Insano. Parece increíble, ¿verdad? Un camerino que apesta a testículos, que eyacula la mediocridad del artista, de su trabajo, de su vida. La voz de Birdman resuena fuerte, directa, y se hace dueña del corazón y del cerebro. El pasado juzga al presente y lo menosprecia. Se detestan mutuamente, ninguna quiere saber nada de la otra. Éste es un proceso para reconocerse a uno mismo con una diferenciación distorsionada entre la admiración y el amor. Pero sobretodo, un viaje introspectivo del “yo”, dónde la búsqueda por conseguir la trascendencia como ser humano se ha convertido en una necesidad primaria.

Riggan Thompson, una vieja gloria de Hollywood, pelea por conseguir la reconciliación con la fama. Pero aunque el ansia por una renovada popularidad sea más que palpable, Riggan quiere convencer que es un actor de verdad, no sólo al público, sino principalmente a él mismo, para callar así la voz del eterno fantasma que le atormenta convenciéndole de lo mediocre y patético artista que es; Birdman. El recuerdo del papel que le llevó al estrellato le acosa incesantemente, persuadiéndole para volver a ser un héroe, ponerse el traje de hombrepájaro y salvar al mundo, pero sobretodo rellenar el hueco de su bolsillo con millones y su corazón con la aprobación de una sociedad que detesta, pero cuya admiración, con la que fácilmente confunde con amor, es absolutamente necesaria.

Esta comedia negra nos atrapa y nos engulle desde el primer segundo, hasta tal forma que vivimos de cerca la acción gracias a sus deliciosos planos secuencia, que nos evocan a las emociones que se experimentan en el microteatro, fenómeno que está siendo cada vez más frecuente. De todos modos, el concepto teatral no está para nada alejado del conflicto de Riggan; protagoniza, dirige y adapta What We Talk About When We Talk About Love de Raymond Carver, irónica decisión puesto que Riggan desea desesperadamente que los demás le quieran, hasta el punto de cegarse y no ver, o no querer ver, el amor que algunos le procesan. Éste es un ambicioso proyecto que será estrenado en Broadway y ha de poner fin a sus anhelos. Aún así, el mundo de la parafernalia puede ser el mejor orgasmo de la historia o un gatillazo, así que Riggan no sólo tiene que lidiar con su propia locura sino que hace malabares con los problemas y sentimientos de las personas de su entorno para, así, salir adelante y realizar su propósito de convertirse en trascendente en un bagaje que muestra la crudeza de la realidad de cada uno antes de subirse al tablado, bañado en un delicioso humor negro que Iñárritu nos regala.

Sam Thompson, su hija, es una de esas personas con las que Riggan hace malabares emocionales. La destaco especialmente por la relación padre-hija que nos plantea pues pone en evidencia la faceta más egoísta del ser humano en su eterna travesía por elevar el ego. Ésta relación es uno de los puntos fuertes del cuadro, dando a Emma Stone cancha suficiente para derrochar sus dotes interpretativas, dejando de ser la niña buena y novia de Spiderman para tener un merecido puesto en los Óscar. Por supuesto, también la mención a Mike Shiner es imprescindible, que dibuja con una grandísima maestría la hipocresía del mundo del espectáculo y un tipo de actor que muchos métodos interpretativos ha dado a luz. No sólo por la habilidad interpretativa del propio Mike, sino por su concepto de la realidad que únicamente aparece sobre el escenario es lo que le hacen un imprescindible elemento para las escenas de mayor carcajada de la película. Otra merecidísima nominación para los Óscar gracias a la impecable actuación de Edward Norton. Simple y llanamente; un puto genio.

Michael Keaton encarna el papel de Riggan Thompson, ya a sus sesenta y tres años y sin su traje de Batman, vuelve por lo más alto para dejarnos con la mandíbula por los suelos. ¿Estará ligada la trayectoria profesional de Keaton con su papel en ésta película? Sea como sea, Keaton demuestra que es mucho más que un superhéroe nocturno o una vieja gloria, que aún puede dar mucha guerra hasta el punto de ser uno de los nombres más importantes en los Óscar de éste año.

Paseamos por los estrechos pasillos de los bastidores de los teatros de Broadway, nos estallan copas en los bares, desafiamos a los críticos. Porque somos parte de Birdman. Y sentimos el estilo de vida de la parafernalia en su peor y mejor esencia que entra directo a la córnea, acariciándote el iris con su impecable estética bajo la custodia del ritmo de una batería que marca la partitura de movimientos y diálogo, otorgando mayor fuerza e intensidad dramática. Nos invitan a pasar al interior de la locura de Riggan siendo testigos de cómo su pasado le atormenta y le condiciona de forma constante y cuestiona dónde acaba la realidad y comienza lo imaginario.

El conocimiento es uno de los temas más tratados por el ser humano por la incesante necesidad del saber. Aún así, el conocimiento puede discernir a la hora de querer saber incluso más de lo necesario, planteando que el no saber es una liberación de las cadenas que nosotros nos ponemos al desear conocer un mundo tan crudo, y que en la ignorancia reside la posibilidad de alcanzar la felicidad, estando ausente de obsesión.

Por supuesto, Birdman no deja de ser una fuerte crítica, no sólo del mundo que rodea al arte en todas sus vertientes, sino del público, de los espectadores de la vida, de su ansia por ser y por ser y por ser, más que nadie. Y lo han conseguido. Han levantado a todo un público a aplaudir un relato en el que ellos mismos son el objeto de mofa.