de Boqueixón, donde se encuentra Lestedo. En todos ellos, desde hace más de cien años, desfilan a caballo los xenerais, figuras características de la celebración de Don Carnal en la comarca. Hombres y mujeres uniformados, con plumas de pavo real adornado sus sombreros, llamados tricorne o bicorne, guerrera y galones que recorren las parroquias de la comarca a lo largo de varios días. Es en 1975, en el periódico El Heraldo Gallego, cuando el político compostelano Alfredo Vicente deja constancia por primera vez de la tradición que estamos a punto de vivir en persona.

Xenerais do Ulla a principios del SXIXHe aquí a los Xenerais do Ulla, personificación del espíritu satírico y de diversión que alimenta el carnaval. De la ridiculización, la burla compartida, amable con vecinos y vecinas y afilada con la autoridad. Los Xenerais, como indica el nombre, viste un traje que por sí solo explica que el franquismo, sustentado en la glorificación del ejército, quisiera prohibir. Y eso que aquellos a los que hace burla salieron en los libros de historia mucho antes del comienzo del régimen. No está claro todavía a qué tropas quisieron hacer referencia los habitantes de la comarca del Ulla. Se tienen dos sospechas. La primera cita a la invasión napoleónica y la segunda al levantamiento que, en 1843, tiene lugar en Galicia en contra del gobierno dirigido desde Madrid por el general Narváez.

Los xenerais do Ulla son seguidos casi siempre por una comitiva de vecinos y vecinas, que cumplen en el espectáculo funciones distintas. Los correos, personajes también uniformados y a caballo, avisaban a las aldeas de que los xenerais se aproximaba. Desfilaban tras ellos los músicos, el coro de vellos, en el que participaban los mayores, y el de mozos, en el que cantaban los pequeños. Los disfraces, elaborados a mano, eran muchas veces prestados de unas parroquias a otras. Aquellos y aquellas encargados de ponerse el traje de xeneral se preparaban a conciencia y lo siguen haciendo a día de hoy. Ser xeneral no consiste solamente en vestir un uniforme y un sombrero que amenaza con caerse cada cinco minutos.

Una vez que los xenerais se refugian bajo la carpa comienzan a situarse en un espacio marcado por cintas de plástico. Los que se encuentran más cerca comienzan a bajar la voz al darse cuenta de que los altos de los xenerais van a empezar. Es esta la parte que más preparación exige. Vecinos y vecinas están atentos a las coplas que empieza a recitar la primera pareja. Se trata de una competición de burlas y pullas. Cuatro versos recitados por cada xeneral en el que se meten el uno con el otro para terminar, el los últimos versos, declarando el aprecio que en el fondo sienten por su contrincante. Las cuatro parejas de xenerais cruzan espadas y afilan las lenguas. El público se ríe cada vez más, sobre todo cuando llegan las bromas dedicadas al gobierno municipal.

boqueixón xenerais

Aqui en Boqueixón

tamén cambiamos de alcaldía

metemos a Ovidio Rodeiro

que andan no Facebook todo o día”

Las risas son unánimes, porque el Carnaval también es eso, la irreverencia, la posibilidad de ironizar sobre los que gobiernan, ya sean los que ocupan asientos en el Ayuntamiento o en el estado español. En Lestedo todos felicitan a los xenerais “¡Bravo! ¡Até o ano que vén!”. Son muchos los que quieren participar y se esfuerzan en hacer reír cada año un poco más a sus vecinos, protestando de una forma más sobre aquello que consideran injusto o digno de burla. Los xenerais abandonan el campo de fiesta hasta la próxima celebración de Don Carnal. Los altos escritos a continuación fueron recitados, en otra parroquia de Boqueixón, por los xenerais Pablo y Mouriño.

“Moitos son a gobernar                               “Ós propietarios dos montes

e todos van polos cartos                             non os van indemnizar

vaia panda de chourizos                            porque a Xunta ten pelotas

que nunca se ven fartos                             e aínda lles quere cobrar

Arderon montes a destajo                          Esto foi o que aconteceu

por non ter seguridade                                nun país que progresa

e despois chegou o inverno                      e nós xa nos despedimos

e casi houbemos afogare”                         que levamos moita présa”