Larra´s Revenge

 

El tipo entra en clase y empieza a contarnos bazofias sobre un programa de radio por entregas que quiere hacer. Capítulos de cuarenta y cinco minutos, una auténtica porquería. Todos le siguen el juego, luego intentan darle la razón, aunque pobremente, claro. Le tienen miedo. Alguno le dice que la idea es una tontería. Aunque, en realidad, sólo es su mismísimo fetichismo, absurdo y pedante de siempre. Le miro a la cara. Como los hombres de verdad. La violencia no justifica los medios. La violencia no explica nada. Otro día dice que quiere que alguien le haga un trabajito; es decir, que busca un negro que le haga sus guarradas y que luego él, con mucho orgullo, lo pueda firmar. Un tipo que quiere intimidarnos. Como alguien que yo me sé, que para que, según decía, yo reaccionara me daba una hostia en la boca. Que decía que no me sabía el 7×7; en fin, familias, qué se le va a hacer. Y que encima, después de toda esa sudorosa humillación, le demos las gracias al Señor Profesor. Me entra esa risita estúpida que tengo siempre. Ya verás, pobrecito mío, ya verás. Te voy a enseñar a respetar a Mariano José de Larra. Me has despreciado como la mierda lo de Larra, cómo me ha jodido esa estupidez. Encima que os lo cuento con amor, con pasión, intentando inspiraros algo de esperanza en un mundo de desesperanzas… para la mierda de profesores que os tocan, va el tipo éste y me da semejante hostia en el hocico. Que si no sé qué, que si ésto es inadmisible. Tiene gracia, toda una vida estudiando como un condenado para que luego uno no puedan admitir algo que es genuino: que arde por sí mismo. Yo enciendo cerillas para inhalar el humo. No se le debería temer al fuego, ni tampoco marginarlo. Acaso algo de Respeto.

El profesor se ha puesto de gracioso ídolo cómico. Gesticulando y meneando las manos. Y me ha entrado un asco sublime. Te he imaginado tocándote la polla como si fueras un gamberro de 16 años, de esos que se sienten importantes por ser sarcásticos y abusar de los más pequeños. Me has hartado, mamonazo. Te lo había jurado, Oh Señor Profesor. Te lo había jurado y nunca perdono la falta de respeto. La otra vez hiciste llorar a una chica porque simplemente te salió del higo. Y me corroe la sangre, niñato. Me arde la injusticia. No lo vuelvas a hacer. Es más. Ya que estamos, obedece al jovenzuelo:

¡Oh Monsier Sans-délai, lo ha hecho usted muy mal (Socarrón y vulgar) ¡Oh, lo siento mucho mucho mucho, amado mío, lo siento! ¡A su cuarto, castigado por ser maleducado! ¡No, Papa Sergei; no, por favor, no, no, no! ¡Juan Francisco que te pego con el cinturón! (Rostro triste. Parece que quiere llorar) Está bien, joven profesor, está bien. ¡Perdone mi ofensa! ¡En la vida, bestia! ¡¡¡POR FAVOR!!! En la puta vida, bestia. por favor… Baile para mí. ¡Nunca! Qué baile, bestia. ¡¡¡Voy, voy, voy!!! (El Señor Profesor se pone a gesticular algún tipo de danza latina, menea los brazos, parece feliz, aunque también parece un perrito moviendo las patitas. Un perrito que rió) Y ahora lárguese. ¡Sí Señor Alumno, sí! Qué se largue bestia. ¡Jolín, no me grite! ¡LÁRGUESE BESTIA! ¡¡LÁRGUESE BESTIA!! ¡¡¡LÁRGUESE PUTA BESTIA!!! (Obedece. Y se va inmediatamente. Paradero desconocido)

Me dice que no hago un buen trabajo. ¿Dónde queda mi humilde y lastimado amor propio? ¿Que no soy un dandy, dices? Cuando puedas jugar con navajas afiladas mientras fumas un cigarrillo y encima no despeinarte sabrás lo que es un dandy del siglo veintiuno. Pero un tipo que se viste con ropa del Corte Inglés sólo porque es lo mejor, acribilla a sus alumnos con huevonadas que no van a ningún lado y que luego no admite que ha metido la pata sólo es un cobarde. Un jodido pussy. Luego le he gritado que tengo un trabajo de la puta madre de quince páginas, lo mejor que en su putísima vida va a leer, se lo he mostrado, que si lo quiere, –señalo con el dedo– allí está. En el borde de la mesa. El Señor Profesor se ha asustado. ¿Quieres saber lo que de verdad es el respeto? Yo te voy a enseñar.

