Otro año más, nos hemos reunido para insultarnos, beber y luego si eso sacar adelante la lista de discos del año. Este año no ha habido una mayoría aplastante como el año pasado cuando The War on Drugs barrieron a todo competidor. Por lo general ha sido un año que si bien no ha salido ningún disco sobresaliente, como el de los anteriormente citados, ha servido para dar más competencia al tema: el top este año ha estado apretado, e incluso ha habido que desempatar alguna posición.

 

 

10-The Darkness – Last Of Our Kind (por Marcos Alcaraz)

Una sorpresa en nuestra lista que entró muy justa (empatada con otro buen disco como es el Dodge And Burn de The Dead Weather, probablemente el álbum más completo de la banda de Allison Moshart y Jack White), pero con fuerza. Reconozco que, como seguidor de los Darkness más histriónicos y lúdicos, este es el álbum que menos me interesa de la banda aun siendo un muy buen disco, ya que dan un salto de madurez que les hace tomarse más en serio y explorar el hard rock más común. Sin embargo, los hermanos Hawkins son dos de los mejores compositores que haya dado el hard rock en el siglo XXI y se propongan lo que se propongan seguirán haciendo grandes canciones, siempre que se mantengan juntos. Así, si bien este álbum pierde cierta faceta divertida de la banda, regala varios temas que funcionan a la perfección como himnos que cantar copa en mano,  con la mirada perdida buscando muslamen, y con los cuernos en alto que hacen afición. Ese Open Fire tan The Cult parece sacada de lo mejor de los 80, Mudslide y Roaring Waters podrían ser firmadas por los mejores Aerosmith, Barbarian es el cántico vikingo del año y el tema homónimo un bonito alegato por los últimos de un estilo que sigue dando coletazos, pese a que muchos lo dan por muerto.

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9-Thee Oh Sees – Mutilator Defeated At Last (por Marcos Alcaraz)

Discografía variada la de estos californianos que en este nuevo álbum se acercan a la propuesta de garaje rock de distorsión con cierto toque stoner que tanto prima en grupos como Fuzz, The Ty Segall Band o una de las sorpresas de este año, Wand. En el que puede ser su largo más completo, Thee Oh Sees van dejando una sucesión de temas que rayan todos a notable nivel, siendo piezas como Turned Out Light, con vocación de single gracias a su adictivo riff, o Lupine Ossuary, pieza de desquicie guitarrero que roza lo instrumental, algunos de los puntos más destacados de un muy disfrutable álbum.

 

 

 

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8-Godspeed You! Black Emperor – Asunder, Sweet and Other Distress (por Darío Blanco)

Oyes un tambor que va aumentando en intensidad cada segundo, mientras un drone va calentando el ambiente y, de repente, los canadienses Godspeed You! Black Emperor, genios del post-rock, desatan el apocalipsis sobre la tierra. En su quinto álbum de estudio, los canadienses dejan un poco de lado la evolución constante de su sonido que llevaba ocurriendo desde su primer disco y se lanzan a explorar los sonidos de su anterior álbum, ‘Allelujah! Don’t Bend! Ascend! (2012).

El resultado es un disco que, en líneas generales, funciona mejor que su predecesor. Si bien carece de una pieza que tenga la potencia e inmediatez de la que goza Mladic, los excesos del disco que la contenía (drones excesivamente largos después de cada tema, irregularidad entre las piezas más musicales del disco y problemas en el orden música-drone-música-drone) son corregidos en Asunder, Sweet and Other Distress. El disco cuenta con una sola pieza de 42 minutos conocida anteriormente como Behemoth con la que los canadienses cerraban los conciertos de la gira de presentación de ‘Allelujah! Don’t Bend! Ascend!.

La estructura del disco nos presenta 25 minutos de música, divididos en dos partes y separados por dos drones. Si el primer drone, Lambs’ Breath, actúa como calmante de la formidable pieza inicial Peasantry Or ‘Light! Inside Of Light!’, el segundo va creando intensidad para dar paso al clímax del álbum en forma de la última parte musical del disco, Piss Crowns Are Trebled. Un disco que ha generado decepciones y alegrías a partes iguales, pero que en Caverna Gráfica ha gustado mucho y que nos ayuda a recordar que son grandes por algo.

