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I catch a paper boy
But things don’t really change
I’m standing in the wind
But I never wave bye-bye
But I try, I try
There’s no sign of life
It’s just the power to charm
I’m lying in the rain
But I never wave bye-bye
But I try, I try

En una de las ensoñaciones que sufría Guido Anselmi, ese personaje interpretado por Marcello Mastroianni que desnudaba el alma de Federico Fellini en su película 8 y ½, se recreaba en un harén donde convivían todas las mujeres por las que había sentido algo en su vida, sus amantes y demás historias íntimas, vividas o no. Este particular serrallo estaba comandado por su mujer Julia, que si bien en la vida real no entendía la promiscuidad de su marido, en la ensoñación decía haber comprendido al fin esa necesidad de Guido por buscar continuamente el galanteo y la belleza. El harén estaba compuesto de dos plantas y un sótano donde permanecían almacenadas aquellas mujeres que habían envejecido, que con la edad habían perdido la perfección que aporta la hermosura juvenil. En las otras plantas, todas aquellas que se mantenían en plenitud, mujeres conquistadas o por conquistar, un compendio de sueños eróticos del protagonista.

Federico Fellini: 8 y ½ recreaba de forma surrealista las divagaciones propias de un director en una crisis de creatividad. Entre ellas, la pasión del propio director por las mujeres, por lo que utilizaba el film para intentar provocar un acercamiento entre sus pensamientos más recónditos y el espectador, de forma que este pudiera entender su promiscuidad, su gusto por la belleza, su falta de apego en la moralidad de la época, más reticente a los devaneos románticos que la actual. Es curioso como el ser humano, conforme avanza como ser y va adentrándose en un mundo más acorde con su cada vez mayor intelecto, va desapegándose de las convenciones sociales en el arte del cortejo propias de la sociedad de siglos anteriores, para liberarse de tabús en temas de amor y sexo. En un mundo donde cada vez el matrimonio y la monogamia tienen más detractores, ante los ojos de una sociedad común, se ve con más naturalidad dejarse llevar por los instintos primarios que rigen nuestro día a día (y que no atenten ante la vida y obra del prójimo). Es llamativo como nuestro avance social rige en no renegar de aquellas cosas que nos hacen humanos y que no nos diferencian en grado sumo de los animales. Sería antinatural ver a un animal realizando el rito de cortejo propio del siglo XIX o de principios del XX, pero tampoco sería extraño verle de mutuo acuerdo con una hembra para tener relaciones sexuales. El cortejo propio de un vigoréxico en la discoteca de moda podría ser realizado, con sus más y sus menos, por un chimpancé.

Y si bien el cortejo cara a cara ha cambiado considerablemente, no hablemos ya de las aplicaciones que conectan entre sí a todos los que desean saciar su apetito sexual y/o, en menor medida, sus ganas de amar y ser amados. No tengo muy claro qué opinarían los galanes clásicos de herramientas como Tinder, si renegarían de su uso o si por lo contrario lo considerarían como pescar en una atiborrada pecera. En una entrevista de corte liviano, el candidato de Izquierda Unida Alberto Garzón, viéndose preguntado sobre aplicaciones como esta, decía que a través de estas herramientas una persona podía tener contacto con diez aspirantes a la vez sin que ninguna de estas supiera de la existencia de la otra. Algo así como el harén de Guido Anselmi sin que las integrantes de este pudieran verse entre ellas. Claro que no todos los mortales aspiramos a ese grado de degradación, pues nunca va a cambiar la necesidad de parecer medianamente atractivo para cosechar éxito entre el sexo opuesto. En eso sí que las cosas no cambian.

 

Never gonna fall for

(Modern love) – walks beside me
(Modern love) – walks on by
(Modern love) – gets me to the church on time
(Church on time) – terrifies me
(Church on time) – makes me party
(Church on time) – puts my trust in god and man
(God and man) – no confessions
(God and man) – no religion
(God and man) – don’t believe in modern love

 

Tinder es el máximo ejemplo del género. No fuimos pocos los que después de descubrir la existencia de aplicaciones como Grindr (app de contacto para homosexuales) apostamos que una misma idea trasladada a la heterosexualidad tendría un éxito avasallador. No nos equivocamos (y ojalá poder tener una máquina del tiempo para subsanar el error de no haber sido los primeros en ponerse manos a la obra). Tinder reúne todas las características propias de una red social de nuestra época, ya que da la posibilidad de elegir con quien contactar de la forma más superficial y rápida posible: una foto, un nombre, una cara y/o un cuerpo. Si quieres investigar antes de ser contactado únicamente aspiras a una corta descripción por parte del usuario, un par de fotos más (si eso) y una conexión a Instagram en caso de que el usuario así lo quisiera. Y una vez contactado y aceptado, lo habitual: realizar el par de comentarios suficientes para crear una cita.

modernlove2

El último romántico

Esta revolución de la seducción propiciada por la tecnología cuenta a su favor  en nuestro país con dos factores determinantes: en España cada vez hay más solteros (4´4 millones) y el 81% de los españoles cuentan con móvil inteligente. Y la aplicación es muy cómoda. Siempre es positivo que tengamos un mayor número de posibilidades de conectar entre nosotros, y que tu abanico de descubrir gente nueva crezca más allá del círculo propio. Ahora bien, ¿Y si aquella persona con la que pudiésemos tener una afinidad mayor es descartada por no causar una buena impresión? No existe. Tinder será buen lugar para las conexiones espontáneas pero no para aquellas que se cimientan a través de varios contactos, como puede ocurrir en la universidad, en el trabajo, en una lavandería o en un bar. Gente que a priori no se llamaba en absoluto pero que el tiempo acaba conectando. Es evidente que la atracción humana más inmediata es el interés por el físico, pero aplicaciones como esta desdeñan todas las demás, condenándolas a una primera impresión superficial y simplista. Tinder no te concede la oportunidad de una segunda vuelta: todo es jugado a una única baza.

Son malos tiempos para el romántico, apartado por una comunidad cada vez más descreída que ve irreal el amor idealista propio de las películas de Hollywood. Pese a que se mantiene esa idealización como amor romántico perfecto, cada vez son menos quienes lo buscan.  Consecuencias de un mundo cada vez menos predispuesto a ser idealizado: tal vez hayamos llevado hasta las últimas consecuencias que los cuentos de hadas no existen.

(Modern love) – Modern love, walks beside me
(Modern love) – Modern love, walks on by

modernlove

Letra: Modern Love, de David Bowie (del Scary Monsters, 1980)

Imágenes sacadas del artículo “Las 17 mejores formas de decir “Te quiero” en una pared” de VERNE

A la izquierda, un bonus que dignifica la existencia de las aplicaciones de contactos.