Llevaba dos días sin dormir, con la adrenalina por las nubes, temblando de frío y con los ojos focalizados en vórtice. Yo te lo dije, papaito, yo te lo dije y tú te callaste como una puta y luego fingiste que tenías poder sobre nosotros. Te he hecho preguntas sinceras, llenas de amor y curiosidad; y lo único que has podido hacer ha sido responderme obviedades, o en el mejor de los casos, intentar ponerme en evidencia, algo así como ¿qué preguntas más estúpidas me haces, no, Sergio, querido? Pero la verdad es que no tenías ni puta idea de qué responder. Has intentado tomarme el pelo y eso no está nada bien, muchachito mío.

Le he interrumpido nada más empezar a contarnos sus porquerías sobre el libro de un señorito amigo suyo que escribió algo. Le lames los huevos al Poder, como todo inútil amargado y resentido que se mete a profesor. Y luego dices que los niños de segundo de carrera son bazofia. ¿Te das cuenta lo puto mala persona que eres? ¿Cagándoles las esperanzas con tu humor estúpido? ¿Acaso no tienes amigos que te rían las gracias, maldito infeliz? Lo que te voy a decir te arderá en el alma, vas a estar llorando más que esa pobre desdichada.

Y eso que te respetaba, jodido bastardo. Y eso que te admiraba por todo lo que sabías, y que hasta te apreciaba porque podíamos conversar al mismo nivel. Pero luego, conmigo, la has cagado; pero a fondo. Has metido la pata en el culo de todos los niños de NUESTRA Patria; y luego has fingido que no ha pasado nada. Que por qué te interrumpo dices: «Perdóneme usted, oh, Señor Profesor; perdóneme usted, no me diga que soy uno de esos desafortunados alumnos a los que le ha suspendido la exposición de Personajes Literarios –¿POR QUÉ ME INTERRUMPE USTED? Y sí, Sergio, es evidente que eres de esos, te he suspendido porque sólo has repetido lo mismo que he dicho yo. Tu trabajo no vale nada– No, viejo mierdas, ni de coña. Entiéndeme bien una cosa, en tu puta vida, en los años que llevas dando clases, NADIE te va a hacer una exposición de Larra como la que te he hecho yo. Nadie, ¿y sabes por qué? Porque ellos sólo te van a vomitar la primera bazofia que encuentren en La Red; y en cambio yo, te hablo del concepto entero de lo que era la Literatura de Mariano José de Larra. Una molestia que nadie querrá soportar. ¿De verdad te parece justo que eleven a la máxima potencia a los que hacen un trabajo mediocre y de mierda; y que luego, a los que nos partimos el puto culo en la oscuridad de un cuchitril hediondo, pasando frío, llevando días sin dormir y sin comer sólo para ofrecerle al mundo lo mejor de su estirpe le digamos que su trabajo no vale una mierda sólo porque no te parece un buen trabajo? ¿Te hace gracia ser profesor, verdad? Te la pone tiesa tener el poder de suspender o aprobar a alguien sólo porque te da la gana. No, niño, no me van a tomar el pelo otra vez. Estoy harto que a los que te dan algo de verdad los anules sólo porque te da la gana. Por cosas como esas algunos artistas se volvieron locos. Y otros erradicaron a casi media Europa Occidental».