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7-Fuzz – II (por Oscar Pandiello)

Para los que ya habíamos disfrutado horas y horas de su primer LP, el de Fuzz suponía uno de los discos más esperados del año. El debut, concebido desde una perspectiva distinta al disco que nos ocupa, había supuesto una de las mayores sorpresas de 2013: potente, conciso y para nada recargado. En II, en esta ocasión, vemos como Moothart, Ubovich y Segall optan por estirar el chicle, con casi el doble de metraje entre ambos trabajos.

Los adelantos, Rat Race y Pollinate, sirvieron como ejemplo de lo que podemos encontrar dentro del disco: las líneas vocales daban un paso adelante y la guitarra, con su ya característica distorsión fuzz, envolvía el resto de la atmósfera sin dejar apenas espacio para más elementos. Asimismo, en algunos pasajes del disco Fuzz reclama como suyas gran parte de sus más evidentes influencias. Black Sabbath parece firmar dos de los temas cumbre del disco. Pipe y Say Hello, contiguas y con un aire descarado a la formación de Ozzy, tienen a su vez personalidad propia y un componente adictivo que no tienen nada que envidiar a las virtudes de sus progenitores. Sleestack y Silent Sits the Dust Bowl, anunciando casi el final de la obra, vuelven a ofrecer otro repunte de calidad, ensalzando la creatividad y la capacidad del trío para acertar con fórmulas diferentes.

II completa, en definitiva, un todo más disperso y con más lagunas que su antecesor. El sonido, más alejado del trance y más cercano al stoner, peca en ocasiones de voces sobredimensionadas y monotonía en la estructura general del trabajo. Esto no quita que los norteamericanos rocen la excelencia en muchos momentos, ofreciendo un garage-stoner potente y sin concesiones, que con toda seguridad entusiasmará a los incondicionales de Ty Segall y sus trabajos previos. Con una selección más cuidada, quizás el trabajo habría quedado más pulido y la fórmula no habría llegado tan agotada a los momentos finales. Para los próximos años se espera, dentro del caos y la agresividad deseable en un disco de Fuzz, cierta mesura que complete la excelencia que ya se exige a estos tres ruidosos monstruos de San Francisco.

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6-Kendrick Lamar – To Pimp a Butterlfy (por Oscar Pandiello)

Kendrick Lamar no es un nombre nuevo para los melómanos de todo tipo. El rapero de Compton, Los Angeles, se ha labrado una carrera basada en el talento y la versatilidad. Su ascenso, fraguado desde principios de década, se fue cimentando a través de mixtapes y grabaciones caseras que, debido a su innegable calidad, fueron haciéndose con cada vez más oídos en Estados Unidos primero y en el resto del mundo después.

To Pimp a Butterfly es un ensayo a muchos niveles. Es orgullo de raza, es agresividad política e introspección personal. Es una autocrítica y una advertencia acerca de las tentaciones que genera la fama, personificadas en Lucy, un nombre recurrente a lo largo de todo el álbum y que representa la figura diabólica de la industria y sus promesas.

A través de diversos cortes, y en distinto tono, Kendrick Lamar logra construir el mayor himno moderno de la lucha negra. Un compendio de iconos (Mortal Man), rabia (The Blacker the Berry) y orgullo (King Kunta). Mortal Man, que cierra el disco, pone el punto y final con una ficticia entrevista entre el joven rapero y Tupac, donde abordan las grandes líneas maestras de la ya citada lucha racial.

Más de una hora que, lejos de inspirar tedio, ofrece un gran abanico de estilos, ideas y posibilidades. Casi toda la música negra tiene cabida en el último trabajo de Lamar. Jazz, funk, R&B —entre otros— se combinan con la naturalidad propia de un virtuoso. Sería injusto destacar algún momento sobre los demás, ya que la fuerza de To Pimp a Butterfly reside en su solidez como obra, en su capacidad de contar una historia a través de muchos prismas y aristas.

En conjunto, To Pimp a Butterfly tiene el poder suficiente como para ser una de las grandes obras de nuestra época. Un proyecto ambicioso, cuidado y con mucho contenido. Un sinfín de capas donde el mensaje, marcado y presente en todo el álbum, no eclipsa una forma cuidada y exquisita. Todo un alegato que coge el relevo allá donde Malcom X o Marthin Luther King dejaron su huella.

