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The Strokes nunca fueron una gran banda. No era una banda creada para encabezar festivales masivos, ni para llenar pabellones noche tras noche. The Strokes son una banda de bar, de club, de sala pequeña donde ver al grupo desde no más de 3 metros y sentir el sudor del cantante cayéndote mientras el grupo se vuelve loco. Puede que The Strokes nunca fueran una banda alocada, pero escuchando “Is This It” trece (¡¡¡Trece!!!) años después sabes para que se hizo este disco.

¿Qué pasó con “Is This It”? El disco llegó en 2001, en una época no muy apropiada para el rock, que se situaba en una especie de limbo del que no había salido tras la muerte del britpop, a pesar de que se habían hecho grandes discos en el género entre 1998 y ese año. Pese a esto, no había salido nada que impulsara a una generación a empuñar sus guitarras y a seguir los viejos patrones. Aún así había sus grupos, como los explosivos The White Stripes, que junto con los propios The Strokes fueron los cabezas visibles del revival que se produjo en los primeros años del siglo XXI.

“Is This It” ni siquiera fue el mejor disco de su año, pero probablemente fuera el más importante para el extraño mundo del rock. Era un disco inmediato, duraba sus escasos 30 y pico minutos y estaba lleno de canciones potentes donde cualquier canción podía ser single. El disco debut de los Strokes fue un exitazo total, porque estaba creado como tal, era un disco para ser un éxito y los números no fallaron. Si bien los singles lanzados no llegaron muy arriba en las listas, se quedaron en la memoria de la gente como clásicos inmediatos. Al fin de al cabo, ¿Quién no conoce “Last Nite”?

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The Strokes se embarcaron en un tour exitoso, encabezando festivales en algunas ocasiones, cuando solo contaban con un  disco en su haber, y ni siquiera tenían canciones suficientes como para dar un concierto medianamente largo. Sin embargo, el éxito les había pillado de pleno y los Strokes fueron catapultados a la cima, anunciados por muchos como lo mejor que le había pasado a la música en años.

La escena musical explotó y el a veces muy mal llamado indie rock resurgió, con un matiz mucho más popular, lo cual, irónicamente, puede ir en contra de sus principios (sobre todo teniendo en cuenta que The Strokes nunca fueron, hasta esta fecha, un grupo independiente). El resurgir de una escena como era la del garage rock fue muy fuerte y ahí tuvimos a los anteriormente mencionados The White Stripes con su “White Blood Cells” y a The Libertines con el “Up the Bracket”, que junto al “Is This It” podrían considerarse los momentos cumbres de esta escena. También por esta época lanzaron sus discos más prestigiosos los explosivos The Hives y los alocados The Vines, llevando la popularidad alcanzada por el género a través del globo.

Sin embargo, “Is This It” fue el principio de una larga agonía para The Strokes, que ya dura diez años. El éxito fue duro para ellos, llegaron las drogas y lalas expectativas por un segundo disco, porque, pese a todo, un disco de menos de 40 minutos era muy poco y todos lo sabían. The Strokes habían sido catalogados como “los salvadores del rock”, pero aún estaba por ver si esta etiqueta era cierta o era solo un invento del imparable hype de la prensa musical, que, por mucho que duela a ciertos ávidos lectores, implica a todos los medios.

En 2003 llegó el segundo disco de la banda, “Room on Fire”, que, si bien es un disco bastante bueno, trajo consigo los primeros grandes problemas de la banda. La falta de originalidad era más que evidente en un disco que parecía una calcomanía con peores líneas de bajo de “Is This It” y se empezó a poner en duda si Julian Casablancas podría ser eternamente el compositor principal de la banda, como había sido hasta entonces. A pesar de conseguir unos buenos números y de contar con canciones potentísimas como “Reptilia”, “What Ever Happened?” o “12:51”, el disco fue un fiasco tras lo que había sido su anterior álbum. Se empezó a poner en duda si The Strokes de verdad valían o si de verdad lo que habían hecho en “Is This It” era todo lo que la banda podía darnos. La cuestión estaba en el aire mientras los grupos de la escena veían también su popularidad disminuida (solo The White Stripes aguantaron el tirón con “Elephant”) y siendo sustituidos por una legión del grupos con predominancia por la música de baile, aunque inspirados en gran medida en los grupos americanos anteriormente mencionados, como son Franz Ferdinand, Kaiser Chiefs o Arctic Monkeys, produciéndose un movimiento de la escena hacia Inglaterra. Además, el surgimiento de nuevos grupos con otras influencias como Arcade Fire o The National contribuyó al desgaste de la escena del garage rock de los primeros años de los 2000.

Este pequeño fracaso (no olvidemos que The Strokes aun eran una banda con una credibilidad y popularidad fuertísima) funcionó como un toque de atención a la banda. Algo debía cambiar en el seno del grupo para evitar el estancamiento y el posible hundimiento de la banda en un mundo musical bastante cruel. Así, con otra mentalidad, The Strokes grabaron su tercer álbum, ese disco que suele suponer un cambio en toda banda y que suele ser el más importante.  Pese a que el peso de las composiciones volvió a caer en Julian Casablancas, se notó más influencia del resto de la banda, entraron nuevos instrumentos a las canciones y el sonido fue alterado para escapar de la trampa de la monotonía.