Me ha ignorado. Pretendía demostrar su autoridad. Sólo me ha tocado esperar paciente. A veces soy un gran estratega. Otras, simplemente, me precipito al vacío. Siempre estoy al borde del colapso, eso lo sé. Sé que soy pura autodestrucción. Tampoco le tengo tanto aprecio a mi vida, porque sé que en realidad, no vale nada. La vida no vale nada si vas a estar con miedo a que un inútil te suspenda. Y no me apetece tener que vivir de rodillas toda mi existencia sólo porque es lo que me dictan. A mí nadie me dice qué hacer; y sobre todo, a mí no me tuerce la voluntad un miserable imbécil como éste. Al menos sé reconocer a los tipos que ofrecen algo a sus alumnos. No me parece moral, ni ético, ni divertido, ni hermoso; ni nada de nada. No quiero que por culpa de un gilipollas, gente que pueda hacer algo grande se quede estancado y a mitad del camino. Oh, por favor, no me faltes el respeto así. Que voy a jugar rudo.

Me sonrío salvaje. Gruño como un demonio. Un halo de maldad sale de mi estómago, mis tripas chillan, y mi lengua serpentea. Soy el Infierno de Dante. Después de su exposición de mierda nos dirá algo así como que en su espacio dice lo que quiere. Me sonrío furioso. Te voy a destrozar. Si vierais los ojos de esquizofrénico que tengo. Que dice el Señor Profesor que tenemos que jodernos y aguantarle su porquería porque «ÉL» es el profesor. Vamos a jugar como los hombres. Un duelo de verdad. Cara a cara. Hocico a hocico. Sangre con sangre. Alma contra alma. Yo no voy de farol. Yo voy a muerte, chaval.

Se sienta al fondo de todas las mesas, cobarde como siempre, lejos de todos. Sospecha que le voy a hacer daño. Lo ha visto en mis pupilas, ha notado ese fulgor maldito, sabe que no soy yo el que habla, sabe que le habla un ente, un demonio, el Infierno; sabe que no soy Sergei Ivánovitch… porque yo soy Mariano José de Larra. Sabe que el suicida de Mariano José de Larra le va a romper el Cristo en su propia cara. Por faltarle el respeto a su memoria.

En primera fila me giro hacia atrás. Sentándome con las rodillas cruzadas y fijo mi mirada en los ojos del Señor Profesor. Le miro directo a los ojos. Levanto la cabeza con arrogancia. Le miro a los ojos. Él lo nota e intenta no mirarme, pero no puede evitarlo. Está nervioso. No puede creerse lo que está ocurriendo. Mis ojos en tus ojos, clavados como dardos infames. Tus ojos en mis pupilas, recorriendo el desesperado negror de mi alma. Yo sí que te voy a a hacer llorar, Señor Profesor. Vas a conocer lo que se siente cuando alguien no controla su puta lengua. Yo sí que te voy a dejar por los suelos, por ir de Gran Señor Profesor. ¿Cómo que he repetido lo mismo que nos has contado tú sobre Larra? Le miro: y él a mí. Se rasca la cabeza, suda. Se coge el hombro, gime. Se coge el cuello, jadea. Tiene calor. Y yo ardiendo en fiebre. Con la ropa más sucia del universo. Con un jodidísimo chándal de marginado social, el pelo sucio, y legañas. Decidme algo después de haber recogido basura de la calle para probarme que soy hombre. Decidme algo después de haber dormido en los asientos de los vagones sólo para no ser un indolente más. Tengo el alma rota. Y tú te vanaglorias de semejante crimen: y lo recuerdas, como un vicioso y arrogante asesino. Yo no te voy a dejar salirte con la tuya. Hacer llorar a una chica sólo porque era tu momento cómico. Jodido infeliz. Hacer llorar a una chica. ¡HACER LLORAR A ALGUIEN NOBLE! ¡ALGUIEN QUE NO ES COMO YO! ¡¡¡ALGUIEN QUE NO ESTÁ PODRIDO DESDE DENTRO!!! Te tengo sujeto de los genitales, maldito enfermo. Y no te me vas a escapar. Voy a arrancarte las patas, una por una, como si fueras un inmundo insecto.

