El escenario político español está roto. Los diversos rumores y especulaciones matemáticas dan fe de que los resultados son un desastre para prácticamente todos (los diversos nacionalistas y regionalistas han vuelto a salir bien parados). La falta de gobernabilidad del Partido Popular sería una buena noticia si no fuese porque la alternativa es volver a la socialdemocracia descafeinada que nos presentó en campaña con una sonrisa Pedro Sánchez, a cambio del apoyo de un Podemos que salía ganar y puede acabar en la difícil situación de no apoyar al PSOE y dejar que los populares gobiernen o apoyar un nuevo gobierno del puño y la rosa.

Ciudadanos, como un mal disco, no pudo sobrevivir a las expectativas: su papel se reducirá a apoyar al PP en ocasiones puntuales (¿presupuestos?) y no tiene garantizado que esto vaya a salir adelante. La situación de Ciudadanos es difícil: ni ellos ni sus aliados tienen los suficientes escaños para tener una fuerza que haga algo destacable, pero tienen los suficientes como para que su política neoconservadora pueda imponerse en algunos aspectos en el Congreso.

Alberto Garzón no ha conseguido su objetivo de grupo propio y probablemente la derrota fuese la que le hiciese ser el candidato que (a excepción de Rajoy, que ni compareció), hizo un mejor balance de las elecciones. El bipartidismo no está muerto, por mucho que el discurso dominante hoy sea ese (siguen siendo primera fuerza política con una mayoría abrumadora), y la experiencia de las candidaturas confluyentes es la que mejores resultados ha dado (aunque inexplicablemente se les sume en el computo a Podemos y no como grupo propio).

A UP-IU y UPyD les han pasado por encima las mismas tres cosas: el arrolle de un partido que supieron ser más listos que ellos, el voto útil y la ley electoral. En el caso de los primeros lograron mantener la compostura consiguiendo un resultado que no es el peor que han tenido (recordemos que Llamazares consiguió dejar a IU con un solo diputado en una época en la que el PSOE era su único rival en la izquierda), pero UPyD ha sido totalmente arrasado por Ciudadanos. Izquierda Unida puede recuperarse de esto (y con Garzón lo hará, sea en espacios de confluencia o no), pero UPyD está abocado a su fin.

Lo siento, pero el cuento de que alguien ha ganado no me lo creo. El PP tiene su peor resultado en más de 30 años y opciones de gobernar casi nulas, pero el consuelo de ser gobernados por un PSOE con su cara más conservadora apoyados por un Podemos cuya campaña ha sido marcada por fichajes de figuras más moderadas y un alejamiento de las bases que sigue la tendencia empezada en Vistalegre, es, como poco, desalentador. No solo pierde el Partido Popular, el Partido Socialista, Podemos, Ciudadanos e Izquierda Unida: perdemos todos.

El mejor escenario posible es la repetición de unas elecciones causadas por un gobierno que se vea incapaz de sacar los presupuestos adelante debido al rechazo y prorrogación del Senado, situación a la que apuntó ayer Eduardo Inda (¡quién me iba a decir que acabaría citando al viejo Inda!). Quizás para entonces la izquierda ya pueda haber aprendido de sus errores y decida que presentarse en coalición, con primarias abiertas y sobre todo sin fichajes estrella es la manera de conseguir una fuerza de izquierdas que, por una vez, tenga una gran voz en este país.

La otra gran situación es probablemente la más dramática: un gobierno de unidad nacional, al estilo de las grandes coaliciones anti-izquierda que se hicieron en Grecia para frenar a Alexis Tsipras cuando era una amenaza real. Mariano Rajoy hizo una tímida alusión a esto recientemente, pero la situación es difícil: Rajoy rechaza apoyar a Sánchez y Sánchez rechaza apoyar a Rajoy. ¿Será el gran momento de Soraya Sáenz de Santamaria? Recordemos que tras el fracaso de María Dolores de Cospedal es la única persona del Partido Popular que ha mantenido una cierta compostura.

Si tuviese que definir la situación con una palabra sería “compleja”. Quizás porque decir que me parece una mierda es quitarle rigor al análisis de la situación política actual. Por el momento todos los partidos a nivel nacional (y cuando digo todos es todos) están en una situación muy difícil. Me atrevería a decir que el que está en mejor situación es Izquierda Unida: mientras el resto de fuerzas tienen que balancear la credibilidad con no dejar gobernar a la otra parte del congreso, el partido de Garzón tiene únicamente la tarea (que viendo la actitud de la IU pre-Garzón tampoco es fácil) de volver a recuperar la parte del voto de izquierdas que, una vez más, prefirió resignarse al que llaman “voto útil” contra el que los que llenamos las plazas en 2011 tanto luchamos (al que muchos de los que lucharon han apelado en esta campaña).

Lo que está claro es que la situación para prácticamente todos es una que no hubiesen deseado. Para los partidos emergentes que no olvidemos, aspiraban a ganar, el resultado es un fracaso y les pone en la situación más complicada. Para Pedro Sánchez es algo mejor: tiene opciones de gobernar, pero un desliz podría costarle la presidencia, la secretaría general del PSOE y probablemente su carrera política. El PP, con pocas opciones de gobernar, empieza a planearse que, quizás, tras 11 años y cuatro (¡cuatro!) elecciones, el momento de Rajoy ya haya pasado.