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5-Tame Impala – Currents (por Darío Blanco)

El tercer disco de Tame Impala les ha puesto en una situación complicada, pero también es cierto que ellos mismos han sido los que han comprendido que, como banda, necesitan crecer a base de esto. Por ello han abandonado su sonido guitarrero y han explorado los sintetizadores para darle a la banda nuevas influencias: si en el primer álbum teníamos al hard rock y la psicodelia de los 70 y en Lonerism (2012) al pop psicodélico de los Beatles, en Currents tenemos a los Bee Gees, a la música disco y al pop más bailable en un disco hecho para no dejar indiferente a nadie.

Abrir el álbum con ese monumento de casi 8 minutos llamado Let It Happen es toda una declaración de intenciones: es un disco creado con la intención de desatar tantas pasiones como odios, es un disco para hacerles más grandes. Esta vez Kevin Parker y los suyos han cambiado los largos desarrollos instrumentales por las pistas de baile y las buenas melodías. El punto fuerte del disco son la sencillez y la inmediatez de las canciones, llenas de melodías muy pegadizas y, sobre todo, de gran calidad.

Temas como Past Life, The Less I Know the Better o Yes I’m Changing nos hacen ver la fórmula del álbum. Se tira de melancolía de un pop ochentero que tanto influenció a padres y madres para relatar una historia sobre una relación perdida y la necesidad de salir de ella. Currents es el disco más personal de Kevin Parker, y a su vez, probablemente, el que más se parezca a lo que él mismo cree que debería ser Tame Impala. Por ello el disco suena auténtico, profundo y, sobre todo, muy bien.

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4-Florence + the Machine – How Big, How Blue, How Beautiful (por Marcos Alcaraz)

Es muy importante para el autor musical el tercer disco pues comúnmente es el momento de la consolidación del proyecto del artista. Los que están condenados a quedarse por el camino no lo sobreviven (¿Qué tal, The Strokes?), hay otros que se reinventan para no agotarse (Arctic Monkeys) y otros que terminan de perfilar su música, como es el caso de Florence Welch, que aparta cierto barroquismo oscuro acometido en su segundo largo para dar un tanto más de luz a sus composiciones, que siguen manteniendo la épica y grandilocuencia a la que ha ido acercándose con el paso del tiempo. El resultado es un álbum realmente consistente, repleto de temas llenos de opulencia, como el single What Kind of Man, posiblemente el tema del año, u otras maravillas como Queen Of Peace, Ship To Wreck, Delilah, Third Eye, Mother o el tema homónimo. No se olvida Florence de ser intimista y sigue regalando temas como ese St. Jude que crece y crece con las escuchas y que hace considerar de otra forma a la segunda parte del álbum. Sin duda alguna uno de los álbumes del año, de una artista que se consolida de forma justa en el estrellato y que reunirá en sus conciertos a gente de todo tipo de corrientes. Con álbumes tan tremendos como este, está claro que se lo ha ganado.

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3-Sufjan Stevens – Carrie & Lowell (por Álvaro Corbato)

Hace exactamente una década desde que con su obra maestra Illinois (2005) Sufjan Stevens demostrara al mundo que no es sólo un genio a la hora de mezclar todo tipo de instrumentos bajo extraordinarios arreglos, también puede ser íntimo y desgarrador. Las devastadoras John Wayne Gacy Jr. y Casimir Pulanski Day son ejemplos ya atemporales de ello. Tras juguetear con la electrónica durante el último lustro tanto en solitario como en otros proyectos, la muerte de su madre Carrie impulsó a Stevens a volcarse en esta faceta más intimista.

Mediante el uso de algunas de sus letras más sinceras, en Carrie & Lowell  Sufjan nos cuenta su historia, donde una madre perseguida por la sombra de trastornos bipolares se creyó incapaz de criar a sus hijos y los dejó al cuidado de su padre. Carrie se casaría otra vez con Lowell Brams (actual co-fundador del sello del músico), y se reencontraría con ellos durante largos veranos en el Estado de Oregon. El álbum es un repaso a estos recuerdos distantes, donde se mezclan crisis de fé (No Shade in the Shadow of the Cross), momentos de duelo y autodestrucción (Death With Dignity), de abandono (Should Have Known Better). Sin embargo, también hay lugar para recuerdos felices, de optimismo, de perdón y reconciliación (Fourth of July).

