Con Tame Impala, Kendrick Lamar, Blur o Steven Wilson llegaron los discos más sonados de 2015. Independientemente de su calidad, los nuevos lanzamientos de los artistas más asentados han creado expectativas, recelos, odios y pasiones. Un poco más alejados de los focos, sin embargo, siguen apareciendo propuestas cautivadoras. Desde caverna gráfica queremos recomendar nueve discos que, de una forma u otra, tienen tanto o más que ofrecer que los anteriormente citados. Abran sus oídos y dejense cautivar, al igual que nosotros, con las siguientes propuestas.

Thee Oh Sees – Mutilator Defeated at Last

(Garage rock, psych rock)

Thee Oh Sees se han convertido, por méritos propios, en unos incuestionables veteranos dentro del panorama del garage rock actual. Y es que los californianos llevan más de quince años bombardeando los tímpanos de varias generaciones de oyentes, ofreciendo un prolífero catálogo de álbumes. Echando la vista atrás en su discografía nos encontramos con multitud de experimentos, más o menos redondos, que han sido lanzados a un ritmo vertiginoso. Es difícil no encontrar al menos un disco por año, entre los que se entrelaza material fantástico con otro un tanto olvidable. Uno de sus mayores éxitos, Tidal Wave —que acompaña una de las escenas más potentes de Breaking Bad—, les haría abrirse camino al gran público, expandiendo horizontes y creando una base de fans más asentada.

Con su último lanzamiento, Mutilator Defeated at Last (Castle Face, 2015), la banda ha conseguido algo poco común en sus anteriores etapas: firmar un disco redondo, sin apenas fisuras y aportando personalidad a todos y cada uno de los cortes. Incisivos y poderosos, la formación norteamericana logra comprimir en apenas media hora lo más positivo de sus últimos años. Desde Web a Palace Doctor, pasando Turned Out Light o Sticky Hulks, la primera escucha ya resulta estimulante y enérgica para el amante de los sonidos más sucios. Cualquier seguidor del punk, del garage o de la psicoledia encontrará en el nuevo trabajo de Thee Oh Sees uno de los mayores atractivos del año. Una excusa perfecta para mantenerse enganchado a la cola de sus publicaciones y esperar para que el siguiente esfuerzo de la banda —cabe remitirse, visto lo visto, a 2016— no quede en agua de borrajas. Óscar Pandiello

 

 

La Bien Querida – Premeditación, Nocturnidad y Alevosía

(Indie pop)

La Bien Querida se ha curtido estos años entre elogios de los más grandes del indie noventero español, desde J y sus Planetas a Sr. Chinarro, que le dejó su banda para la época de la maqueta que acabaría radicalmente transformada en su debut, Romancero (2009). Tras el menor Fiesta (2011), Ana Fernández, nombre real de la artista detrás del proyecto, parecía que tocaba techa con la edición de Ceremonia en 2012, donde las influencias más folk y electrónicas se juntaban de una manera magistral. Sin embargo, es su cuarto disco, Premeditación, Nocturnidad y Alevosía, con el que la cantante y música se consolida como una de las artistas más talentosas del panorama nacional.

Presentado en forma de 3 EPs individuales con el nombre de cada unade las palabras para ser combinados posteriormente, en el álbum encontramos un desarrollo más trabajado del patrón de Ceremonia. Aquí hay sitios para las influencias más post-punk de New Order en Poderes Extraños, canciones que podrían ser de Los Planetas si se hubiesen formado en 1979 (Ojalá Estuvieses Muerto, Crepúsculo, Carretera Secundaria) o incluso del shoegaze en Geometría Existencial. También el flamenco entra en Muero de Amor, creando una combinación a lo largo del disco que puede asustar sobre el papel, pero que cuando entra por los oídos hace caer rendido ante los encantos de la mujer a cualquiera. Darío Blanco

 

Thndeur – Wonder Days

(Hard Rock)

Los aficionados al hard rock han asumido que, en cuanto a novedades discográficas, les toca vivir en la clandestinidad. Llevamos un par de años aciagos en lanzamientos de rock duro de toda la vida, ya que las nuevas bandas que buscan continuar el legado quedan más en las formas (es decir, en toda la estética hortera y falsa actitud de perversión y devastación que se pueda imitar de Mötley Crüe) que en el fondo. Quién iba a decir que en pleno 2015, un grupo de hard rock que en los 80 nunca jugó en primera división, con un breve tiempo de triunfo en el Reino Unido y muchísimos años posteriores en el ostracismo, nos recordase con un notable álbum qué es lo que funcionaba del hard rock. Wonder Days suena a lo mejor del rock de estadios de los 70 sumado al alma pop del rock duro de los ochenta. Bad Company, Led Zeppelin, The Faces, AC/DC… pero ante todo, suena a Thunder, a un grupo inglés que lleva casi 30 años haciendo lo que más le gusta. Y brilla tanto de forma acústica (la folk The Rain nos retrae a la parte acústica de Led Zeppelin) como en sus momentos más cañeros. Puño en alto, el aficionado al hard rock podrá corear como en antaño canciones como The Thing I Want, Wonder Days o Resurrection Day. Nada nuevo, pero sí de buena factura: algo que a estas alturas hay que agradecer. Marcos Alcaraz

