El batacazo electoral que se dio Albert Rivera el pasado día 20 fue de esos que hacen historia, daño y ruido. Pero aun así, e incluso si su partido acabase por desaparecer del mapa político español, algo en su discurso ha gozado de especial protagonismo y controversia en la campaña, en los debates y en las terrazas de los bares, y ha podido sembrar ciertas ideas o generar incertidumbre con proyección de futuro en la mente de algunas personas. Un problema que ya venía gestándose de antes y que planteaba preguntas y requería soluciones desde hace tiempo: su propuesta sobre el contrato único.

Es cierto que en España la precariedad laboral -entre otras cosas fruto de la temporalidad de los contratos- constituye uno de los mayores quebraderos de cabeza para la ciudadanía asalariada, y que es necesario lograr hacer frente a esta realidad de algún modo efectivo. Ciudadanos, como el resto de partidos, ha escaneado el problema y la solución literal que proponía (y que todavía propone, aun con sus discutiblemente escuetos 40 asientos) es la siguiente.

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Albert Rivera | HUFFINGTON POST

LA PROPORCIONALIDAD, IDEA ESTRELLA
El primer punto sobre el “contrato de igualdad de oportunidades” reza:

Todas las nuevas contrataciones se harán con un contrato indefinido con indemnizaciones crecientes, proporcionales a la antigüedad del trabajador en la empresa.

Lo que no incluye Ciudadanos en su programa es cuánto propone que sea la proporcionalidad de esas “indemnizaciones crecientes”. Es decir, que puede ser una completa basura, nimia e irrelevante. Y entonces claro, surge el argumento proletario y rojeras: eso es abaratamiento del despido de toda la vida, ¿no? ¿O no? Porque, como no lo especifican ni ellos, ¿quién asegura que, si por ejemplo, llevas trabajando dos años -que no es precisamente una eternidad- esa indemnización proporcional e incierta no vaya a ser mucho menor que hasta ahora? Nadie. Así que elucubremos.

Hasta ahora, si te echaban al final de tu contrato temporal (de duración máxima de 6 meses, dentro de un periodo de 12 meses) no te había dado tiempo a asentar tu vida dando por hecho que tenías un trabajo y unos ingresos estables. Al finalizar este contrato temporal, la empresa estaba obligada a, para seguir pudiendo contar contigo, hacerte indefinido y, con ello, la indemnización por despido se multiplicaba. Entonces, tú, trabajador indefinido, podías asumir deudas y préstamos contando con una indemnización como red de seguridad, por si habías hecho planes una vez tenías ese trabajo y ese salario supuestamente estables.

Con el contrato único se viviría en una situación de incertidumbre y vulnerabilidad constantes, ya que habiendo pasado años trabajando para una empresa, esta podría echarte y tú quedarte colgado sin dinero para afrontar el despido y el shock que este pueda provocar en tu vida. ¿Cuántos serían suficientes años trabajando en una empresa como para confiarte y además suficientes como para recibir una compensación digna?

Pero es que además parece que la única causa por la que vayan a despedir a alguien una vez existiese el contrato único fuera que no es un buen empleado o un empleado productivo para la empresa. Es decir: las empresas te contratarían porque no les daría miedo que, si luego eres un cara o un incompetente, les salga por un ojo de la cara deshacerse de ti.

El problema es que las causas de despido pueden ser múltiples y a veces a la “mano invisible” se le escapa controlar que existe la simbiosis pura de “si haces bien tu trabajo, te mantienen y, si lo haces mal, te echan”. No. Echarte te pueden echar porque hayas entrado en edad de quedarte embarazada, porque tu jefe haya querido que te lo folles y tú te hayas negado, porque se hayan vulnerado tus derechos, te quejes –algo impensable incluso a día de hoy por miedo a un “si no te gusta, ahí está la puerta”-, y a los de arriba no les haga gracia… Básicamente, que si no hay química con el jefe (¡viva los eufemismos!), y despedirte es barato, ¿qué le podría impedir hacerlo?

Pero los de Albert no son tan estúpidos, no, y todo esto lo habían previsto ya.

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Luis Garicano | EFE

EL ACTOR SECUNDARIO SEGURO CONTRA EL DESPIDO
Adicionalmente a las indemnizaciones por despido que corresponden al contrato de igualdad de oportunidades se constituirá un Seguro contra el Despido mediante las aportaciones empresariales a cada trabajador de un 1% de su salario. El trabajador podrá disponer de los fondos acumulados en dicha cuenta en caso de despido o en el momento de su jubilación […] Tanto las aportaciones empresariales como las contribuciones públicas garantizarán que la protección efectiva de los trabajadores despedidos sea más elevada que la que reciben en la actualidad.

O sea, que Ciudadanos no quiere que te quedes tirado si te despiden, así que ha diseñado especialmente para ti una suerte de Plan de Pensiones privado extrapolado al momento en que te manden a casa: el 1% de tu sueldo (no “además de” tu sueldo, sino de tu Sueldo Sueldo) irá destinado a que te puedas costear algo la vida si te encuentras de repente de patitas en la calle. Vaya, que esa “contribución más elevada que en la actualidad” ya era tuya pero te la guardaron en vez de dártela mes a mes.

Vamos, que para los naranjas, la solución contra la temporalidad laboral es que el despido te lo pagues tú. Y, con todo, ya queramos llamarlo abaratamiento del despido, Seguro contra el Despido, contrato único o ‘europeización’ de España, al final de un modo u otro parece que lo único que aumenta más que los contratos es la vulnerabilidad del trabajador y la precariedad laboral.

Porque seamos claras: las empresas no quieren despedir. No les sale rentable tener trabajando constantemente a gente que desconoce el funcionamiento de la empresa y que tenga que empezar de cero una y otra vez. Y cualquiera que necesite X número de empleados, esa cantidad será exactamente la que va a tener que contratar. Por eso, si una empresa tiene medios económicos para pagar los salarios pertinentes los pagará y, si no, cerrará (o, en el mejor de los casos, mantendrá explotados e infrapagados a un número menor de trabajadores del que necesitaría, lo que también terminaría repercutiendo en sus beneficios y su productividad). Esa falta de medios económicos, sin embargo, no afecta a todos por igual. Las grandes empresas, normalmente, no son las que se dan de cara con la dificultad de disponer del suficiente dinero para pagar los salarios (otra cosa es cómo decidan según sus intereses gestionar dicho recurso). Así que quizá sería más conveniente fomentar que las PYMES dispusiesen de medios económicos para tener a gente contratada, no para poder afrontar sus despidos -¿os suenan el 15% y el 5%?-. Con lo que al final los beneficiados vuelven a ser los mismos. Alberto vive, la lucha sigue. Pero la lucha entre asalariados y PYMES. Que se peguen entre sí los oprimidos mientras los verdaderos opresores se frotan las manos como moscas.