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“Juicebox” fue el primer single y claro, el hype volvió a ascender ante un tema tan potente. Pero nada más lejos de la realidad, el tercer disco de The Strokes, “First Impressions of Earth” fue un fiasco, un fracaso. Pese a debutar con buenos números, la crítica ya estaba algo harta y las reacciones fueron bastante tibias. El disco era largo, demasiado, sobre todo teniendo en cuenta que sus anteriores discos no llegaban a los 40 minutos y este superaba los 50. El cambio de sonido era incompleto y la ordenación del disco era pésima. El disco arrancaba con tres singles indudablemente buenos (de las mejores  canciones de la banda) para hundirse y morir ahogado en un alargamiento innecesario de un disco al que le sobraba la mitad de las canciones. Un EP hubiera estado muy bien, pero el disco entero no daba la talla. Aún así, siempre nos quedarán las tres primeras canciones, “You Only Live Once”, “Juicebox” y “Heart in a Cage” para hacernos una idea de lo que el disco podría y debería haber sido.

En este punto, año 2006, la situación en la banda era terrible. El mal rollo y la falta de compañerismo eran notables y lo que debería funcionar como un engranaje se caía por sí solo. Los conciertos cada vez eran más mediocres y la tensión llevó a una situación que tarde o temprano iba a ocurrir: The Strokes se separaron temporalmente en 2007.

En el interludio de la banda, pocas cosas notables pasaron. Julian Casablancas hizo un terrible disco en solitario, del que no merece la pena demasiado hablar. Albert Hammond Jr. siguió con su carrera en solitario y Nikolai Fraiture y Fabrizio Moretti se unieron a sus propias bandas. Nick Valensi no hizo nada aparte de un par de colaboraciones puntuales.

The Strokes se reunieron en 2009 para intentar sacar adelante un álbum, pero las ideas eran difusas y no muy claras y las cosas no arrancaron hasta 2010, cuando la parte instrumental de la banda se reunió para darle cohesión a las ideas trabajadas anteriormente y crear un nuevo disco. Sin embargo, la pasividad de Julian Casablancas y la mala relación de la banda hicieron que el proceso creativo del nuevo disco fuera un desastre total.

Así, The Strokes prácticamente entraron en un estado de anarquía total. Julian Casablancas no pisó el estudio y se dedicó a escribir letras sobre las demos y enviar sus líneas vocales por email, sin ver a ninguno de los componentes de la banda. Casablancas se excusó diciendo que quería que el resto de la banda se incumbiera más en el proceso creativo pero la sensación generada no fue otra que simple y puro “estamos aquí por cumplir”. Además, Albert Hammond Jr. faltó a las primeras sesiones en el estudio por sus problemas personales y su estancia en rehabilitación para acabar con su relación con las drogas.

El disco, pese a todos los inconvenientes, salió adelante y se estrelló irremediablemente, prácticamente algo tan pronosticado como el hecho de que “Is This It” sería un disco que haría historia. La producción era mediocre, ninguna canción tenía potencial y parecía metida ahí por rellenar minutos y solo “Macchu Pichu” y la perla que es “Under Cover of Darkness” daban la talla. El resto consistía en un disco lleno de canciones mediocres que te hacían preguntar si de verdad esta banda había hecho aquel magnífico debut.

El sonido cambió, pero otra vez para mal, y en “Angles” te encuentras con 40 minutos de un intento de pop-rock de la new wave, pero destacando lo peor de esta. El autotune estaba presente en todo el disco, las guitarras parecían instrumentos de juguete y el sonido ya no era hortera, que también, el problema es que el sonido era pesado. La artificialidad del disco lo hacía pesado como un ladrillo y solo un par de canciones mencionadas anteriormente salvaban algo del disco, dejando a The Strokes como una banda de singles. Pero ni eso, porque el segundo single, “Taken For a Fool”, también dejaba mucho que desear.

Pero tranquilos, que “Angles”, a pesar de lo que muchos creímos, no era el fin de la constante caída en picado de The Strokes, que ya había empezado 8 años antes. El tour de la banda, encabezando grandes festivales como si de una reunión de una mítica banda se tratara, aportó buenas cifras de asistencia y monetarias a la banda, pero la calidad de los conciertos era, cuanto menos, bastante mala, haciendo gala de la situación de la banda. Muchos vimos a The Strokes acabados en ese punto, pero, aún quedaba más bajón.

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A principios del año 2013 un horror llamado “One Way Trigger” aparecía en la web de la banda. Un intento bastante lamentable de pasarse al synthpop, ayudado por un falsete horrorosamente artificial de Julian Casablancas era la presentación de “Comedown Machine”, el quinto y peor disco de la banda con diferencia. Pese a que la situación de la banda es mejor , el disco es un paso aún más atrás de lo que “Angles” dejó al grupo. Prácticamente podríamos llamarlo un disco de descartes de sus anteriores álbumes, donde hasta el sonido más clásico (“All the Time”) peca de cansino. Aún más artificial y aburrido que su anterior disco, en “Comedown Machine” The Strokes hicieron un disco para cumplir contrato con discográfica y largarse.

¿Es esto el fin de The Strokes? No se sabe, el futuro es incierto, y pese a que en un email a los fans se indicó que la banda volvería este año, Albert Hammond Jr. salió rápidamente a desmentirlo, centrado, como Julian Casablancas, en su carrera en solitario. La nula promoción del disco (ni una actuación en directo, solo un video y un single) han contribuido a que las cifras de ventas y la reacción haya sido nefasta y solo lo hayan levantado su potente y fiel base de fans. ¿Es “Comedown Machine” el agónico canto de cisne de The Strokes? No se sabe, porque pese a parecer que la banda está más que acabada, tienen 3 fechas en Nueva York en un festival en el que también figura Julian Casablancas en solitario. ¿Conciertos de despedida o un nuevo renacer para la banda? El futuro hablará por si solo.