Tras resolver todos sus líos legales, sacar esa bomba emocional-depresiva que es Darkness in the Edge of Town y petarlo con la gira de presentación, Bruce Springsteen seguía en la cresta de la ola en la que se había posicionado tras colocar Born to Run en el epicentro del rock estadounidense. Bruce Springsteen representaba algo distinto a los sonidos hard rock y heavy metal que vivían su época de oro entre mediados de los 70 y finales de esa misma década. Quizás esta manera de alejarse de los cánones de la época y reflejar su música en la tradición americana, más cercana al folk y al country que al propio rock duro, fue la que hizo que Springsteen no solo entrase en los 80 triunfalmente, sino que le permitió pasearse por esa década como el tío más molón que había.

Springsteen supo entrar en los 80 con un par de cojones. En 1979 ya tenía preparado al sucesor de Darkness on the Edge of Town, un disco de sonido similar pero con una vertiente más optimista que su predecesor llamado The Ties that Bind. Quizás porque resultaba demasiado parecido tanto en sonido como en estructura a Darkness in the Edge of Town (10 temas donde se alternaban temas más movidos con baladas oscuras), el Boss decidió que no era buena idea y que había que empezar de nuevo. Sin embargo, The Ties that Bind no fue cancelado del todo: sus canciones son la base de uno de los discos dobles mejor recordados de la historia.

Seis temas sobrevivirían el corte (los cuatro restantes quedarían como caras b o descartes) y se integrarían en un disco mucho más ambicioso que puso punto y final al Springsteen de los 70. Tras The River, Bruce sacaría el mítico y esencial Nebraska (que se merece un artículo para él solo) y su mayor éxito y el que le convertiría en lo que es ahora, Born in the USA. Pero es en The River donde Springsteen dejó de ser el chaval flaco que cantaba sobre temas sociales (aunque esto último siempre ha seguido) y se convirtió en el artista maduro y musculoso que todos conocemos. En definitiva, The River es el final de una era.

You don’t want nothin’, don’t need no one by your side / You’re walkin’ tough baby, but you’re walkin’ blind / To the ties that bind

Como buen disco que cerraba una etapa, Springsteen miraba a todo lo que había hecho anteriormente y lo incluía en el disco, creando una bipolaridad entre los temas tristes y desalentadores y los alegres y esperanzadores. El espíritu de Rosalita se unía al de Racing in the Street durante 20 temas, separándose o entrelazándose según le conviniese a la canción en cuestión. El tema inicial, The Ties that Bind, sacado directamente del disco cancelado del año anterior, mostraba una salida colectiva a los problemas individuales y a la cotidianeidad.

Bruce se dirige a una oyente enamorada de él en varios temas del disco, ofreciéndole irse con él para escapar de la rutinaria vida de cualquier obrero americano. Ahí están I’m a Rocker, Sherry Darling o Out in the Street como buena prueba de que el Boss había regresado a un optimismo más rockero, digno del Born to Run. El individualismo, en principio, no tiene cabida en el disco (Two hearts are better tan one canta en Two Hearts), y el optimismo irradia por los cuatro costados.

Estos temas felices predominan durante el disco, pero tienen su punto álgido en una de las composiciones más conocidas de Springsteen: Hungry Heart. Con su ritmo pop basado en teclados, pianos y una línea de bajo sublime, fue el primer contacto de Bruce Springsteen con el pop más radioformulero y un temazo en toda regla: se convirtió en la canción más conocida del disco y la que mejor representan la parte optimista del álbum.

Then I got Mary pregnant / And man that was all she wrote / And for my nineteenth birthday I got a union card and a wedding coat

Pero el imaginario de Bruce Springsteen no sigue la estela del famoso sueño americano del esfuerzo individual y la evasión de la sociedad como métodos para tener una vida exitosa. Al contrario, las letras de The River más oscuras son todo un azote al sueño americano y a la filosofía americana, como había sido Darkness in the Edge of Town y, sobre todo, como llegarían a ser en Nebraska.

The River está lleno de temas oscuros con letras duras y realistas. La canción titular del disco, también uno de los temas más conocidos del disco, es un alegato sobre la vida proletaria en Estados Unidos y como en este caso la vida coherente con el sueño americano es la que lleva a la ruina al protagonista, que solo puede pensar en la inevitabilidad de la muerte como consuelo ante su propia y patética existencia.

Drive All Night es un doloroso alegato a un amor perdido y no correspondido en un contexto de pueblo americano industrial, al igual que Point Blank: en estos temas los momentos felices son pura nostalgia o recuerdos, mientras que el protagonista se enfrenta a la cruda realidad de la soledad, lo que contradice totalmente el espíritu estadounidense de independencia como filosofía de vida. El narrador acepta que lo que necesita es, en efecto, compañía.

We wouldn’t change this thing even if we could somehow / Cause the darkness of this house has got the best of us / There’s a darkness in this town that’s got us too

En un artículo como este no da para hablar de todas las canciones (me dejo fuera la gran balada Independence Day o algunos números más rockeros como You Can Look), pero eso es bueno: Springsteen logró facturar un disco de 20 canciones y casi hora y media sin apenas esfuerzo, dejándose un montón de canciones en el tintero y sabiendo juntar los dos mejores lados de sí mismo para darnos uno de los álbumes dobles más interesantes del rock.

A partir de aquí llegaría el folk agobiante y tradicional de Nebraska y el terremoto Born in the USA, pero sin la existencia de The River es innegable que la carrera de Bruce Springsteen no sería la misma. 35 años después el Boss se prepara para recuperar el disco en directo en orden integro, y los fans sonríen porque saben que The River es una obra única que sabe resumir lo que había sido Springsteen hasta el momento. Y todos deberíamos sonreír por la existencia de un disco así.

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