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Seis de la mañana: ya están aquí los obreros. No tengo muy claro cuál es su función. ¿Molestar a todos los habitantes del parque? ¿Es que nadie piensa en los pobres señores que duermen aquí todas las noches, no importando el frío que haga? Gracias a ellos me mantengo calentito en invierno. Me protegen de la lluvia. Aunque he de decir que, habitualmente, me manchan con una especie de líquido rojo y pegajoso que me molesta. Aun por encima, ese  líquido rojo, que huele bastante raro, hace que nadie se quiera sentar y que no pueda desempeñar bien mi trabajo. Toda la vida aquí, intentando hacerlo lo mejor posible y tienes que aguantar a ingratos que te llenan de polvo, de sustancias raras, que saltan sobre ti, ponen los pies sobre tu maravilloso cutis… Pero bueno, ningún trabajo es fácil, ¿no?

Ocho de la mañana: Se levanta Vagabundo. He oído que una señora le llamaba así, Vagabundo. Es un nombre bastante curioso… Hoy Vagabundo ha tenido bastantes pesadillas. Pobre, normal. Ha dormido con una oreja entre mis tablas. Debe ser bastante incómodo. Se le habrá quedado la oreja rojísima.

Once de la mañana: Se ha sentado una chica. ¡Qué raro! A estas horas suelen sentarse señores o señoras, depende del día. Pero personas con ropas ásperas de lana y traseros bastante huesudos. Pero ella es una chica. Lo sé por sus pies, sus tobillos. Lleva unas deportivas bastante coloridas. ¿Qué hará por aquí? ¿Estará esperando a alguien? Oh.

Pleased to meet you. Hope you guess my name, but what’s puzzling you …Is the nature of my game…

Ha puesto la música en alto, y claramente ha empezado a bailar. ¡Lo que te encuentras en el mundo! Gente con bonitas piernas y tobillos de escándalo, escuchando ese terrible estruendo de instrumentos agudos y voces ridículas… El mundo está loco.

Dos de la tarde: Vienen los señores con su perro. Hablan entre ellos, es gracioso. Los perros siempre ponen cara de complacencia. Son muy monos, ¿no? Claro, como a nadie le mean en la pierna… por supuesto. Es muy fácil hablar de todo. Es muy sencillo decir,  ¡es el mejor trabajo del mundo! Pero lo siento, porque no, no lo es. Tienes que aguantar miles de conversaciones aburridas y repetitivas. No puedes irte a tomar el café de media mañana como cualquier señorito de oficina. De hecho, casi el único contacto que se tiene con el café es con aquel que te derrama algún trajeado en tela italiana. No me malinterpretéis, me encanta que la gente con suaves trajes y traseros mullidos se siente. Me encantan. Son de lo más cómodo. Pero generalmente las telas italianas solo las portan ejecutivos importantes, o que se creen importantes, no lo sé. El caso es que suele coincidir con gente amargada, remilgada, que no hablan con nadie y no tienen ninguna consideración para conmigo. Cuando creen que su café quema, o no está bueno, no tienen mejor idea que derramármelo todo por encima. Increíble. Conforme pasa el día me pongo más gruñón, ¿eh? Pero nada comparable a la mañana.

Tres de la tarde: Se ha sentado una chica muy liviana. Se le ha caído el libro “El aprendiz entre habichuelas”. La gente lee cada cosa más absurda. Se ha sentado a comer, huele a comida mejicana. Me gusta la comida mejicana, huele bastante caliente, como picante. Delicioso. Supongo que esta chica tendrá unos grandes ojos azules. Parece rubia. Además es muy ligera, y su falda de satén da una cálida sensación de volatilidad. Es como una esponja. Pero ¿qué es ese calor concentrado, tan de repente? No, no será capaz.  Esta chica tan etérea… No, sí, sí lo es, el olor es inconfundible. ¡La venus sublime se echa flatulencias especialmente apestosas! ¡Qué mal huele, por Dios, chica!

Cinco de la tarde: A veces, me gustaría ser un banco de Ópera… sus vidas son jauja. Solo se sientan en ellos en un par de pases. En todo el día trabajan, como mucho, tres horas. Duermen en un recinto cerrado, calentitos. Escuchan buena música y buen teatro. Están ribeteados de terciopelo. Además, tienen un cojín incorporado. ¡Increíble! En ellos no se sienta gente que huela mal. ¡Ni hay perros! Le gente no come pipas, ni se echan pedos, creo.  La vida es tan injusta… ¿Cómo se podría ser banco de Ópera? Seguro que hay que ser un rastrero pelota.

Nueve de la noche: Aquí huele raro. Un par de zapatillas de puma y otras de muelles. ¿Se han subido en mí? Como siempre. Los jóvenes de hoy en día no tienen respeto por nada.  Empiezan a hablar sobre Nano, Tete y un tal Balilla. En fin, de nuevo conversaciones intrascendentes rodeado de humo, seguro que tóxico. Me gustaría saber en qué piensan estas generaciones, me gustaría saber por qué siento tan profundo sus zapatillas. Es como si me penetrasen en el cuerpo, es como… Hilarante. ¿Qué estarán fumando? ¡Qué dolor de cabeza! ¿De cabeza o de neuronas? Me duele algo, pero no sé el qué; el cuerpo está fundido en un solo ente, el ente tú, ente eterno subyugado a la nada. ¡Qué hambre!