No sé como introducir a Miguel Noguera. La primera vez que tuve constancia de su existencia fue a raíz de una equivocación. Escuché a un amigo decir: “Eh, ¿habéis probado la nueva droga? Se llama Miguel Noguera”. Obviamente no había dicho eso, pero mi cerebro lo entendió así. A lo que él se refería era a un vídeo concreto, que se titulaba Llamadme Claudia, y estaba protagonizado por un tipo con peluca rubia que aseguraba haberse hecho millonario y famoso a través de anuncios televisivos. Para mi sorpresa, fue un fabuloso descubrimiento, ya que no estaba muy acostumbrado a ver ese tipo de humor tan sorpresivo y pasado de vueltas (quizás podríamos decir que es el paso adelante al humor absurdo de La Hora Chanante). Tirando del hilo, descubrí que el protagonista era el mismo Noguera, y no tardé en adentrarme en el mundo del Ultrashow, el híbrido perfecto entre un discurso, una performance, un monólogo y un predicador loco; donde las ideas del ponente vuelan y se retuercen con una agilidad bastante perturbadora. Bueno, realmente tampoco sabría definir de manera concreta el Ultrashow. Sólo puedo decir que hay que probarlo, ya que igual sí se acaba convirtiendo en la nueva droga.

Pasaste tu infancia en Mallorca y a los 18 años te trasladaste a Barcelona a estudiar Bellas Artes. Después de eso tuviste un par de trabajos como teleoperador y camarero, ¿en qué momento concreto surge el Ultrashow?

Fue en 2004, aunque hasta 2011 no me he podido dedicar profesionalmente a ello. Tampoco tenía la intención de dedicarme a eso. Fue algo que surgió en el círculo de amigos, hasta que se hizo más público de repente, surgiendo así la posibilidad de hacer el libro y lo de realizarlo semanalmente en un teatro. Entonces sí se convirtió en un modo de vida porque pude hacerme autónomo y vivir de esto. Simplemente se dio así.

¿Te aportaron algo los trabajos que tuviste antes de evolucionar el Ultrashow?

No… para mí es el fondo de todo. Realmente si no hubiese tenido la suerte que he tenido sería teleoperador o camarero. Fue el folio en blanco, el magma del que surjo eventualmente. Habría sido administrativo, probablemente. Algo así de teléfonos… por lo que siempre pienso que en el caso de que el Ultrashow deje de ser un medio de vida, ésta volvería a ser mi actividad.

Siempre intentas huir de la etiqueta “humorista”, ¿no es la carcajada el fin último del Ultrashow?

A ver, el Ultrashow se vende como comedia, y la gente lo consume como tal. A mí me resulta gratificante que la gente se ría, ya que si no lo hiciera probablemente la cosa decaería y no funcionaría. Por lo que se puede decir que aparentemente todo es análogo a la comedia, pero para mí existe el problema de que no me concibo como comediante ni pienso en términos de humor. Por eso me resisto a decir de mí que soy humorista, aunque desde fuera se ha utilizado  ese calificativo, que nace de manera espontánea. Es más un problema personal que un problema objetivo, ya que aquel que lea los libros o vaya al show podría decir que es humor. Es, simplemente, una no identificación con la etiqueta humorista, tal como se entiende socialmente.

Noguera 1

Gran encanto del Ultrashow reside en la incertidumbre, tanto para ti como para el propio espectador. ¿Fue incómodo al principio?

Realmente no es todo incertidumbre, porque yo llevo mis cosas y voy utilizando material, así que no es pura improvisación. Aún así, para mí lo divertido es cuando surgen cosas nuevas y aparece algo sobre la marcha. Al principio diría que era más incómodo para el público, con situaciones mucho más embarazosas que ahora. Para mí no lo era tanto porque esos momentos estaban contemplados como posibles, y yo no tenía mucha responsabilidad al hacerlo. La gente normalmente no pagaba una entrada, tampoco se esperaban nada concreto, no sabían que iban a ver… También la gracia estaba en frustrar las expectativas. Yo diría que me pongo mucho más nervioso ahora que entonces. Lo paso mucho peor.

¿Más responsabilidad, entonces?

Es que en cierto modo tu comida y tu casa dependen de eso: de la afluencia de público, del dinero que ganas, de causar una buena impresión… por mucho que tú hagas lo que quieras hacer.

De todas formas, eso forma un círculo vicioso. La gente que va a verte ya sabe a lo que va, mucho más predispuesta en todos los aspectos.

Sí, eso es verdad, claro. Por eso viene gente. En definitiva, al principio era incómodo para mí pero no tanto, ya que era una actividad que no comportaba riesgo, la hacía poco, si no la quisiera hacer la podía haber dejado… En cambio ahora yo no lo puedo dejar. Siempre puede ir mejor, peor o mal. Siempre hay esa incertidumbre y esa neurosis que antes no estaba.

