ALICANTE (AGENCIAS), 04-04-2000. José Rabadán, el joven de 16 años que presuntamente asesinó a sus padres y su hermana el pasado sábado en Murcia con una espada de «samurai», confesó ayer a la Policía que la matanza era parte de un «juego de rol». Siempre según fuentes del caso, se trata del popular videojuego «Final Fantasy», del que se han hecho ya ocho versiones diferentes. Desde un comienzo, la Policía sospechaba que el triple asesinato pudiese estar relacionado con este juego épico, ya que el protagonista, «Squall, Corazón de León» porta como única arma una espada similar a las de los samurais.”

Dentro de lo macabro y lo desinformado de la noticia anterior, podemos ver un ejemplo de un tema que sigue dando de qué hablar más de quince años después: ¿Generan violencia los videojuegos?

Hay algo que es cierto: gracias a la exposición masiva a los videojuegos que personas de todas las edades han estado viendo durante los últimos años, el tema se ha enfriado un poco. Sin embargo, los medios más conservadores no dudan aún en culpar rápidamente al medio si la situación lo requiere.

¿Qué hay de cierto en todo ello? Veamos. Un reciente estudio de la APA (American Psychological Association) indica que un 90% de niños americanos juega, y que, siendo un 85% de juegos en el mercado violentos, se puede ver una relación entre los términos. Sin embargo, hay que mirar el estudio con lupa: esos 85% de juegos violentos incluyen violencia fantástica, como Mario saltando encima de un Koopa. Además, los juegos que incluyen violencia realista están clasificados como no aptos para menores, lo cual indica que hay una desinformación por parte de los padres, los cuales deberían pensarse dos veces si lo nuevo de Rockstar es indicado para su hijo de 9 años.

Otro estudio, realizado en la universidad de Stetson, Florida, comparaba el consumo de videojuegos violentos con el número de crímenes realizados por jóvenes cada año, asegurando que, si bien no significa que cuantos más videojuegos con contenido agresivo existan menos violencia infantil habrá, los dos ámbitos no demuestran relación alguna.

A pesar de todo, la creación de contenido violento ha aumentado en los últimos años, por lo que algunos desarrolladores han decidido desmarcarse de esta tendencia para crear experiencias frescas y que pillen por sorpresa a todo el mundo.

Tal es el caso de Undertale, un juego que, en cuestión de semanas, ha adquirido una fama sorprendente, quizá por la sencilla descripción que acompaña al juego en Steam: “El RPG donde no tienes por qué matar a nadie”.

Trataré de explicarlo todo sin spoilers, puesto que una de las cosas que hace bueno al

juego es la capacidad que tiene de pillarte por sorpesa. Undertale es un RPG que mezcla el espíritu más canalla de Earthbound, con un diseño quizá extraño al principio pero que acaba formando parte de la gracia, unos diálogos originales con su manera personal de reventar la cuarta pared, y un sistema de combate que recuerda más a un juego de naves que a un juego de rol como tal. A ello se le suma un gran trabajo con el sonido, con una buena banda sonora y temas muy variados.

El humor del juego es la nota más alta, presentando una incontable cantidad de situaciones disparatadas que no consiguen hacerse repetitivas gracias a los rapidísimos cambios de registro del juego, que es capaz de alternas escenas graciosas con momentos épicos o dramáticos en cuestión de segundos. La unica pequeña inconveniencia del juego es que está completamente en inglés (intraducible por la cantidad de juegos de palabras),

Por otro lado, la parte mas novedosa e importante del juego es el sistema de combate. Así, cada criatura que encuentres en Undertale tiene su propio comportamiento y forma de ser, y tú eres el encargado de hacer que los monstruos se hagan tus amigos y te dejen en paz, o cargartelos directamente, mientras que en el turno del monstruo, deberás esquivar sus ataques… Todo lo demás deberías descubrirlo por ti mismo. Un consejo: intenta leer lo menos posible en internet acerca del juego. Cuanto menos sepas, mejor será la experiencia.