Indudablemente, Pink Floyd es una de las bandas más interesantes que ha dado la música del siglo XX. A raíz de una discusión interna en el seno de Caverna Gráfica, se nos ocurrió repasar la carrera de una de las bandas capitales de la música británica, empezando por sus inicios psicodélicos, pasando por la época de transición experimental y folk hasta llegar a la época dorada del grupo: los 70, donde el rock progresivo les entronó como reyes del género. Finalmente Pink Floyd se convirtieron en uno de los muchos dinosaurios eternos del rock hasta su separación en 1994, pero el legado de la banda es inolvidable.

En la primera parte de nuestro exhaustivo análisis de la discografía de Pink Floyd tocamos las dos primeras épocas de la banda: la psicodélica, de su álbum debut The Piper of the Gates of Dawn y su continuación A Saucerful of Secrets; y su etapa de transición, que ocupó los discos More, Ummagumma y Atom Heart Mother. Desde los primeros compases de su álbum debut se puede escuchar como la calidad a Pink Floyd les sobraba, ya fuese con el genio de Syd Barrett a la cabeza o con el tándem más equilibrado que su formación clásica con David Gilmour sustituyendo a Barrett. Ahora, poneos cualquiera de los discos aquí mencionados y disfrutad de la lectura.

 

The Piper at the Gates of Dawn (1967)

Cuando dos o más incondicionales de Pink Floyd se ponen cómodos y empiezan a debatir acaloradamente sobre un hipotético ranking de discos, las quinielas son, cuanto menos, variadas. Todo el trabajo de la banda, prolífico desde hace 40 años, tiene admiradores a través de las muchas fases por las que pasó la formación. Sin embargo, hay un punto oscuro que ha sido olvidado por muchos y exaltado por otros tantos. Los inicios de la banda se remontan a los 60, con un icónico Syd Barret a la cabeza y una propuesta muy distante a la que les llevaría al estrellato a mediados de la década posterior.

Lo cierto es que The Piper of the Gates of Dawn, primer largo de los ingleses, se enmarcaría en un año, el de 1967, tocado por la varita mágica de la excelencia creativa. Pink Floyd comenzaría su catálogo con un disco trepidante y bastante diferenciado respecto a sus obras más maduras. Astronomy Domine resulta un comienzo prometedor. Potente y agresiva, la propuesta de los británicos se logra enmarcar dentro de la psicodelia más pura que, a mediados de los 60, explotaba en los oídos de todo amante del rock. A diferencia de los Beatles o de los Beach Boys, por citar dos referentes contemporáneos, Pink Floyd jugaba con los teclados y las guitarras para formar melodías más oscuras y misteriosas. Barret tenía muy presente en su cabeza la fórmula del pop que buscaba: encendido, sugerente y siempre cercano al mal viaje.

En conjunto, The Piper at the Gates of Dawn logra juntar un puñado de canciones memorables y de bella factura. Así, Lucifer Sam, Matilda Mother o The Gnome echan mano de coros desquiciados —muchas veces, susurros amplificados— y de historias de brujas, hadas y ácido. Las letras de Barrett, bailando entre lo onírico y lo irreal, son notables y ofrecen mucho juego durante los 40 minutos de disco. Asimismo, los dos cortes en los que participó todo el grupo, Pow. R Toc. H. e Interestellar Overdrive, resultan dos jams antológicas. El grupo se encerró en Abbey Road y dejó fluir la magia, creando dos joyas de la improvisación y dando libertad a la formación en los múltiples directos que ofrecieron para promocionar el disco.

Para desgracia de muchos, el idilio de Barrett con Pink Floyd no se sostendría durante mucho más tiempo. No obstante, y sin valorar el futuro de ambos por separado, The Piper at the Gates of Dawn no tardaría muchos años en dejar poso y confirmarse como uno de los trabajos más interesantes de la psicodelia del momento. Un álbum lleno de personalidad y voz propia, un debut extraño y atrayente repleto de grandes momentos sobre los que volver una y otra vez. Oscar Pandiello.

YouTube Preview Image

 

A Saucerful of Secrets (1968)

Podríamos imaginar que cuando el pilar maestro de una banda de rock cae sumido en la locura y su talento creativo se torna en demencia, lo más probable es que la trayectoria de la formación se vea, cuanto menos, afectada. Syd Barret, haciendo oídos sordos a los que le aconsejaban volver a poner los pies en la tierra, sucumbió a su pasión por el LSD y su ya inestable equilibrio mental quebró para siempre. Mason, Wright y Waters, convencidos de su talento como músicos, decidieron dejar a un lado a su líder. La decisión, dolorosa pero necesaria, cambió para siempre el rumbo de los londinenses, ya que el elegido para sustituir a Barrett en la guitarra fue David Gilmour, un  viejo amigo suyo.