Antes de que el profesor entrara en el aula les he preguntado a toda la clase que si tenían un cigarrillo. Y los muy maricones me han dicho que no, que no fuman. Me ha hecho mucha gracia. Maricones hediondos en tabaco, sois unos jodidos maricones mentirosos. Sabéis lo que voy a hacer. Sabéis que os estoy salvando el maldito y jodido culo y no tenéis ni un ápice de dignidad de ofrecerle a un suicida como yo un putísimo cigarrillo. Me habéis jodido el momento de la victoria. Y yo que pretendía, después del discurso incendiario, ponerme de pie, delante del mismísimo hijo de puta éste y encender mi maldito cigarrillo. Que vea lo que es la verdadera Literatura y no esa bazofia que tanto admira, que intentar rescribir a un clásico del XVIII dice, el muy subnormal. ¿De qué coño vas, colega, de Intelectual? ¡Tú en la puta vida vas a ser un literato, hijo de la grandísima…! ¡Nunca podrás! ¿Y sabes por qué? ¡Porque no tienes huevos de ofrecerle una caricia a alguien que está sufriendo! ¡Porque lo único que hiciste fue hacerla llorar, jodido enfermo! ¡Yo sí que soy un literato; imbécil! ¡Y los premios nobel me los paso por el forro de mis jodidísimos cojones!

Una chica empieza una exposición sobre algún tipo. Y va el Señor Profesor, y se pone a rememorar, entre sonrisas y arrogancia la exposición sobre Galdós. Me sonrío. Hijo de puta. Cómo te gusta vanagloriarte. Yo con los labios llenos de odio le pronuncio su nombre. Se ha acojonado. Mis ojos son el Infierno. Sonrío un poco más y levanto la mano. Let´s go, fucking pussy

Todos me miran como si les faltara el respeto. Os lo digo ya: ¡SOIS IMBÉCILES! ¡VENID A MÍ A MATARME Y YO OS DARÉ CON LOS PUÑOS DESNUDOS! No tenéis ni idea de lo que es el respeto. Os estoy salvando el culo, para que éste inútil no os joda el amor por el Periodismo. Os estoy salvando el culo, imbéciles presuntuosos, porque si no le paro los pies a éste esperpento, ahora que estamos empezando os va a volver unos resentidos como yo. ¡Os va a volver la puta mierda que ahora mismo soy yo, jodidos maricones! Y encima me decís que soy un tipo muy maleducado…

Cuando he atacado al profesor, una chica, con piercings, y el pelo rojo eléctrico me ha gritado que le estoy jodiendo la exposición a otra chica. ¡Qué no tengo respeto, qué coño haces, imbécil! Y me han entrado, de golpe súbito, entre espasmos enfermizos y canciones de guerra unas ganas tremendas de follármela. Como una bestia. Jodido Jesucristo. Qué muchacha. Qué muchacha. Con esos putos ojos llenos de furia. ¡Dios Santo! ¡Una mujer de verdad! Deberíamos cabalgar toda la puta noche. Follar hasta que se te irrite el alma. Arrancaría tu ropa de moderna con mis putísismos puños. Asfixiarte mientras te embisto. Joder y joder y joder. ¡Quiero joderte y joderte! Quiero joderte, mal nacida. Quiero joderte a lo bestia. ¡Te arrancaría ese piercing con los colmillos! Iría a tu sucia casa y diría: «Hola, zorra, he venido a joderte» Y que se te caiga la arrogancia al suelo, que te bajes los pantalones, mirándome a los ojos; y las bragas se te mojen. Que empiece a latir tu «v» floral y que tus rodillas tiemblen. Que tus pezones se endurezcan y que yo sienta todo tu desprecio en mi cara. Que te corras mientras tiemblas asustada.

Así que le he dado la espalda.

Antes que siga haciendo el ridículo.

Menudo estómago, chica, menuda egolatría más deliciosa. Me apeteces tanto, qué morbo, muchacha mía; me apetece empujarte contra la puta pared y follarte de espaldas. Que toda la clase muera de la impresión, que vean cómo me lo monto contigo. Que se recreen en nuestra unión salvaje. Que te retuerzas sobre tus talones y jadees: ¡Dios, Sergei, ¡Dios, Sergei! Dios Santo, sigue por favor; no pares. No pares… Dios Sergei; ¡Dios!, ¡Dios!, ¡Dios! Quiero follarte mientas el profesor llora frustrado; y que la gente entera tenga ganas de salir corriendo. Dios Sergei; Dios, Dios, Dios: ¡fóllame!, ¡fóllame!, ¡fóllame! Porque, chica, a ti sólo te han follado mierdecillas. No un hombre de verdad. Y me río, claro que me río, cómo coño no me voy a reír si tus labios me insultan salvajes y en tus ojos sólo veo agónico deseo. En tus pupilas una chispa que te impulsa a odiarme. Y sin embargo, sólo quieres follarme, y eso se huele. Se nota en el ambiente. Nunca en tu vida vas a ver a semejante hijo de puta retar a un profesor en su propia clase. Nunca volverás a ver un duelo de miradas como éste. Es un hecho completamente insólito. Nadie tiene el valor suficiente cómo para cruzar el umbral de la locura.

