Gleeson

  En 2009 Martin McDonagh nos mostraba las maravillas del humor negro de la mano de una película que si bien es poco conocida, entre los círculos cinéfilos se le tiene gran estima: Escondidos en Brujas (In Bruges). En 2011 descubrimos para nuestra alegría que Martin tenía un hermano mayor, John Michael, que poseía las mismas dotes, si no mejores, tanto para escribir una historia de humor cínico y oscuro como para dirigirla con gran maestría: El Irlandés (The Guard).

   Sin embargo, aunque todos estos films son altamente recomendables, la película de la que os voy a hablar es una de la que hemos podido disfrutar este ya pasado 2014: Calvary. Esta película íntegramente irlandesa, escrita y dirigida por el mayor de los hermanos McDonagh, nos presenta un cóctel explosivo, tenso, apabullante y a la vez pausible. Nos encontramos ante un pequeño pueblo de la zona de Sligo habitado por un buen cura, un montón de feligreses que han perdido la fe y los escándalos de pederastia ocurridos en el seno de la Iglesia durante los años 60 y 70, que han sido por fin destapados, como punto central de la historia.

   El cine irlandés siempre ha sido crítico con su propia historia, ha sabido representar de forma humana pero real los acontecimientos del pasado reciente. Con esta película, se enfrenta a los demonios de uno de sus casos más oscuros, el tema de los abusos a menores dentro de un país profundamente católico, consiguiendo mostrar las consecuencias para ambas partes de lo que generó semejante escándalo, y mostrando a su vez el cinismo imperante en la sociedad actual.

   Aunque la premisa parece sencilla, cotidiana en la representación de los sentimientos del pueblo irlandés hacía la hipocresía y barbarie de su principal representación de la fe divina, la narración va más allá, ya que el protagonista de la historia, el padre James (un magnífico Brendan Gleeson, cuya capacidad interpretativa toma siempre su máximo exponente en las películas de ambos directores, y que se ha llevado a casa el BIFA1 al mejor actor por este papel) es amenazado de muerte por un anónimo que busca venganza tras una infancia de violaciones, dejándole tan solo una semana para poner en orden su vida.

   La película, que al principio nos muestra esa socarronería dura que caracteriza a estos dos hermanos cineastas, nos va adentrando poco a poco en la hostilidad que el cura recibe por parte de todo el pueblo, haciendo que nos preguntemos quién será el que ha proferido la sentencia de muerte y cayendo poco a poco en una espiral de angustia que nos tendrá enganchados a la historia hasta el mismo final, que se revelará como un drama instigador, que deja huella en el espectador e invita a reflexionar sobre las consecuencias de nuestros actos y los de los demás.

   El desarrollo de la trama, perfilada con un estilo limpio, frío y salpicado de humor negro que choca con el dramatismo de lo que se muestra, deja a aquel que la ve en shock, sin saber como reaccionar y con la sensación de que está ante una de esas películas que no se olvidan. Los actores están todos magistrales, destacar la labor de Dylan Moran (aunque éste presente algunas de las escenas más surrealistas) y de Chris O’Dowd, ambos cómicos que se atreven sin embargo con papeles serios. Por último la inteligencia en los diálogos, así como en ocasiones la omisión de ellos, termina por formar uno de los mejores films del 2014, y también uno de los más infravalorados.

   Por esto, y también promoviendo el cine de la maravillosa Irlanda, os animo a ver Calvary.

1British Independent Film Awards