A Saucerful of Secrets, por tanto, llegó un año después del debut, manteniendo algunas reminiscencias previas pero marcando una diferencia estilística respecto al pop de Piper. Let There Be More Light abre el disco mostrando alguna de las señas de identidad que abrazaría la banda en el futuro. Con tintes más progresivos y un sonido menos infantil, la banda consiguió crear mecanismos más complejos y multitud de atmósferas lejanas y espaciales. No en vano, este segundo trabajo fue fundamental para que en el futuro se desarrollaran nuevas ramas del rock como el stoner o el propio space rock.

Como muestra de ello se presenta Set the Controls fot the Heart of the Sun, tercer corte del álbum, y que se ha convertido por méritos propios en uno de los temas más monumentales de la banda. La batería tribal de Mason abraza el susurro de Waters conforman un viaje sosegado hacia las entrañas de un astro lejano, un salto sustancial respecto a los trabajos previos, menos ambiciosos y más centrados en lo inmediato. Asimismo, la canción que da nombre al disco es un ejercicio interesante de rock experimental, una suerte de bajada a los infiernos, regreso, y culminación divina en apenas doce minutos. Cabe destacar su magnífica versión en directo, tres años después, bajo la imponente mirada del anfiteatro romano de Pompeya.

Barrett siguió con proyectos en solitario, más orientados al folk, mientras que sus anteriores compañeros decidieron seguir  evolucionando su sonido propio, evolucionando y gestando algunas de las mayores obras de la historia del rock. Jugband Blues cierra el disco y también la etapa del cantante y guitarrista con su propia banda. A modo casi de homenaje, en este punto y final se aprecia la única aportación de Barret al disco, cercano a lo visto en The Piper at the Gates of Dawn y dejando para el recuerdo algunos versos relativos a su propia enfermedad. Oscar Pandiello.

“I don’t care if the sun don’t shine // And I don’t care if nothing is mine […] And what exactly is a dream // And what exactly is a joke…”

YouTube Preview Image

 

More (1969)

More, banda sonora de la película del mismo nombre de Barbet Schroeder, es un disco menor dentro de la dilatada discografía del grupo, pero no por ello deja de ser un buen disco. En general en esta banda sonora compuesta por trece canciones inéditas del grupo nos encontramos con un eclético mix ubicado entre los primeros pinitos de Water con el folk psicodélico, el hard rock, el jazz y el rock psicodélico de su primera época. En cierto modo More es un disco más irregular y menos cohesivo que el catálogo de la banda en los 60 y 70, pero es indudable que se trata de un trabajo muy disfrutable y con canciones realmente potentes.

The Nile Song e Ibiza Bar nos introducen a unos Pink Floyd más cercanos al hard rock y al heavy metal que empezaba a aflorar en la escena musical británica en estos años, unos estilos que dejarían de lado posteriormente y que volverían en The Wall, pero mucho más alejados de la faceta psicodélica inicial de la banda. Mientras tanto, Up the Khyber y Main Theme son dos temas influidos fuertemente por el jazz, otro palo del que Pink Floyd se alejarían posteriormente. Sin duda el elemento al que más importancia le daría Pink Floyd en sus próximos álbumes (hasta Meddle) sería el elemento folk, que nos dejarían canciones como Green is the Colour (que versionaría un grupo fuertemente influido por los Pink Floyd de esta época como son Woods) o Cirrus Minor, que combinaba de gran manera el folk y la psicodelia espacial de los dos primeros álbumes de la banda.

Junto con estos temas se unían experimentos en otros estilos como More Blues que no pasarían de anecdóticos. Sin duda, se puede decir que More, aparte de ser una banda sonora para una película, es la banda sonora que relata la situación de Pink Floyd tras la partida de Syd Barrett: la de un grupo buscando su propia identidad y sonido, que no sabía por dónde tirar pero que seguía manteniendo un respeto y una calidad indudables, lo que les permitió salir de su periodo más vanguardista y experimental tras Atom Heart Mother sin haber perdido la credibilidad que les caracterizaba. Solo tras Animals, en plena grabación de The Wall, Pink Floyd volverían a entrar en una crisis creativa mayor de la que caracterizó este periodo. Darío Blanco.