El profesor ha intentado provocarme: «¿Qué te pasa, Sergito? ¿Estás triste porque te he suspendido?» Me ha hecho tanta gracia, qué tarado más entrañable. Si hasta te voy a coger cariño, maricón. Pero he tenido que ser rotundo. Le he contestado que me parece de muy mal gusto que me haya suspendido, obviamente. Y el muy torpe me responde que entiende que esté enfadado, que me calme… No tienes ni puta idea, si a mí lo que me enfada no es el suspenso, sino que le jodas las esperanzas a los niños, ¿a mí, tu suspenso, mariquita? A mí me la suda, yo sé lo que valgo. «Comprendo, Sergio, comprendo que estés muy enfadado; cálmate, cálmate» –No, chico, no estoy enfadado, si a mí me da igual. Yo soy de hierro; pero lo que no puedes hacer es humillar a una persona sólo porque te aburres, o sólo porque te de la gana. Te crees que te tenemos miedo, que nos puedes acojonar y que luego vamos a caer a tus pies porque eres tú el que tiene cogida a toda la clase por los pelos. Yo quiero mi diez; jodido baboso. Y si no lo tengo, colega, si no lo tengo es mucho mejor para mí, el que va a terminar perjudicado eres tú, ¿sabe usted por qué Monsier Sans-délai? Porque, nené, yo sé lo que tengo entre manos. Y lo sé con tanta rotundidad que te vas a poner a llorar en las esquinas por intentar reírte del Grandísimo Sergei Ivánovitch. ¿Qué cojones es esa mierda de que tenemos que darte una pata de jamón, unos bombones de chocolate; o escribirte una poesía para que puedas aprobarnos?

¡ALUMNO, ÉSE TONO NO ES EL CORRECTO!

No, Seño Profeor; el tono SIEMPRE es el correcto

¿Qué coño te pasa por la cabeza, nauseabundo profesor de mierda? ¿De verdad puedes suspenderme sólo por insultarte? ¿De verdad es una falta de respeto insultar a alguien, cabronazo de mierda? Para nada, hijo de la grandísima puta. PARA NADA. Tienes muy confundidos los conceptos. Tú no sabes lo que es El Respeto. Tú no sabes respetar a nadie, colega. No sabes ni siquiera lo que es amar a la humanidad cuando sólo sientes que la odias. Tú no sabes lo que es el amor, porque sólo nos odias. Tú no sabes lo que es tener el poder de ser un exterminador y aún así contener tu estómago para no mancillar la belleza del mundo… Tú no sabes nada de la vida. Y sobre todo, mierdecilla mía, fíjate ahora quién de los dos tiene respeto. El Señor Profesor o Sergei Ivánovitch. Fíjate quién tiene todo el poder sobre la clase entera. Yo y sólo yo. Te lo digo otra vez: ¡YO Y SÓLO YO! Nadie más, muchacho mío. Nadie más, jodido abusón escolar. Nadie más, Jodidísimo Señor Profesor.

Y sabes una cosa, yo, en ningún momento te he faltado el respeto. ¿Me vas a venir ahora con semejante hipocresía? ¿Qué te crees, que tenemos quince años? ¿que somos ratas acojonadas, suspendidas de los pelos de los cojones y que en cualquier momento nos vas a cagar la mente? No, niñato; no. No me vuelve a pasar ésto a mí en la vida. ¿Te enteras, muchacho? A ver si me pongo más bestia y te rompo todo el poco amor propio que te queda. A ver si me emputo de verdad y terminas lisiado de por vida.