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Fotograma de El Puente de los Espías / cinefagos.wordpress.com

 

¿Tal vez sea Spielberg el mejor director vivo técnicamente hablando? Apostaría por ello. Empieza su nueva película con una persecución montada con el suspense propio de un maestro, dejando al espectador clavado en su butaca, absorbido por una situación todavía por aclarar. El montaje, la dirección de la cámara, el ritmo… todo es excelso. Se le podrán reprochar cosas al director norteamericano: la técnica no es una de ellas. El Puente de los Espías, como otras tantas obras de su filmografía, es perfecta en su dirección.

Este thriller de espionaje en plena guerra fría se segmenta en dos partes bien diferenciadas entre sí: la primera hora nos presenta el juicio a un espía soviético en Estados Unidos, cuando solo mentar a Rusia te condenaba a tres años de calabozo. La segunda hora lleva el conflicto a Berlín, y por momentos crees presenciar al mejor Spielberg: qué le ocurrirá con Alemania que cada vez que recurre a ella roza la maravilla.  El nexo de unión entre ambas partes es el personaje de Tom Hanks, recreándose en su papel de buenazo, ese gran tipo dedicado y de gran corazón que haría que Hitler y Stalin se fundieran en un gran abrazo a los cinco minutos de conocerse. Y es que El Puente de los Espías es de marcado carácter humanista: hay sombras, pero priman las luces, pues es Spielberg un director clásico en todas sus facetas, tal vez el último de una estirpe a día de hoy no suficientemente valorada. No es cursi, aunque lo haya sido en alguna vez anterior: pero sí realmente positivo, humano, como sólo el cine de los años dorados hollywoodiense podía serlo.

Se ve con especial agrado su nueva obra y en varias ocasiones podemos ver al Spielberg que nos atormentó con saña en Munich o el que se dispuso a entretenernos con una maravillosa historia en Atrápame si Puedes (Infravaloradísima película, vive Dios), y no queda sino celebrar tal retorno de forma. Es una lástima que el desorbitado metraje, que supera los 135 minutos, acabe desluciendo la intriga que nos ha formado. Sería completamente perdonable, no en vano es Spielberg quien dirige, si no fuera por su final desangelado, lleno de los tics que tanto defenestran sus detractores, sin la tensión que había caracterizado al resto de la película. No es un mal final, pero uno esperaba fuegos artificiales que dejasen el mejor sabor de boca posible. Alguien que regala una apertura tan intrigante y apasionada puede aportar un clímax más emocionante, y mucho menos naif.

Queda la duda de qué hubiera hecho un director más cruel con el guion de los hermanos Coen, puramente testimonial y prácticamente sin pautas de su propio estilo.  El Puente de los Espías tal vez no nos devuelva al Spielberg de La Lista de Schindler o Encuentros en la tercera fase, pero sí al de inicio del siglo XXI, aquel que seguía comandando con mano firme el cine americano. Durante dos horas, El Puente de los Espías nos entrega un ejercicio de intriga con el marcado carácter humanista del director, que llena de tics spielberguianos una película técnicamente perfecta, realmente entretenida durante la mayor parte de su metraje, y con varias escenas de gran calibre que recuperan la chispa de uno de los directores más distinguidos de Hollywood. Lástima que su final, correcto y mundano, desluzca el regreso de un dinosaurio al que hay que admirar, no sólo por su maravillosa filmografía, sino por ser uno de los últimos representantes de un cine en peligro de extinción.

DreamWorks Pictures/Fox 2000 Pictures' BRIDGE OF SPIES, directed by Steven Spielberg.

Imagen: FOX