Edward Snowden en la prensa.

Edward Snowden en la prensa norteamericana.

La privacidad en internet no es un privilegio, es un derecho. Parece que esto ya se está olvidando, y sorprende ver la relativa tranquilidad con la que se ha respondido a las filtraciones, en verano de este año, del ya famoso Edward Snowden. ¿Nos están vigilando los gobiernos? Sí, y de una manera elaborada y cuidadosa. El espionaje es ya un hecho, y se han estado produciendo sistemáticamente durante más de seis años.

PRISM es el nombre que se le ha dado al proyecto de elaborado por laAgencia de Seguridad Nacional (NSA). En activo desde 2007, su principal objetivo es el de recabar información de los usuarios a través de las grandes empresas de Internet. Como se puede apreciar en las diapositivas filtradas por Snowden, la inteligencia norteamericana tiene acceso a conversaciones, llamadas, correos electrónicos y localización, entre otros, de gran parte de la población mundial conectada a internet. De hecho, no sólo los norteamericanos están comprometidos, ya que los datos de un internauta europeo pasan, en gran medida, por servidores en suelo norteamericano.

Los troyanos son otra de las herramientas a las que está echando mano la inteligencia estadounidense . Este viejo conocido lleva utilizándose en la red  desde prácticamente el inicio de la misma y su funcionamiento es sencillo: se introducen archivos infectados en ordenadores y servidores de todo el mundo, dando el poder de monitorizar toda su actividad cuando la NSA lo crea oportuno. Se estima que las redes a las que la agencia habría podido tener acceso gracias a este método ascenderían a más de 50.000.

Para Estados Unidos, inmerso desde hace tiempo en una paranoia persecutoria, PRISM es sólo una herramienta necesaria para la lucha antiterrorista. Curiosamente, a lo largo de este siglo se han utilizado los atentados como pretexto para imponer ciertas normas ambiguas e invasivas en pos de la seguridad nacional. Así fue como nació la USA PATRIOT Act, una ley aprobada justo después de los atentados del 11S, donde el congreso daba plenos poderes a la NSA para registrar llamadas telefónicas de “presuntos terroristas”. Barack Obama, lejos de anular los pretextos de dicha ley formulada por su antecesor en el cargo, prorrogó en 2011 los efectos de la misma hasta 2015, creyensa-surveillance-thwarted-attacks.jpeg-1280x960ndo necesarios sus efectos en la lucha contra el crímen.

Detrás de de la vigilancia masiva no sólo trabajan organismos dependientes de gobiernos. Diversas empresas privadas mueven a lo largo del año miles de millones de dólares gracias a la industria del espionaje. Una de las más relevantes, Blue Coat, nació en California y está especializada en paquetes de software y productos de seguridad. Gracias a ellos, el gobierno que contrate sus servicios podrá analizar los paquetes IP que se muevan en sus redes, identificar su contenido y controlar gracias a ello la mayor parte del tráfico on-line. Se han identificado productos de Blue Coat en países tan devotos de la libertad de expresión y pensamiento como China, Rusia o Siria.

Hay multitud de empresas en el sector, entre las que también destacan Trovicor, Hacking Team, Gamma o Amesys. Aunque haya diferencias en el producto que ofertan, la finalidad es la misma. India, Bahréin, Israel, Libia o Yemen son sólo algunos ejemplos de países donde se han podido detectar rastros de todas ellas. Para información más detallada de cada una de ellas, merece la pena echarle un vistazo al informe realizado por Reporteros Sin Fronteras: Enemigos de Internet 2013.

Las grandes corporaciones acusadas de violar la privacidad de sus usuarios; con Google, Facebook, Yahoo o Apple a la cabeza, dijeron en un principio no estar enteradas de los planes del gobierno. Sin embargo, su discurso fue modulándose hasta acabar en el “yo no quería, desde arriba nos obligaron”. Recientemente, las empresas afectadas impulsaron una plataforma on-line que pide al congreso transparencia y buen hacer a la hora de manejar la confidencialidad de los internautas. Está por ver si esta petición es un lavado de cara tras el desprestigio surgido estos últimos meses o si en realidad es un intento real por modificar las relaciones entre las grandes de internet y el gobierno norteamericano.

Snowden, perseguido y demonizado por el gobierno de su país tras las filtraciones masivas, buscó asilo político en veintiún países mientras espera en Rusia . Sólo Venezuela dio el visto bueno a través de su presidente, Nicolás Maduro, que ofreció su país como residencia al extrabajador de la CIA “para protegerlo de la persecución que se ha desatado por parte del más poderoso imperio del mundo”. Estados Unidos ha pedido en diversas ocasiones su inmediata extradición, pero la inexistencia de acuerdos bilaterales entre ambos países imposibilita que se produzca. De momento, Snowden puede quedarse en la Madre Rusia hasta el 1 de agosto del año que viene mientras su “asilo temporal” siga vigente.

Muchos grupos de internautas llevan trabajando en la privacidad y anonimato en red desde hace mucho tiempo. Hoy en día se ofrecen muchas alternativas seguras que impiden el registro o tracking de datos por parte de las grandes empresas del sector y, por lo tanto, de los gobiernos interesados en ellos. Sistemas operativos de código abierto como Debian o Fedora; buscadores que no registran y almacenan tus búsquedas, como DuckDuckGo y Startpage, o navegadores independientes como Tor (con encriptación de IP) y Mozilla Firefox. Además, fundaciones como la Electronic Frontier Foundation informan y luchan para garantizar una confidencialidad real en la red.

Como  tantas cosas anteriormente, internet  genera desconfianza entre los gobiernos del mundo por una única cosa: es libre e independiente. Los pasos que están tomando van dirigidos hacia un objetivo claro: erradicar el flujo de opiniones y disidencia, para así tener un foro de debate cerrado donde todas las ideas puedan ser tuteladas y pasadas por filtros. No es casualidad que algunos de los países más autoritarios, como China o Corea de Norte, no tengan tapujos en prohibir (o limitar radicalmente) una red que puede ser foco de voces que no interesan. Ahora ya no hay duda de que los países que enarbolan las libertades individuales como derecho irrenunciable están tan implicados como los otros, con la salvedad de que sus acciones para coaccionar la web han sido subliminales. La lucha por la libertad en internet nos incumbe a todos. No podemos pasarla por alto.