 

Jacco Gardner – Hypnophobia

(Psych pop)

El holandés Jacco Gardner (Hoorn, 1988), enamorado del pop de influencia más sesentera, sigue fiel a sus raíces. Sin embargo, el inmovilismo del primer largo, marcado por un sonido poco alejado de la regla y sin apenas concesiones innovadoras, deja paso en esta ocasión a un espacio más oscuro y profundo. Hypnophobia (Full Time Hobby, 2015) es, por tanto, un trabajo más maduro y melancólico, una especie de banda sonora que homenajea la pesadilla recurrente de cuando eras niño.

El single Find Yourself, dado a conocer unas semanas antes del lanzamiento del disco, supone el tema más accesible y pegadizo. La línea de bajo da un paso adelante, pidiendo protagonismo y envolviendo al oyente de forma irremediable. El tema que da nombre al disco, por su parte, recrea una de las atmósferas más irreales de todo el álbum. La batería, ritual e hipnótica, acompaña al teclado y a la voz formando una nana diabólica, uno de los mayores éxitos compositivos del holandés hasta la fecha. Con algunos altibajos apreciables, el disco en conjunto no deja de ser disfrutable y homogéneo. Un paso adelante para los que ya disfrutaron su trabajo previo, Cabinet of Curiosities, de hace dos años. Óscar Pandiello

 

http://s3.amazonaws.com/quietus_production/images/articles/17573/WAND-Golem-LP_1428173344.jpgWand – Golem

(Psych Rock, acid rock, garage)

Wand es un grupo del que, cuánto más sé, más me arrepiento de haberlo hecho. Este año han sorprendido con dos discos: el último, lanzado hará un par de semanas, donde juegan a ser unos Pond más cañeros sin acierto ni gracia. Pero el otro disco, Golem, es sin duda uno de los trabajos de la nueva escena psicodélica más certeros y concisos que se puedan escuchar. Más cañeros de lo que suele ser habitual en este tipo de grupos, cercanos en idea a la propuesta de Ty Segall (no en vano Golem puede ser entendido como una fusión de la potencia de Fuzz con el glam de Ty Segall Band), o grupos como Thee Oh Sees o White Fence, Wand aportan con frescura matices propios que les permite agarrar las guitarras de forma desenfrenada en temas como Self Hypnosis in 3 Days, Flesh Tour o Floating Head, pero donde más brillan es cuando aúnan su gusto por las guitarras salvajes con los viajes de ácido. Es en temas como Reaper Invent o Melted Rope donde uno cree escuchar a un joven T. Rex dando pie al mayor de los desenfrenos lisérgicos. Si la multitud de proyectos de Ty Segall no te son suficientes, Golem de Wand es tu álbum. Marcos Alcaraz

 

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(Jazz)

Los amantes del jazz están de enhorabuena. Mucho se ha escrito sobre la presunta decadencia de un género que, para la mayoría de interesados, no sobrevive a las últimas décadas del siglo pasado. Y bien es cierto que los clásicos de Mingus, Coltrane o Ellington siguen resultando canónicos, referencias incuestionables de una época que supuso la eclosión de una música evocadora y cambiante. No en vano, el jazz ha conseguido mimetizarse con muchos otros movimientos musicales, dando a luz propuestas arriesgadas de mayor o menor empaque.

La nueva hornada de músicos de jazz, por tanto, ha tenido que luchar siempre contra la odiosa comparación frente a los tótems del género. En respuesta, muchos jóvenes artistas han decidido apostar por el nu-jazz o el jazz fusión, heredando el afán de experimentar con sonidos provenientes del rock, la electrónica o el funk. En este contexto surge Kamasi Washington (Los Angeles, 1981), una de las caras nuevas que, dentro del panorama musical de su tiempo, ha decidido volver sobre el camino andado.

El joven compositor y saxofonista norteamericano, acompañado un numeroso grupo de músicos, bebe directamente de la vertiente ‘espiritual’ del jazz, esa que tanto Alice como su marido John Coltrane cultivaron a finales de los años 60. El suyo es uno de los álbumes que, dentro del género, más tirón mediático ha generado en la última década. Altamente producido y orquestado, buscando un sonido redondo y grandilocuente, el resultado final de The Epic (Brainfeeder, 2015) puede resultar un tanto sobrecargado. Y es que el primer trabajo de Washington conforma un triple CD, con casi tres horas de metraje a sus espaldas.