YouTube Preview Image

 

Ummagumma (1969)

Es complicado hablar de un disco como Ummagumma, lanzado en plena época en la que ni la propia banda sabía con qué pie debía salir del embrollo compositivo en el que se habían metido tras despedir a Syd Barrett. Así nació Ummagumma, mitad directo mitad disco de estudio donde se nos muestra a los Pink Floyd en su faceta más experimental, alejándose completamente de los cánones de sus dos primeros álbumes en la parte del estudio, y dando rienda suelta a su creatividad, mientras mostraban una solidez para seguir tocando sus viejas piezas de rock psicodélico en la parte del directo como si siguiesen siendo la misma banda de rock psicodélico que siempre habían sido.

Ummagumma es sin duda, el disco más difícil de la banda. Combinando directo y estudio nos da el disco más largo de la banda, y los temas inéditos no son canciones, si no piezas vanguardistas donde Pink Floyd decidieron poner su capacidad experimental por encima del deseo de crear buenas canciones. Así, separaron el disco en cuatro piezas individuales para que cada miembro diese rienda suelta a su capacidad compositiva. El disco de estudio lo abre Sysyphus, una pieza de teclados y batería dividida en cuatro partes en la que Richard Wright juega con los efectos de sus instrumentos y con los crescendos tenebrosos. Roger Waters nos deja la que probablemente sea la única canción “verdadera” del álbum, Grantchester Meadows, una balada de ese folk psicodélico que había introducido en More, y que explotaría a lo largo de los años. Para cerrar la cara, Waters nos dejaba un experimento casi insufrible llamado Several Species of Small Furry Animals Gathered Together in a Cave and Grooving with a Pict, que aunque este a nombre de la banda no merece mucha atención.

Finalmente, David Gilmour y Nick Mason se reparten las dos últimas piezas de la banda para exhibir sus habilidades en sus respectivos instrumentos. En The Narrow Way vemos a Gilmour jugueteando con sus habilidades guitarreras desde el folk hasta el hard rock, mientras que The Grand Vizier’s Garden Party es básicamente un solo de batería de Nick Mason apoyado en teclados e instrumentos acústicos. Pese a que el disco de estudio no es gran cosa comparado con la grandísima discografía del grupo, aún nos queda el directo, que rescata cuatro temas de su primera época (Astronomy Domine, Set Controls for the Heart of the Sun, A Saucerful of Secrets y Careful With that Axe, Eugene) que nos muestran que la leyenda de la potencia y habilidad de Pink Floyd era más que cierta. Darío Blanco.

YouTube Preview Image

 

Atom Heart Mother (1970)

Las intenciones que tenían Pink Floyd tras su quinto disco, Atom Heart Mother, estaban bien claras: huir de una vez por todas del género del rock espacial en el que se les había encasillado desde sus inicios tocando en los clubes de Londres bajo la imagen de Syd Barrett. Como se dijo antes, Ummagumma les había abierto el camino hacia una perspectiva mucho más influenciada por el folk y la música vanguardista y experimental, pero la inclusión en el mismo del disco en directo, junto con algunos aspectos de los temas de estudio del disco, seguían atando a Pink Floyd a la psicodelia espacial.

Así, la banda concibió Atom Heart Mother como una bajada a tierra, tanto musical como lírica y temáticamente. Los pastorales pasajes a los que Roger Waters cantaba en Grantchester Meadows vuelven en If, pero también impregnan a Gilmour con la mítica balada Fat Old Sun. También hay un retrato de algo más cotidiano como es el desayuno, protagonista de Alan’s Psychedelic Breakfast. La temática espacial se alejaba del grupo para no volver (o volver en muy contadas ocasiones en la época final del grupo), y Pink Floyd afianzaba su transición que llegaría hasta el disco que cambiaría la banda por completo, Meddle.

Sin embargo, sería injusto empequeñecer la importancia de Atom Heart Mother. La pieza central, Atom Heart Mother Suite, es un tema potentísimo, donde Pink Floyd juegan a algo a lo que no estaban acostumbrados: llevar el ritmo de una pieza donde la orquesta y los coros eran los protagonistas. Con ello, nos dejaron uno de los mejores temas (o más bien vista su longitud, obra) de la banda en la época de transición. El resto del disco mostraba a un grupo intentando buscar su sonido en una época difícil, desde las anteriormente baladas folk If y Fat Old Sun al pop que parecía directamente sacado de los Beach Boys más Pet Sounds de Summer 68’. Cerrando el disco, el tema más experimental de todos, Alan’s Psychedelic Breakfast, que quedaría como último vestigio de la época más experimental y alocada de la banda. A partir de ahora las reglas cambiaban. Darío Blanco.

YouTube Preview Image