2014 no es un año que vaya a pasar a la historia. Demasiados discos, pero muy pocos de una relevancia notable, hacen de este 2014 en un plano musical bastante mejorable. Aun así, en Caverna Gráfica hemos vuelto a hacer nuestra lista de 10 discos del año (más la de discos olvidados, que llegará en unos días) donde los contribuyentes a este medio hemos votado nuestros diez discos favoritos, ademas de haber hecho una playlist colaborativa para recoger las canciones más interesantes del año.

Este, sin duda, ha sido el año de The War on Drugs. Apareció en todas las listas excepto una de todos los que hemos colaborado en caverna gráfica, además de estar barriendo en practicamente todas las listas de los medios especializados. Quizás el disco de The War on Drugs sea el que mejor pueda definir nuestra lista. Por un lado, el rock y la música de influencia de décadas pasadas, donde podemos encontrar a Chuck Ragan, Rival Sons, o Jack White. Por otro lado, sonidos más modernos o alejados de los convencionalismos rock, como pueden ser Swans o St. Vincent. Siéntense y disfruten de esta lista diez álbumes, de los que podemos decir que merecen la pena cada uno de los segundos que los componen.

 

10: The Soundcarriers-Entropicalia (por Oscar Pandiello)

“Entropicalia” se ha ganado por méritos propios estar entre los trabajos con más empaque del año. Es una sorpresa relativa, ya que si echamos la vista atrás para observar la evolución de The Soundcarriers, cuatro chicos de Nottingham con una marcada predilección por el pop psicodélico de Jefferson Airplane, Love, y diversos grupos del underground británico de los 60; no es tan difícil predecir este resultado. “Harmonium” y “Celeste” (de 2009 y 2010, respectivamente) sirvieron como carta de presentación: dos discos frescos y trufados de grandes temas, pero que sin embargo quedan totalmente eclipsados por “Entropicalia” si los estudiamos individualmente.

Si bien los tintes folk siguen presentes, con una prominente flauta travesera que recuerda, en ocasiones, a Jethro Tull, en esta ocasión los británicos han dado un paso al frente apostando por la inclusión de cortes más experimentales cercanos al krautrock. “This Is Normal”, de doce minutos de duración y que invoca por momentos a “Interstellar Overdrive”, de Pink Floyd, es el claro ejemplo de cuál es el camino que la banda ha decidido seguir. Un camino extraño e hipnótico, con un bajo que se clava en el cerebro y pasajes de teclado dignos de los mejores Doors. Si este es el camino que han decidido seguir, que no duden que mucha gente lo recorrerá con ellos.

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9: Swans-To Be Kind

Swans cada vez convencen más (incluyendo a un servidor) cuantos más álbumes sacan, y “To Be Kind” es el claro ejemplo de esto. No es la típica banda que escucharías en la radio, eso está claro, pero que a su edad y con tanta carrera sigan sacando discos que suelan topar las listas de lo mejor del año, es, como poco, algo muy meritorio. Desde una perspectiva más “accesible” (entrecomillado, porque con Swans no se puede hablar de eso), la banda de Michael Gira convierte otra vez un nuevo disco en un nuevo triunfo.

 

Incluyendo colaboraciones con St. Vincent o Little Annie, “To Be Kind” nos lleva por atmósferas agobiantes y llena de ruido (“Bring the Sun”, “Just a Little Boy”) a la vez que por temas más experimentales, difícilmente clasificables dentro de un solo género (“A Little God in My Hands). Así, las dos horas que dura el disco (repartidas en 10 canciones) y que en un principio nos podrían echar para atrás se convierten en un viaje por la mente del frontman de la banda, Michael Gira, en un disco que, pese a sonar frío y distante en muchas ocasiones, sabe conectar directamente con los sentidos del espectador.

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8: St. Vincent-St. Vincent

En su cuarto disco, esta vez homónimo, Annie Clark (verdadero nombre de St. Vincent) ha decidido transcender más allá de ser una simple cantante que hace canciones fuera de las barreras tradicionales del pop para convertirse en una artista en todos los aspectos. Tras su colaboración con David Byrne, St. Vincent ha dado un giro radical a su propuesta, y se ha dejado de presentar como una chica dulce y misteriosa. Se ha teñido el pelo, ha convertido sus conciertos en un espectáculo de luz, danza y música y ha añadido a su música un componente más experimental, dotándola de gran profesionalidad.

 

La gran influencia de Byrne no solo se encuentra en su transformación de imagen, sino en canciones que recuerdan a su disco conjunto (“Digital Witness”) o en otras que, simplemente, buscan sorprender. Así nos encontramos con obras como “Huey Newton”, donde rompe una canción a la mitad para entregarnos uno de los riffs más vibrantes de los últimos años, o la locura de “Bring Me Your Loves”, en un disco donde Annie también se destapa como una grandísima guitarrista. St. Vincent se ha convertido en algo más, algo único y especial. Probablemente su cuarto disco se llame homónimamente porque por primera vez, St. Vincent es todo lo que siempre ha querido ser.

