La llegada del siglo XXI trajo consigo una nueva ola de grupos que, de forma más o menos directa, han encontrado en los años 60 un tótem sagrado del que nutrirse. Como si de una revelación se tratase, en múltiples y dispersos puntos del globo surgen sonidos del garage psicodélico que con tanta maestría ejecutaron Love, The Stooges, The Seeds o 13th Floor Elevators, entre muchos otros. ¿El resultado? Decenas de grupos que han hecho de la nostalgia de reverbs y ácido una de sus principales señas de identidad. Para los amantes de esa década es una gran noticia, ya que dejando a un lado todos esos productos olvidables que surgen cuando un sonido se pone de moda, siempre hay grandes artistas que se elevan por encima del resto para hacer de la antigua ola un nuevo producto, propio y de calidad.

Allah-Las son una de esas formaciones que se cría en Los Angeles y bebe directamente de las fuentes. Amigos de instituto y compañeros de trabajo, varios miembros de la banda coincidieron en Amoeba Music, una de las tiendas de discos más mítica de la ciudad californiana. En 2008 creyeron conveniente dejar de trabajar con música ajena para crear algo propio, aprovechando todas las influencias que habían manejado gracias a su empleo. Como muestra de todo este bagaje adquirido podemos acudir a Reverberation Radio, una dosis semanal que recoge multitud de estilos y épocas y en la que encontramos sus referencias estéticas.

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Su primer trabajo -uno de mis favoritos de 2012-, es útil para comprobar con qué cosas se quedaron a lo largo de dicha experiencia. Su sonido, purista y sin apenas concesiones a alternativas más actuales, les ha granjeado admiradores y detractores a partes iguales. Su música cuenta con una simplicidad extrema, además de un estilo directo y poco amigo de las florituras. No Voodoo, Catamaran o Long Journey son un surtido de grandes canciones, de herencia directa del garage y surf-rock y que desde entonces han mantenido en vilo a sus seguidores en una espera que se ha visto recientemente saciada. Cabe destacar la perfección de sus cortes instrumentales, una de las grandes bazas del grupo y que deja espléndidos momentos en Ela Navega y Sacred Sands.

Worship the Sun, lanzado en septiembre de este año, queda a medio camino entre la renovación y el continuismo. Es un trabajo más irregular que el homónimo de 2012, con más experimentos sonoros propios de una banda que sigue buscando su identidad. Las soleadas playas del comienzo dejan paso, en esta segunda experiencia con los californianos, a unas carreteras sinuosas y llenas de ecos del pasado. De Vida Voz, corte que da comienzo al disco, Recurring o Buffalo Nickel juegan con armonías vocales y guitarras surferas creando melodías pegajosas que tardan mucho en salir de la cabeza del oyente. Además, la ya de por sí difícil tarea de igualar el nivel de las instrumentales del primer disco se ve, cuanto menos, igualada en este intento. Ferus Gallery y, en especial, Yemeni Jade nos muestran dos delicias elegantes y adictivas que ilustran el camino a seguir en el futuro.

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Del atractivo conjunto que nos ofrece Worship the Sun también cabe destacar 501-405, un corto y psicodélico single que poco tiene que ver con el grueso del disco o Better Than Mine, una buena incursión de los californianos en un sonido más country. Es una pena que no se hayan incluido las “bonus tracks” en el LP final, en especial No Werewolf, la enésima genialidad instrumental que, todo sea dicho, es original del grupo de surf-rock The Frantics y que fue grabada allá por 1960. Enmarcada en un ambiente tétrico e hipnótico, la versión atrapa más aún que la original, con una guitarra endiablada que hace pensar que probablemente habría sido un mejor cierre de disco, siguiendo la deriva más espiritual y preciosista de Yemeni Jade y Worship the Sun.

Su mensaje ya está calando hondo fuera de Norteamérica, y sus conciertos se ven cada día más poblados de incondicionales. Como muestra, sólo hace falta ver que su próxima visita a Madrid, el 25 de este mes, ha registrado un “no hay billetes” desde fechas muy tempranas, haciendo que desde la organización se decidiese hacer un segundo pase ese mismo día. No nos lo perderemos.