En la California de los años sesenta, bajo el incesante devenir de discursos de Luther King, rock en la radio y maría en los pulmones, Ron Jones, un profesor progre de instituto imparte la asignatura de Historia, cuyos métodos nos recuerdan a ese Robin Williams en El club de los poetas muertos, explica a sus alumnos la hegemonía nazi. Nace así un experimento sociológico que Jones plantea a sus alumnos con la finalidad de enseñar cómo ésta mancha en la historia de la humanidad se pudo llevar a cabo. Los alumnos aceptan a regañadientes en primera instancia para irse dejando llevar paulatinamente por un estilo de vida aparentemente más práctico.

Marc Montserrat Drukker nos trae al Centro Dramático Nacional, con el texto del dramaturgo Ignacio García May, el fruto de una ardua investigación acerca de éste experimento que efectivamente tuvo lugar; La Ola, una obra que nos relata fielmente el transcurso de sucesos que derivó en el fanatismo de unos adolescentes por un movimiento totalitario. De este modo, La Ola de Montserrat Drukker no ha de confundirse con ninguna otra adaptación cinematográfica o de ningún tipo sobre éstos hechos reales, pues es una idea y textos originales que, lejos de sólo contarnos una historia, nos explica cómo un ser humano es capaz de intercambiar su libertad de pensamiento por la seguridad y las facilidades que le ofrece vivir en grupo.

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¿Cuál es el precio? ¿Cuál es el precio de tu forma de pensar, de tu carácter o de tus principios? El ser humano es corruptible por mera naturaleza y La Ola así lo refleja; no es necesario un cheque en blanco para pervertir la mente del hombre más íntegro, de hecho, la mejor forma para hacerlo es que ni el propio individuo se percate de cómo y cuánto está siendo manipulado, hasta el punto de alzar los brazos y escupir un discurso totalitario y discriminatorio, defendiendo unos valores que se creen propios cuando en realidad son inculcados, todo con tal de sentirse seguro y parte de algo importante.

Originalmente el experimento recibió la participación de doscientos alumnos y cabe destacar cómo las diferentes personalidades que abarcan un número tan elevado de participantes se han condensado con gran maestría en seis alumnos o personalidades, cada cual mejor y diferente que la anterior –el tonto, el escéptico, el deportista, el aplicado…– y, sobretodo, la escasa importancia del «cómo seas», porque ningún muro de escepticismo o clara definición de personalidad y de integridad, es capaz de aguantar la manipulación mediática y social, echando mano de estrategias sutiles –o no tan sutiles– como las que apreciamos en catequesis, en una formación militar o incluso, si me apuras, en las tácticas de motivación que imparten las empresas a sus empleados. En definitiva, La Ola es un drama que nos provoca pensar en lo insano del punto al que el ser humano puede llegar cuando cree encarecidamente que su palabra es la voz de la verdad absoluta.

Creado por Marc Montserrat Drukker e Ignacio García May a partir del experimento real de Ron Jones, Ignacio García May (texto), Marc Montserrat Drukker (Idea y dirección), Jon Berrondo (Escenografía), María Araujo (Vestuario) Albert Faura (Iluminación), Francisco Grande e Igor Pinto (Sonido), Xavier Bergés (Vídeo), Toni González (Ayudante de dirección), Isidro Ferrer (Cartel), David Ruano (Fotos), Paz Producciones (Vídeo) y Centro Dramático Nacional (Producción).