También en un comienzo recurrías en tus Ultrashows al impacto visual. Vestido con un disfraz de Boomer, desnudo…

Sí, ahora ya no. Supongo que es por pereza. Antes también es cierto que era una cosa más singular cada vez que lo hacía. Se espaciaba cada dos meses y había algo más cargado, más intenso a la hora de hacerlo. Ahora yo creo que sobraría, y en cierto modo despistaría. Para mí es más cómodo así. Ha cambiado el clima: ahora es una rutina.

¿No es un poco triste que lo consideres una rutina?

Para mí es una rutina. Con las malas y las buenas connotaciones que ello implica. Hay cosas buenas como que la cosa se diversifica y se hace más rica al realizarla muchas veces, así que ganas en finura. También está la mala de que hay veces que no te apetece hacerlo. De todas formas no es malo, simplemente es como cualquier otro trabajo. Cuando la cosa va bien y conectas con la gente, explicar tu material es gratificante. Realmente son muy pocos los días en los que salgo mal del Ultrashow.

Últimamente te has aventurado fuera de España. Has hecho algunos Ultrashows en Buenos Aires y la acogida ha sido bastante buena.

También es cierto que era un público que conocía de alguna forma el show. Lo habían visto por internet. Yo tenía mis reservas, ya que realmente no sabía qué tipo de gente podía ir. Pero la gente reaccionó muy bien y volví.  Realmente no sé, esto del público se basa muchas veces en gente que ya sabe a lo que va. Aunque hay gente que no, y en este caso es más fácil que no guste. Si no lo conoces de nada, y vas con la expectativa de ver un monólogo al uso puede ser que no te guste en absoluto: es algo más bruto, el texto no está tan limpio, no hay gags claros  cada ciertos segundos…

Siempre has dicho que eres un tipo tímido. ¿Es el Noguera que está en el escenario un alter ego creado expresamente para el Ultrashow? ¿Es un personaje trabajado?

Bueno, no sé. Soy yo hablando en un tono determinado. Normalmente los actores, o la gente que tiene personajes en el escenario se presentan de una forma distinta a lo que son. Es una parte de su persona, más ligada al hecho escénico. Te enfrentas a un público de gente desconocida, que se encuentran a un tipo que habla y de alguna forma está en un ánimo un tanto juguetón. Ese ánimo sí que es propio, es mío. Si yo saliese como estoy ahora al escenario carecería de interés. No tendría nada que ofrecer. Como todo el mundo que sale al escenario, hay un material propio, y puede hablar desde muchas posiciones distintas. La mía es más la del cachondeo acerca de unos contenidos un tanto paradójicos. Una especia de mirada concreta, buscando aliados en el público para que piense “ah, mira, a mí también me pasa“. Hay un tono asociado a ello, que surge naturalmente y que se ha ido enriqueciendo gracias a la rutina. Por ejemplo, ya no empiezas siempre de la misma manera, no gritas tanto tiempo y creas estructuras que nunca antes te hubieses planteado. Todo esto gracias a la repetición de ese estado, no del contenido en sí.

Noguera 3

En cuanto a la repetición y reciclaje de ideas en diferentes Ultrashows, ¿cómo trabajas con ello?

Es parecido a lo que haría un cómico, aunque ellos trabajan por bloques de contenido, que pueden durar más en el tiempo. En mi caso mis bloques son esas ideas, por lo que en cada Ultrashow voy metiendo nuevas, dos o tres, sumadas a las de la semana anterior que fueron bien. Cada cuatro o cinco meses ya se ha renovado respecto a lo que había antes. Como una especie de… troncos egipcios que vas quitando para poner los anteriores. Bueno, en definitiva, es algo que hay debajo de la piedra y que dura más, algunos muy viejos que se van desprendiendo y los nuevos que… algo así.

¿Todas las ideas nacen de cosas cotidianas?

Sí, en general… [Mira su móvil vibrar] Espera un segundo, que me llaman… [Coge el teléfono] Ah, no. No es una llamada. Es esto de que los WhatsApps vienen tan seguidos que cogen la cadencia de una llamada, ¿no?… Bueno, en fin. Para mí, la mayoría de ideas, o en su totalidad, nacen en momentos muy concretos e identificables. Simplemente hay un detonante que es perceptible en cierto modo. No es que haya una clave o un truco en el sentido habitual. Es una especie de mirada que está activa y registra de un modo bastante ceñido lo que ocurre, porque de otra forma se te olvidaría. Es muy natural y así surge el material, no hay nada forzado. Empecé a anotar las ideas en el 2000, antes de pensar siquiera en el Ultrashow. Al estudiar Bellas Artes era una línea de trabajo más, siendo dibujos y anotaciones privadas en el sentido de que eran muy difíciles de comunicar. Momentos concretos en una conciencia concreta. Si yo trato de explicar ese tipo de cosas, la persona pensaría que es algo arbitrario. Al final, todas esas anotaciones se convertían en pequeñas reivindicaciones personales de cosas que yo había captado. La gracia de los primeros Ultrashows era un poco chocar ese material que en principio resultaba un poco “¿qué me estás contando?” e intentar explicarlas. Mi motivación era esa. Ahora se ha desarrollado, la gente entiende lo que digo y espera eso. De alguna forma extraña es lo opuesto al acto comunicativo del principio.