Si bien es un álbum pretencioso —algo innegable debido a su longitud, concepto y, sin ir más lejos, título—, lo cierto es que hay muchos tramos realmente inspirados en el viaje que propone Washington. Entre lo más destacado encontramos Change of the Guard, un inicio progresivo y cautivador; Isabelle, envolvente y evocadora de principio a fin o Cherokee, un corte con voz femenina que avala, aún más si cabe, la capacidad creativa de un compositor ambiciosos y con muchos años por delante para sustentar el altar en el que muchos ya se han empeñado en colocarle. Óscar Pandiello

 

http://assets.rollingstone.com/assets/2015/media/188323/_original/1425921880/1035x1035-MI0003835922.jpgCourtney Barnett – Sometimes I Sit and Think, and Sometimes I Just Seat

(Indie rock, cantaurora)

Agarraos: el disco debut de Courtney Barnett es probablemente el disco con más mala leche que escucharás este año. A la australiana solo le ha hecho falta una guitarra con el botón de distorsión calcado al máximo, un bajo, una batería y a veces un teclado para darnos uno de los discos más interesantes de este año, una colección de canciones personales con inspiración del indie noventero americano de Pavement que dará que hablar y sucede a sus dos primeras referencias, un par de EPs que bien podrían ser otro disco en sí mismos. Desde las canciones más inmediatas como el excelentísimo single Pedestrian at Best a los temas largos y desarrollados, Courtney Barnett nos lleva por su mundo, en el que hay sitio para canciones de pogos y momentos más relajantes, creando un balance necesario y admirable.

La producción es sucia y muy directa, como si se hubiese grabado en un garaje con tomas en directas (y probablemente lo sea así), y la falta de instrumentos más allá de los anteriormente mencionados se convierte en una virtud: además de una gran escritora de canciones, también tenemos a una muy buena guitarrista. Courtney Barnett se une con este disco al cada vez mayor grupo de mujeres relevantes en la música actual, y entra a lo grande. Al contrario que los experimentos sonoros de St Vincent o tUnE-yArDs, esta jovencísima australiana ha tomado un camino mucho más directo y conocido, pero también más personal y en el que es difícil es hacerse notar. Es precisamente la abundancia de grandes canciones como Dead Fox, Elevator Operator o Kim’s Caravan la que convierten a Courtney Barnett en una de las figuras a seguir en los próximos años. Darío Blanco

 

http://www.nuclearblast.de/static/articles/241/241749-0.jpg/1000x1000.jpgGraveyard – Innocence & Decadence

(Stoner, soul rock, hard rock)

Grupos que propongan un revival del sonido de los 70 hay a patadas, eso es un hecho, y la gran mayoría puede que no sobrevivieran en la época que intentan emular. En cierto modo, estamos tan necesitados de ese tipo de sonidos que al primero que se le acerca ya lo aupamos, por lo que hemos provocado que haya una escena de segunda categoría repleta de grupos revival, de los cuáles la mayoría son morralla. Uno de los últimos grupos de este palo que he tenido el gusto de conocer me ha sorprendido tan gratamente que esperando estoy que se me pase la fiebre que me ha provocado su último disco para acercarme al resto de su discografía. Se llaman Graveyard y tan pronto se acercan al stoner como te sorprenden con un tema puramente soul. Además, cuentan con algo que no suelen tener sus coetáneos: sonido propio. El sonido de Graveyard es reconocible y ante todo es adictivo. Este Innocence & Decadence tiene piezas de soul-rock tan excelentes como Too Much Is Not Enough, hits tan pegadizos como The Aple and The Tree y temas demoledores como Can’t Walk Out, donde aúnan todas sus influencias en una y crean un viaje excepcional para el oyente. Toda una sorpresa estos suecos, que poco a poco van haciéndose nombre en un círculo que se hace más extenso conforme va perdiendo su notoriedad. Marcos Alcaraz

 

http://spacebombrecords.com/wp-content/uploads/2014/10/Natalie-Prass-SB006-Cover-Art-Lo-Res-1024x1024.jpgNatalie Prass-Natalie Prass

(Pop, pop soul)

Escuchar a Natalie Prass es sumergirse en un mundo pop, arreglado perfectamente por medio de instrumentos orquestales y una voz realmente prodigiosa. La joven promesa americana tira de años 80 a tope, pero dándole un toque mucho más sofisticado por medio de sus exquisitos vientos y cuerdas y sus a veces desgarradores letras. En algo menos de 40 minutos, Natalie Prass ha compuesto una oda al desamor, a las infidelidades y a las decepciones, y lo hace desde tan adentro que parece querer arrastrarte al mismo estado de ánimo por el que tuvo que pasar ella. Definitivamente es un disco para llevar (o no) las rupturas.

La melodiosidad de la voz de Natalie entra desde el primer segundo del tema que abre el disco, la gran balada My Baby Don’t Understand Me, que junto a Christy forman los puntos fuertes del disco en cuanto a baladas se refiere. Pero sin duda, son los momentos pop menos oscuros los que provocan los mayores aciertos del disco: Bird of Prey y Why Don’t You Believe in Me son dos temas por los que muchos artistas pagarían por tener en sus discos, y el cierre con Is It You es un acierto en toda regla. A Natalie, que ya se ha ganado hasta ser versionada por Ryan Adams, le espera un gran futuro musical por delante. Y ahí estaremos para oírla. Darío Blanco