¿Qué puedo decir de un disco que tiene diez años, ni siquiera es el mejor de la banda, ni probablemente el de mayor importancia para su discografía, que no es el que más me gusta y del que incluso me atrevería a decir que es el trabajo de menor calidad del grupo? ¿Me estoy buscando una paliza por atreverme a decir que el debut de los Arctic Monkeys no es, ni de lejos, su trabajo más interesante? ¿Estoy afirmando que, pese a todo, Whatever People Say I Am, That’s What I’m Not es uno de los debuts más frescos, divertidos y marcageneraciones que ha habido en los últimos años? ¿Son los Arctic Monkeys la mejor banda de su generación? ¿Me odiarán los puretas que consideran que los de Sheffield son música para plebe sin intereses?

Los Arctic Monkeys llegaron a mí en 2009, junto con Franz Ferdinand y The Strokes en una época en la que me estaba alejando del heavy metal y hard rock que funcionaron como motor de mis primeros intereses musicales y me adentraba en el mundo de la música mal llamada alternativa, indie o lo que quiera que se le quiera etiquetar. Cuando los Arctic Monkeys entraron en mi vida, Alex Turner era un tío greñoso que se preparaba para sacar el tercer disco del grupo y que tenía dos discos de indie rock furioso y veloz junto con un proyecto medio sinfónico llamado The Last Shadow Puppets con un tipo llamado Miles Kane. Pero lo mñas importante es que, cuando los Arctic Monkeys llegaron a mí, lo flipe en colores.

Quizás hoy en día la psicodelia desértica de Humbug, el pop clásico de Suck it and See y la chulería de AM me parezcan mucho más arrebatadoras, pero lo cierto es que cuando Whatever People Say I Am, That’s What I’m Not llegó a mis oídos mi mundo musical se tambaleó. Yo, hecho a base de solos de guitarras, punteos y caspa rockera, no podía parar de escuchar un disco hecho a base de sencillez, en el que todo sonaba tan cotidiano que me era imposible sentirme parte del universo en el que Alex Turner escribía sus letras. Joder, era un disco que sentía que era mío, y eso nunca me había pasado realmente.

En realidad, años después y viendo lo que son ahora, el juego de los Arctic Monkeys con lo sencillo y cotidiano no era más que una fase para llegar más alto. En ese sentido, la banda ha sabido acercarse más a Blur que a uno de sus grandes referentes y una de las bandas con las que más son comparados en términos de éxito e influencia, Oasis, que siempre se movieron por esos terrenos. Sin embargo y como he dicho, de Damon Albarn Alex Turner sacó la picaresca para saber moverse entre estilos con éxito. Incluso se podría decir que tienen algo de Bowie: han sabido mantenerse en la cresta de la ola durante cinco discos e ir en ascenso, algo que ningún e insisto, ningún compañero de generación (Franz Ferdinand, Bloc Party, The Kooks…) han sabido hacer.

Last night what we talked about / It made so much sense / But now the haze has ascended / It don’t make no sense anymore

El primer disco de los Arctic tiene muchos motivos por los cuales, a pesar de ser una obra que lograrían superar más tarde, es un disco imprescindible de su generación. Hubo grupos populares, grupos grandes, pero no hubo un grupo que saliendo casi de la nada como los Arctic Monkeys (recordemos que su hype inicial fue creado a base de autogestión y boca a boca) llegase a lo que fueron y son hoy en día. Siendo más naturales que otros grupos de su quinta, menos artificiales que la mayoría y más fieles a la tradición inglesa, los monos cultivaron un terreno con Whatever People Say I Am, That’s What I’m Not que les permitiría poder jugar al “hacer lo que nos de la gana” durante los años siguientes sin que la gente rechistara. En ese sentido, Whatever People Say I Am, That’s What I’m Not es un disco fundamental para ellos, y no solo por haber sido el primero.

Los Arctic han sabido jugar combinando sus continuos cambios de estilo con cambios de imagen e incluso de lírica que, aunque les haya ganado alguna crítica del sector de fans más acérrimo y pureta del primer disco, en realidad ha sido un gran acierto para el grupo. Sin embargo, es necesario crear un espacio donde evolucionar y metamorfosearse, y los Arctic supieron labrar esta tierra de forma muy efectiva desde el minuto cero. La temática de las letras de Alex Turner y la crudeza de la música (que contaba con nada más que dos guitarras, un bajo y una batería nada más para todo el disco) era una bomba en unos años en los que el indie rock inglés parecía sobresaturado con las mismas referencias. Pero los Arctic eran algo más.

Hubo una época en la que todos los jóvenes querían ser los Arctic Monkeys. Incluso en España, donde las modas llegan un par de años tarde, recuerdo haber vivido como en Gijón gente de mi entorno, ¡incluyéndome a mí mismo!, empezaba a formar grupos y a tocar sus canciones. Había algo magnético en Whatever People Say I Am, That’s What I’m Not, que te hacía ponerte cada canción una y otra vez. Melodías pegadizas, caña a destajo… Podría decir que gran parte de los recuerdos de mis últimos años de la ESO y los de Bachiller están ligado al recuerdo de un disco que supo sacar la frescura juvenil de Alex Turner y sus compañeros de banda y transmitirla a millones de chavales por todo el mundo. Y joder, que mérito tiene eso.

YouTube Preview Image

Fancy you with a passion / You’re a Topshop princess, a rockstar too / But you’re a fad, you’re a fashion / And I’m having a job trying to talk to you

Mención aparte para las letras. Alex Turner ha sabido ser no sólo un gran letrista capaz de adaptarse a la música de sus discos: la oscuridad psicodélica de Humbug vino acompañada de un toque casi surrealista en las letras, mientras que la sensualidad de AM trajo a un Alex Turner más ligón. Sin embargo, en línea con la imagen de “jóvenes de barrio”, Whatever People Say I Am, That’s What I’m Not incluía todo tipo de letras sobre referencias cotidianas para la juventud: borracheras (You Probably Couldn’t See For the Lights, But You Were Staring Straight at Me), amores frustrados (Mardy Bum) y la obra cumbre del disco donde prácticamente todos los temas líricos del disco se juntaban en una de sus mejores canciones: A Certain Romance.

No todos los aciertos del disco son a nivel lírico, lo cual es bastante lógico. Las canciones brillan por si solas: todas son carne de single, tienen melodías memorables y hasta los momentos más flojos como Red Lights Indicate Doors Are Secured o Riot Van molan. Pero hay un grandísimo puñado de canciones entre las trece que conforman el álbum que son ya parte esencial del rock en el siglo XXI. ¿Alguien se olvidará alguna vez de I Bet You Look Good on the Dancefloor? ¿Es The View From the Afternoon LA canción para empezar un disco? ¿Por qué es tan buena When the Sun Goes Down?

No tengo mucho más que decir de un disco que sabe hablar por sí sólo. Como ya he dicho antes, probablemente pueda decir con la cabeza bien alta que fue uno de los discos que marcó mi adolescencia y aunque haya llegado a rajar de él, no era más que puro postureo idiota: Whatever People Say I Am, That’s What I’m Not es un GRAN disco, y es importante porque hizo que los Arctic entrasen en nuestro mundo. A partir de ahí las cosas irían en ascenso, pero los Arctic Monkeys supieron hacer en su primera obra un disco inolvidable, sencillo y efectivo, que es una buena receta para un debut eterno.

YouTube Preview Image