De hecho, una de las claves del Ultrashow es el de hacer las ideas muy visuales a través de la narración.

Sí, suelen tener un peso visual importante. Hay algunas que no, son un pensamiento supuesto que no se puede concebir visualmente. Pero la gran mayoría sí: disposiciones de cuerpos, mezclas, texturas raras… El elemento visual aparece de una forma bastante natural. Muchas veces para darle apoyo recurro a las propias imágenes dibujadas.

 

Hace poco leí un artículo de Jordi Costa sobre ti, con un titular bastante llamativo: “Miguel Noguera: El Ferran Adrià de la risa”. Son llamativos algunos comentarios muy viscerales en tu contra. Gente muy enfadada, realmente. ¿Cómo recibes estas opiniones tan enfrentadas?

Claro, claro. Realmente eso hay que entenderlo como lo que es. Ese artículo está en la sección Tentaciones de El País. Está escrito de una forma muy concreta, y te presenta a un tío que en principio es una especie de revolución en el humor y está haciendo algo nuevo. Obviamente, la primera reacción de la gente ante algo así es defensiva, ya que en cierto modo es muy clasista. A ti te vienen con un “eh, este tío te trae algo nuevo”, y ese enunciado de por sí es como… muy de los cubistas. Por lo tanto, genero rechazo casi inevitablemente. Además, el vídeo… Yo lo tengo bastante claro, hay una parte del público que ante lo que yo hago, probablemente lo único que vean es eso: un tío con unos papeles contando no sé qué historia que se le pasan por la cabeza. Para ese tipo de gente, entiendo que lo que yo hago no tiene cabida ni valor, cuando para otra gente sí que lo tiene. Es una cuestión de afecto a las formas y es irreductible. Tú no puedes decirles que están equivocados o que no han entendido. Lo veo normal. Por eso no me extrañó el alud de comentarios, porque la forma de presentarlo era bastante pretenciosa. Es como decir “aquí está el nuevo Picasso, es la revolución”, y pones un vídeo medio casero de un tío gritando…

Pues hablemos ahora de esa revolución que en realidad no es… Venga Monjas, Pioneros del Siglo XXI, Querido Antonio

[Interrumpe] No los conozco. Ahora niega cualquier relación, ¿no? No sé, no…

Pues estos chicos, como contigo, están siendo englobados en una etiqueta (por muy reacios que seáis a ella) de eso que denominan post-humor.

No sé. No lo recuerdo… Sí, sí. De hecho la invención esa es de Jordi Costa y… no sé. Yo los conozco y con algunos de ellos tengo amistad. En realidad eso viene de ser crítico, de tío que tiene que escribir sobre cosas. De todas formas no es arbitrario, si nos han metido a todos ahí será por algo. No nos han metido a nosotros y a El Canto del Loco. Ahí detectarías una anomalía, así que alguna lógica tendrá. Lo cierto es que las escenas se dan de una manera natural, y yo me he visto dentro sin pretenderlo. Cada uno tiene sus bifurcaciones, asociado a otro ámbitos. Venga Monjas está más cerca de lo visual… pero yo tengo mucha afinidad con ellos y tienen un sentido del humor que hace que nos entendamos muy bien. La afinidad está ahí pero es muy difícil teorizar sobre ello. No se puede hacer un manifiesto que plantee que vemos el arte de una forma u otra.

Aparte de esto, has colaborado en un par de producciones un poco más grandes: ExtraterrestreDiamond Flash. ¿Estás cómodo en el rol de actor?

No es algo que yo busque activamente. A mí si me proponen actuar en algo sencillo… no soy actor. Normalmente es gente de este entorno que te ofrece un papel porque te tienen simpatía y les haría gracia que aparecieras en su película. Siempre estoy luchando contra la risa, eso de fingir que estoy serio… para mí la lucha real es no reírme.

¿No te cuesta más aguantar la risa en Da Suisa o Doctor Beirut?

Realmente no, porque en Da Suisa puedes reírte. La gracia es que todo da igual. No importa nada. Es lo más cómodo que puedes grabar.

Bueno, para finalizar, y pasando del cine a la música…

[Interrumpe] De repente que dijeras: “¿qué sueles comer”. Y que te tuvieras que disculpar porque no hay un link, eliminando cualquier tipo de hilo conductor. “¿Cuáles son tus hábitos alimenticios?”. Oye, estábamos hablando de cine… justifícame donde está el pasaje… Bueno, vale: pasamos del cine a la música.

También utilizas canciones improvisadas en los comienzos de tus Ultrashows. ¿Sale de algún sitio concreto la idea?

Sí, es un tema que llevo un poco aparte. Cantaba en un coro cuando estudiaba en el instituto y durante el tiempo que estaba en la facultad. Esto lo he retomado ahora, he vuelto a otro coro. Es más un hobby que otra cosa. Como tengo bases de canto y de lenguaje musical, lo implanté en el Ultrashow de esta forma, al principio de los shows o intercalado en alguna idea. No hay más.

Noguera 2

(Fotografías de Cynthia Cabañas)