La primera cuestión sería el por qué, pero después de meditarlo un momento, prefiero dejar las opiniones sobre el manido tema de los remakes. Intenté disfrutar de la película con la mente despejada, viéndola con nuevos ojos y dejando atrás los recuerdos de aquella inquietante historia de lo paranormal que ya disfrutara en mi adolescencia. “Al fin y al cabo”, pensé, “con esa mentalidad la más ligera innovación te va a parecer una traición, y que yo sepa no eres un retrógrado ni un conservador”. Creo que lo mismo debo hacer aquí frente a los lectores, nada de comparar. Lo diré sólo una vez y será suficiente: no, este Poltergeist no es el de Spielberg en el 82, como The Grudge hecha en Hollywood no es The Grudge a la japonesa.

Arrancamos con una historia típica. Una familia americana viviendo en nuestra sociedad actual, desempleados quizás por la crisis, tiene que mudarse a una casa más barata. La casa resulta estar infestada de almas en pena por algún motivo, pero nadie se da cuenta hasta que es demasiado tarde y hay que arreglar las cosas por las malas. A día de hoy no puede haber un tema más explotado, con subgénero propio incluido, el de “terror en la casa encantada”. Nada destacable por aquí.

Los personajes sí que tienen algo que salvar, capaces de generar simpatías incluso. Si hay algo que merece la pena apreciar en el género del terror es que los protagonistas no sean una panda de idiotas más descerebrados que los muertos que los persiguen. Que sean capaces de mantenerse los unos a los otros, que creen relaciones íntimas más allá de ser carne de zombie. En Poltergeist los desdichados sufren y tratan de reír a partes iguales, alcanzando un ambiente distendido entre las noches de tensión, tanto que a veces roza lo hilarante y uno se pregunta si no estará viendo en realidad una comedia.

En realidad, nunca llega a parecer que se esté ante una película pensada para dar miedo. Un par de sustos de los de “bicho aparece repentinamente en pantalla”, y poco más. La atmósfera es diáfana, ningún plano fuerza la angustia del espectador, no hay ángulos incómodos, composiciones violadas. Todo parece estar en su sitio, armonioso, sin la presencia de la sombra del mal. Desconozco cual es su calificación por edades, pero tiene toda las papeletas de caer en la sección familiar.

Ahora que digo sección familiar, el guionista encargado, David Lindsay- Abaire, era hasta este proyecto guionista de… ¡aventuras y animación infantil! Suyos son los guiones de ‘Robots’ y ‘El origen de los guardianes’, por ejemplo. Quién sabe si ésto habrá influido en este ambiente distendido del que hablaba, pero sirve para hacerse una idea del concepto.

Pocas cosas más se me ocurren que recalcar, pues no consigo echarle nada en cara salvo lo tedioso de su apuesta por un género trillado y agradecer el toque divertido que presenta a veces, salvándose de ser una película cualquiera de fantasmas como las que se estrenan cada año para ser una especie de aventura familiar frente a los malos de ultratumba. Si tuviera hijos aún inocentes, iría a verla con ellos para iniciarlos en el divertido mundo del cine sobrenatural. No pasarían excesivo miedo, pero verían de qué va la cosa.

 

P.D: Ahora sí, para los que quieren saber cómo es este Poltergeist en relación al antiguo, la respuesta es: exactamente lo mismo. Algunas escenas se han eliminado, tristemente de las mejores, para añadir otras de aspecto más modernizado. ¿Alguna escena nueva que merezca la pena? Yo siempre me pregunté cómo sería el mundo al otro lado del armario, imaginando lugares más allá de la razón y la salud mental… Ahora por fin he podido verlo, y mis “limbos” imaginarios eran sin duda mucho más retorcidos. Si digo que no es el mismo Poltergeist del 82, a pesar de decir que es exactamente lo mismo, es porque un calendario de hace 30 años ya no es lo mismo hoy en día que cuando estaba vigente. El material del que está hecho es similar, pero está completamente fuera de su marco temporal. Ya no nos asustamos como antes, las historias se hacen viejas.