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7: Rival Sons-Great Western Valkyrie (por Gonzalo Blanco)

A comienzos de siglo resultaba impensable que el blues rock recorriese un gran terreno. Tras un comienzo tímido afloraron proyectos ilusionantes como The White Stripes o The Black Keys, reviviendo el género del que todos maman y que muchos no reconocen. En una fase valdía de la historia de la música contemporánea, con la explosión de la electrónica y los triunfitos, se dejan ver propuestas interesantes que interpretan la música que las circunstancias nos han dejado, demostrando que se puede decir algo en torno a lo que antes ya se dijo.

 

Son grupos como Arcade Fire, My Morning Jacket o mismo los Arctic Monkeys los que, con una frescura impecable, dignifican el panorama actual exponiendo una inquebrantable pasión en aquellos que antes maravillaron. Rival Sons también es frescura impecable, que con un blues rock descarnado y moderno consiguen alcanzar los oídos más indiferentes. Temas como “Electric Man”, “Play the Fool” o “Good Things” llevan en volandas a un estilo que ya lleva unos años despuntando para quedarse entre nosotros. Y menos mal, porque los californianos exhuman un cadáver todavía fresco que nadie merece perderse.

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6: Mac DeMarco-Salad Days

Me cuesta pensar en un artista tan ambiguo como Mac DeMarco, pero me cuesta reconocer un artista que junte su locura y sus ganas de fiesta con la tranquilidad y sosiego que demuestran sus canciones. En “Salad Days”, Mac DeMarco se mueve hacia terrenos mucho más psicodélicos y melancólicos que en su anterior disco y en sus EPs. Los teclados toman más protagonismo, y las melodías parecen enrocadas en una especie de espiral de añoranza hacia algo pasado que hace que sea muy fácil conectar con su música.

 

Porque todos hemos pensado que un conocido debería tratar mejor a la persona que quiere, o hemos sentido frustración ante la gente que nos juzga, pero es difícil sacar esos sentimientos hacia afuera como Mac DeMarco los saca, y sin embargo no caer en una ñoñería existencialista, sino convertir esto en una especie de tristeza alegre, en esa sensación que a veces nos invade. Es imposible no caer ante el encanto de las psicodélicas “Chamber of Reflection” o “Passing Out Pieces”, o acordarnos de algo con “Treat Her Better”, porque no debemos de olvidar que ante todo, Mac es un chaval de la calle que nos canta historias corrientes.

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5: Allah-Las-Worship the Sun

Una guitarra distorsionada. Luego una introducción con guitarra acústica y te sumerges en el lisérgico mundo de Allah-Las por segunda vez, donde el grupo ha decidido tirar por el camino medio entre el continuismo y el giro radical de su sonido. Como ya analizamos en nuestro artículo sobre ellos, la banda californiana sigue trabajando en actualizar los sonidos más clásicos de la psicodelia de la costa oeste de Estados Unidos (Love, Count Five, The Electric Prunes) antes que buscar reflejo en la psicodelia moderna de grupos como Tame Impala o The Flaming Lips.

 

El punto más fuerte del álbum se encuentra en los siempre interesantes pasajes intrumentales (al igual que en el primer disco) que alcanza su máxima expresión en “Ferus Gallery”, el que puede que sea uno de los temas más completos de la banda. Además, la psicodelia rompe fuerte dentro del disco en temas que duran un suspiro como “501-405”.  En “De Viva Voz” nos encontramos cara a cara con una de las influencias más claras de la banda, los Love de “Forever Changes”, y el grupo se ha podido permitir dejar como bonus track la que sea una de sus mejores composiciones: “No Werewolf”.

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4: Chuck Ragan-Till Midnight (Por Marcos Alcaraz)

Para los que no conozcan a este estadounidense de 40 años, ha sido más reconocido como cantante del grupo de punk estadounidense Hot Water Music, que el próximo año cumplen 20 años de carrera. Sin embargo el renombre de este cantante no para de crecer en su faceta en solitario gracias a discos como el que aquí nos ocupa, “Till Midnight”, un álbum que suena a country-folk americano aderezado con mucha epopeya hímnica y con una garra vocal que recuerda a Bruce Springsteen.

