Y tiene toda la razón del mundo. Tirar un cigarro a medio fumar, un condón usado, una blasfemia, un escupitajo en la cara. Eso es Hank Moody. Sin esas mierdas nadie en la faz de la tierra podría beberse una cerveza con la conciencia tranquila. Y precisamente es acerca de eso  de lo que trata Californication; cómo la vida se empeña en mearte encima al mínimo chance y, sobretodo, lo doloroso que puede llegar a ser el amar a alguien. Un relato sobre un escritor curtido en la calle y de sus cagadas, una tras otra, hasta el fin de los tiempos. Un cuadro sobre la faceta más cruenta y sórdida del Amor.

Quién  piense que esta serie se resume en un desfile de tetas, whisky y depravación está tristemente equivocado. Hank, al que dará vida David Duchovny , se muda a Los Ángeles desde Nueva York junto a su pareja, Karen (Natascha McElhone),  y su hija, Becca (Madeleine Martin), con el fin de triunfar en Hollywood con la adaptación de su última novela, GOD HATE US ALL, al cine. Pero no todo es color de rosas en una ciudad que no para de regalarle mamadas al envilecimiento y al rock’n’roll. No pasará demasiado para que las cosas se tuerzan; Karen se marchará con Bill, dueño de la revista Hell-A, y la prometedora adaptación cinematográfica de la novela de Hank se convierte en un bodrio de comedia romántica titulada “a little thing called love”. El resultado de lo que parecía un eficiente cambio empuja al señor Moody a un mar de mujeres y alcohol que utiliza a modo de analgésico al no poder resistir el dolor que provoca haber perdido al amor de su vida, su hija y su carrera. Y para colmo, no puede escribir ni una sola palabra.

En uno de sus paseos nocturnos colmados de copas, Hank entra en una librería ebrio de sus ganas de elevar su pisoteado ego viendo sus propias obras. Esto provoca su encontronazo con Mia, una joven atractiva que se encuentra leyendo la última novela de nuestro antihéroe predilecto. Comienza el flirteo. Una cosa lleva a la otra y el maestro del sexo ya tiene a otra víctima para calmar su dolor esa noche –“¿es mejor una mañana de arrepentimiento que una noche de soledad?” –. Pero esta vez no se trata de una víctima cualquiera; Mia resulta ser la hija de Bill bendecida con la tierna edad de dieciséis años.

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La relación que guardan el escritor y Becca es otro de los pilares fundamentales de la serie. Aunque sus problemas con Karen tengan idas y venidas, su corazón siempre pertenecerá a  Becca. ¿Cómo recuperarla a ella también después de una odisea de errores? Hank Moody se prepara para una dura batalla. Recuperar a la chica de sus sueños mientras busca desesperadamente la inspiración que le arrastre a mecanografiar de nuevo. Sin olvidar, claro está, que nadie se puede enterar de que su pene ha estado dentro de la hija adolescente del prometido de su ex, por la que sigue jodida y profundamente enamorado.

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Tom Kapinos es el responsable de que Californication nos regale diálogos ingeniosos, monólogos rotos y unas frases de ligue que ni el último chico del que te encandilaste. Pero sin duda, el mejor regalo que ha hecho a la humanidad es Charlie Runkle (Evan Handler). Agente y mejor amigo de Hank, acompaña al escritor por toda esta senda de autodestrucción con el fin de beber del jeréz que se encuentra al final del túnel. Pese a permanecer como fiel escudero en las aventuras de Moody, Charlie tiene que mantener su vida en pie esquivando la bala más agridulce del erotismo; su secretaria, que además de ser encantadora tiene un excitante lado oscuro sexual. Además, su mujer, Marcy (Pamela Adlon) la pequeña ninfómana grosera depiladora profesional, no tiene ni idea de lo que pasa con su marido y por qué no echan ni un triste polvo desde hace demasiado. Si ningún motivo anterior ha sido suficiente para que no estés viendo el piloto ya, Charlie Runkle lo hará. Por su vicio, por su calvicie y estatura, por su amor incondicional al onanismo.

Esta serie es una oda al lado más apestoso del amor, pero también al jodido rock’n’roll y a Henry Charles Bukowski. La personalidad de Hank Moody está inspirada en el alter ego literario de Bukowski, Henry Chinaski, que protagoniza la mayoría de sus novelas. De hecho, en algún momento de la serie se verá cómo Hank acusa a Bukowski de ser un impostor, como guiño a nuestro viejo verde favorito.

En cuanto a nivel musical, Californication, lleva el puto y maravilloso You can’t always get what you want de los Stones como bandera. En cada capítulo, aparte de recibir el nombre de algún clasicazo, podemos disfrutar del rock de la vieja escuela, que estará sonando de forma casi continua. Por si esto fuera poco, muchos de los acontecimientos de la serie te llevarán a escenarios rocambolescos de Los Ángeles, tanto para bien como para mal –si es que realmente podría llegar a existir ese “para mal” –, como la colaboración de Hank con un rockstar, Atticus Fetch, o incluso un cameo de Marilyn Manson en la sexta temporada.

En definitiva, Californication está muy lejos de ser únicamente una productora de perversión y escándalo, si no al contrario. Normaliza la suciedad de la vida y pone los papeles sobre la mesa; todos pasaríamos por cualquier cosa con tal de recuperar a la chica, lo que sea, ya que la recompensa cicatriza cualquier herida que haya podido producir las mil y una batallas del viaje. Porque al fin y al cabo al terminar el día solo importa eso, el amor que uno da y recibe. Y quien reniegue estará renegando de la vida. Que lance la primera piedra quién nunca haya amado, quién nunca haya follado o que nunca se haya tenido que beber una copa para que el nudo de su garganta se tense.