Twentieth Century Fox Film Corporation / Marv Films / TSG Entertainment

Las últimas hornadas de superhéroes nos han enseñado que siempre cabe dentro de la acción más impactante algún que otro momento de humor, sin embargo, no fue hasta que descubrimos Kick-Ass de la mano de Matthew Vaughn en 2010 cuando pudimos comprobar que el humor más bestial compaginaba maravillosamente con la violencia indiscriminada.

En estos últimos años hemos podido ver como las adaptaciones a la gran pantalla del mundo del cómic se volvían cada vez más oscuras, más serias, quizás siguiendo las pautas marcadas por el Batman de Christopher Nolan, o quizás debido a la evolución natural del hilo argumental de los universos Marvel y DC. Además de esto, nos hemos visto saturados en gran parte por la cantidad de películas blockbuster sobre el género. Kingsman ha venido a salvarnos.

Parodiando, mejorando e ilustrando una película de espías británicos, esta nueva creación de Vaughn nos presenta una fórmula semejante a la que disfrutamos en Kick-Ass, dándole un toque brit maravilloso, que la eleva en su conjunto a una obra de entretenimiento de muchísima mejor calidad que no olvida mezclar los chistes con las escenas de una violencia que no se nos hace grotesca, si no más bien cómica y fiel a la novela gráfica.

Este film sobre agentes secretos que se nos presentan como los nuevos caballeros de la mesa redonda, como los salvadores de la humanidad desde sus altas esferas snobs, nos hace acordarnos de las películas de 007 de antes, de la jocosidad que le restaba hierro al dramatismo de estar poniendo su vida en peligro todo el tiempo, y por encima de todo, nos hace disfrutar mediante una banda sonora brillante (ese inicio con Money for Nothing de Dire Straits llega directo al corazón), una puesta en escena profundamente fiel al estilo cómic, y unos momentos que arrancan carcajadas a tutiplén y que se echaban de menos en este género.

No es la primera vez que vemos la fórmula de “gran leyenda adopta joven díscolo para convertirlo en un sucesor digno”, sin embargo nunca antes podríamos haberlo disfrutado tanto. Colin Firth presta su imagen de gentleman british que tanto le caracteriza y le añade una capacidad para la violencia más desatada que hasta entonces nos era desconocida en su filmografía. Y lo borda. Taron Egerton se presenta como otra joven promesa más para el panorama actual, y aguanta el tipo compartiendo escenas con grandes actores de la talla de Michael Caine y un grandioso Samuel L. Jackson con algunas de las mejores escenas de esta epopeya hilarante de un gran servicio secreto.

Una comedia gamberra en la que todas las actuaciones aportan su granito de arena se construye como una de esas películas imprescindibles para pasárselo como nunca, y que sin duda merece la pena disfrutar en la gran pantalla por sus escenas de acción tan impresionantes como divertidas.

No todas las películas deben aspirar a hacerte pensar, a hacerse con grandes premios gracias al mensaje que mandan, y no por ello han de ser malas. Por eso, y porque todo el mundo merece disfrutar de una de esas grandes superproducciones que siempre marcan la diferencia, Kingsman ha de ser vista, sobre todo porque al final, la sala rompe en aplausos y todos soñamos con tener un paraguas.