 

Un conocido me afirmó que “Till Midnight” es el álbum que Springsteen querría sacar este año y no puede. Aunque es una afirmación que también es válida para el sobresaliente largo de The War On Drugs, en estas once canciones Chuck Ragan destila una crudeza y una garra muy dignas del Boss. Su gran trabajo viene acompañado de una sección instrumental muy potente que ayuda a que cada una de las canciones de este trabajo contengan entidad propia y una historia diferente. Un álbum lleno de intensidad y emoción, que se escucha en un suspiro y pide siempre más, sin duda alguna uno de los descubrimientos más sorprendentes de este 2014. Sin duda un artista que aunque crece y crece en su reconocimiento, merece mucha mayor difusión que la actual.

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3: Jack White-Lazaretto

Podemos pensar en “Lazaretto” como la versión 2.0 de la que fue su primera obra, “Blunderbuss”. Siguiendo en la línea de rock duro mezclado con pasajes más country, Jack White ha conseguido en su segundo disco en solitario mejorar gran parte de los fallos de su debut (aunque no sea un debut al uso) para conseguir convencer a los que de alguna manera se han alejado de él tras la separación de los White Stripes. Y si, se puede decir que lo ha hecho con éxito. En un año en el que los Black Keys no han sabido contentar a casi nadie, Jack White ha sabido aprovecharse y seguir manteniendo el trono que tiene en el panorama rock de estas dos últimas décadas.

 

Imperfecto, pero no por ello peor, en “Lazaretto” podemos encontrar algunos temas que sin duda alguna están entre lo mejor de su dilatada carrera, como el tema titular, lleno de cambios de ritmo, o la que puede que sea la pista más fuerte del disco, “High Ball Steeper”, que puede ser vista como una especie de “Aluminum” ampliada a más de dos instrumentos. Las principales cualidades de sus canciones (cambios de ritmo, solos y mezcla entre baladas y temas más rockeros) sigue intacta, pero el disco es un paso más allá en calidad.

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2: Ty Segall-Manipulator

 

 

¡A Ty Segall le ha llevado más de un año hacer un disco! ¿Cómo puede ser eso? Un hecho insólito en la breve pero más que productiva carrera del artista, que ya lleva más de diez álbumes juntando los que están a su nombre y los que ha facturado en sus muchas bandas, sin tener en cuenta el incontable número de singles, splits y EP’s que ha firmado. Y ahí está, permitiéndose trabajar en un disco durante más de doce meses y creando la que es una de sus mejores obras, dejando en parte el lofi que le ha caracterizado en sus discos para crear un sonido mucho más amplio y, en cierto modo, clásico.

 

En “Manipulator” encontramos muchas de las facetas del cantante americano, desde el garage más brutal que nos ha enseñado en discos como “Slaughterhouse” a los ritmos duros de “Fuzz” y a los pasajes acústicos de “Sleeper”. Pero además, también predominan los pasajes más basados en el glam rock de los 70, creando un disco eclético donde caben desde arreglos de cuerda (“Stick Around”) a psicodelia pura y dura (“Manipulator”), demostrando que crear tantos discos puede ser compatible con mantener un nivel altísimo. Y así es Ty, un pequeño genio que nos sigue dejando grandísimas canciones y discos donde no hay lugar para el descanso, ni tampoco para aburrirse.

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1: The War on Drugs-Lost in the Dream

Son los grandes triunfadores de este año. No cabe lugar a la duda, e incluso en un año en el que la competencia fuera mayor, seguirían siendo los grandes triunfadores. The War on Drugs han preparado un cóctel explosivo donde cabe el shoegaze, la psicodelia y el rock americano de los 80, mirando directamente a Bruce Springsteen para crear una obra de las que persisten en el tiempo y la memoria. Esa manera de combinar viejas cosas conocidas para crear algo nuevo sigue teniendo validez en 2014, y a The War on Drugs les ha salido genial.

 

Creando en torno a la crisis existencial de su líder Adam Granduciel tras la gira de su anterior disco, “Lost in the Dream” es un fuerte reflejos de las emociones del cantante, y ahí es de donde parte del existencialismo de las clases obreras de Bruce Springsteen para adentrarnos en un disco intimista y lleno de sentimiento, potente y directo a nuestras emociones. Cada grito en “Burning” nos hace meternos en su mundo, compartir su sentimiento de vacío existencial. Pero como canciones como “Red Eyes” o “Eyes to the Wind” demuestra el principal punto fuerte del disco: Que es capaz de emocionar sin caer en la empalagosidad barata ni en el drama fácil.

 

Así pues, en Caverna Gráfica nos hemos rendido ante la tercera obra del grupo americano, como la mayoría de medios que de mayor o menor medida se dedican a cubrir el vasto universo musical que nos rodea. Un monopolio indudable de la banda, que llega en un año que podría haber dado mucho más de sí, pero que nos recuerda que las grandes obras siempre están ahí.

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Playlist con las canciones favoritas de Caverna Gráfica en 2014:  Caverna Grafica 2014