Como otros innumerables cantautores Stevens utiliza su música como medio para expresar sus más dolorosas emociones: es un homenaje en toda regla, no sólo a su difunta madre, sino también a su padrastro y a sí mismo, donde todas las canciones siguen un patrón minimalista que no deja lugar para crescendos. Por contra,  en la cálida voz de Sufjan encontramos reminiscencias de artistas como Elliott Smith o Nick Drake, con guitarras acústicas y dobles voces, donde es preferible terminar los cortes con agradables sintetizadores, coros y segmentos ambientCarrie & Lowell  se ha postulado como uno de los mejores trabajos de su autor, lo que lo lleva directamente a ser uno de los mejores de 2015.

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2-My Morning Jacket – The Waterfall (por Marcos Alcaraz)

Ya escribimos en esta página, haciendo sentencia, que este sería uno de los álbumes del año y podemos decir orgullosos que no nos hemos equivocado. No verás el nombre de My Morning Jacket en las principales listas de éxitos, ni en los tops que se forman a estas alturas de año (como este), ni abarrotando conciertos por Europa. Pero poco a poco van consolidando un número de fans que hacen que su nombre cada vez sea más poderoso. Para hacernos una idea, a día de hoy My Morning Jacket son segunda línea de un Primavera Sound y cabezas de un Azkena Rock. Y eso lo han conseguido entregando álbumes tan notables como este que nos ocupa, donde realizan un conjunto de canciones menos difusas que su anterior entrega y que funcionan como un todo, regalando entre sus 10 canciones maravillas como Spring, Believe o Compound Fracture. Otro paso hacia delante de la banda de Jim James, que siguen manteniendo su estatus de grupo infalible tanto en estudio como en directo, siendo en este apartado uno de los mejores grupos que puedas encontrar en la actualidad.

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1-Kamasi Washington – The Epic (por Darío Blanco)

En el momento en el que entra el piano incial de Change of Guard, el tema que abre el debut de Kamasi Washington, la nueva gran promesa del jazz americano, no te esperas lo que te vas a encontrar durante el resto del álbum. Y tienes para rato, porque sus 17 canciones nos dan como lugar un disco de, agárrense, ¡casi tres horas de duración divididas en 3 partes! Si señores, Kamasi es un hombre que, aunque lleva varios años en la industria musical, se ha ido guardando sus composiciones para dar lugar a este The Epic que es nuestro disco del año.

Y no es para menos. Kamasi no solo se ocupa de meter sus influencias jazz más obvias (John y la siempre olvidada pero también genial Alice Coltrane), sino que convierte su manera de ver el jazz en algo más trascendente que el mismo. Se encuentra a medio camino entre la festividad de Parliament-Funkadelic, el jazz espiritual de los Coltrane y la temática social del rap de Kendrick Lamar y de otros tantos. The Epic no es solo un disco de jazz: es una obra temática sobre el legado de la música negra.

Es por ello por lo que el disco nos intenta ofrecer jazz de todos los palos: desde el jazz más vanguardista con coros y orquesta de The Next Step al funk-jazz de Final Thought o Re Run Home, lo cierto es que la diversidad de estilos y la profesionalidad con la que Kamasi Washington y los suyos se desenvuelven durante tres horas hacen que el disco sea una maravilla de la que no te puedes desenganchar: por mi parte llevo varios meses escuchándolo y de una forma u otra siempre acabo volviendo a él.

Así que aunque la duración os eche para atrás, algo totalmente entendible, hay que saber abrir mente y oídos a este disco que vuelve a poner el jazz en el punto de mira de las revistas de música no especializadas y en el boca a boca de la gente. Con Miles Davis, John y Alice Coltrane, Cannonball Adderley, Charles Mingus y otros genios del jazz desaparecidos desde hace más de dos décadas en el mejor de los casos, Kamasi Washington ha llegado para coger el testigo de estas figuras y reivindicarlas dándole un toque de modernidad y, sobre todo, manteniendo la música como medio de lucha contra la opresión racial. Sí señor, se merece ser nuestro disco del año.

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Muchas gracias a Álvaro Corbato y a César Herreros por su colaboración en esta lista