Anatoly-Fomenko-7¬Y el tipo dijo :”Al abrir un libro salen a nuestro encuentro, muy ordenadamente, la fila de personajes que lo pueblan. Su flujo es irremediable: A por aquí, B por allá, C estaba en el váter. Es menester de toda narración que un determinado número de sujetos realicen o sean el objeto de una serie de acciones. Con una proposición tan simple se crean marcos, en cuyo interior tenemos la sensación de que se recoge un tiempo, un espacio, en fin, un mundo que se rige por sus propias normas. Este marco habría que pintarlo de oro porque sin él, nadie querría leer ficción. ¿Cuál creéis que es el motivo?”
Una mano oscura se alzó por encima de las cabezas en penumbra; el profesor esperó brevemente, con la intención quizás de crear competición con un segundo concursante, pero viéndole con esa pinta de remilgado lector de poesía rancia y cotidiana, de panfletista de lo irrelevante, tenía que decir algo antes de marcharme.

¬¿Qué fue?

[Esto es una habitación en penumbra. Hay una mesa, con dos sendas jarras a medio beber de un líquido amarillo fluorescente, amén de las otras cuatro que yacen inertes y vacías. Un aparato electrónico con forma de volcán de unos veinte centímetros de altura exhala bolas de vapor, que se dispersan llenando el cúbiculo de niebla. Dos figuras charlan, con las facciones irreconocibles, comidas por la sombra y el velo narcótico.]

¬La chica que había levantado la mano estaba empezando a hablar, demasiado tímidamente para mi gusto, de la importancia de las referencias para el lector; de hecho, eso fue lo único que dijo: “es muy importante para el lector tener referencias que…”. ¡Stop!, grité, está claro que usted no sabe nada de geometría. Desde luego que no, ¿qué iba a hacer en aquella aula alguien que sabe dibujar con el portento de las matemáticas? Aprovechando que aún me sobraban algunos minutos pude exponer que las figuras más bellas son aquellas cuyos puntos de referencia parecen bailar en el espacio, una danza de extrañeza y sobrecogimiento que se nos perfila al haberse roto toda relación de familiaridad euclidiana en lo representado. ¿Qué es lo que dije después exactamente? Uhm, espera, la grabadora está siempre en ON. Aquí… no, un segundo… aquí está.

[Clic. Las bobinas de una grabadora magnética de bolsillo empiezan a recitar su letanía “… de feria. La referencia es traer de vuelta lo conocido, llamar al bucle, y una auténtica estupidez si nuestro objetivo es la sorpresa, tan estúpido como pensar que una noria aún puede sorprender a alguien. ¡La referencia ha de ser destruida, y si no es posible, ocultada bajo los nuevos trazos! Así que ese marco de oro poco tiene que ver con ella. El artefacto que fija la atención del incauto lector es capaz de hacerlo incluso en el mayor de los caos espacio-temporales; no es fruto de estas dimensiones baratas, lo es de la fe, fe en la justicia, en la retribución: confianza en que, sea dónde y cuándo quieran que estén y sean, los personajes sufrirán las consecuencias de sus actos bajo el ojo atento del contemplador omnipresente. Sea como sea el mundo que creemos, ha de tener la ley inquebrantable de la reacción, y cada movimiento y gesto tendrán un precio a pagar, a poder ser, en sangre. En fin, esto…”. Clic.]

Nadie pareció muy emocionado, o interesado siquiera, incluso un imberbe tuvo el coraje de preguntarle al profesor “¿es cierto todo eso?”.

¬Diría que sí, tuviera o no orgullo…

¬Empezó por afirmar, pero parecía no querer dar toda la razón. No sé en que quedaría la cosa, cuando comenzaron los murmullos en la sala, la abandoné con satisfacción. Aún quedaban dos minutos al menos, así que con calma me fui a una terraza en un ático cercano. Y ahí, ¡boom! Exploté la bomba.